“Pedro vive entre nosotros”
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Recordando a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en sus ochenta años |
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Ana María Ch. de Holmann
Pocas veces estábamos juntos celebrando el cumpleaños de mi hermano Pedro, ya que doña Carolina, la mamá de mi esposo Carlos, cumplía años el mismo 23 de septiembre, Carlos le decía: “No se preocupe, cuñado, tendremos muchos años para celebrarlo juntos...” Pero no fue así, ella vivió mucho más que Pedro.
Sin embargo su memoria vive entre nosotros y su voz se oye vibrante, pues su mensaje y sus palabras siempre están vigentes, siempre son actuales. A pesar de eso pareciera que no pasa nada, no cambia nada, es como que si el tiempo se hubiera detenido en aquel día en que sus letras y palabras se salpicaron de sangre.
Pedro nació en el mes de la libertad. Libertad que siempre proclamó, señaló la falta de libertad y por eso fue perseguido. Como si fuera una profecía escribió en su editorial, un 15 de septiembre, en honor al Día de la Patria: “Más que un día para los que viven, el día de la Patria es un día de los que murieron. Sobre los huesos fuertes de Andrés Castro, de José Dolores Estrada, de Fernando Chamorro, de Tomás Martínez y de otros compañeros de ellos en su mismo tiempo y en todos los tiempos, está edificada la Patria”.
Pedro no se imaginó, al escribir esto, que sus huesos fuertes servirían muy pronto para edificar junto con los de quienes le precedieron en ese empeño de construir su amada Nicaragua, pero este edificio ha venido y viene aún construyéndose con varios peldaños más para escalar y poder alcanzar el sueño de Pedro Joaquín.
Era su sueño: una República en libertad de expresión, en orden constitucional, en lealtad y respeto entre los poderes públicos, honestidad, alternabilidad, honradez y respeto a las arcas del Estado, todo lo que facilita la gobernabilidad. En fin, una República con instituciones fuertes y estables y lo que lleva beneficio social para todos.
Son muchos los que han soñado con esa Nicaragua y ofrendaron sus vidas con generosidad para que otros, sus hijos y los hijos de sus hijos, obtuvieran una libertad plena en una Patria digna, respetada y admirada por todos. Los pequeños grandes hombres de Nicaragua, como también dijo Pedro de aquellos héroes: “Son hombres generosos que no tuvieron la oportunidad de lograr un San Jacinto, pero que murieron en el intento de hacerlo, o por haberlo intentado”.
Pedro promovió siempre la unidad, como aquellos próceres legitimistas y demócratas: Tomás Martínez y Máximo Jerez, quienes para finalizar la Guerra Nacional unieron sus fuerzas a las que se sumaron las de los demás países centroamericanos, para vencer al filibustero William Walker, a quien habían llamado los líderes del Partido Liberal para fortalecer su lucha por el poder y contra el Partido Conservador. Esta actitud errónea fue reparada por medio del Acuerdo Nacional del 12 de septiembre de 1856.
La unidad no es un “pacto” para favorecer a un líder o a un partido, como se ha venido haciendo actualmente en que se reparten cuotas de poder entre los caudillos, para dominar las instituciones del Estado. Por el contrario, la unidad es para fortalecer estas instituciones en beneficio de la Patria. Ejemplo de esta alianza es el patrón de unidad que Pedro formara en UDEL y sirvió para vencer con el voto a la dictadura sandinista en 1990.
Pedro organizó varios movimientos desde su juventud hasta su muerte según las circunstancias del país, para con ellos unir los partidos, y dar fin a la dictadura y el continuismo de los tres Somoza que subyugaron al país por varias décadas. Fueron más de 30 años continuos durante los que Pedro luchó por la noble causa de restablecer el orden constitucional en Nicaragua, durante los cuales fue víctima de varios juicios, hasta el de acusarlo por “traición a la Patria”, por lo que en su testamento aseguró: “Que nunca fue culpable de los delitos que en diferentes juicios le imputaron a excepción hecha del de rebelión, que no juzga delito alguno, cuando legítimamente, como en su caso, ha venido a representar el ejercicio de un derecho para terminar con la injusticia social, política y económica del régimen de gobierno durante el cual le tocó vivir la mayor parte de su vida”.
A Pedro lo acusaron de rebelión, sí, pero rebelde a todo lo que era y es contra de los principios republicanos, los que atentan contra los derechos del ciudadano; de expresarse, de elegir, en contra de gobernar para servirse del Estado y no para servirle al Estado. Pero eso sigue siendo siempre una exigencia entre los que tenemos una actitud consciente de los derechos y deberes del ciudadano. Nuestra tarea es continuar edificando Nicaragua como Pedro la soñara en aquel día lejano pero lleno de la esperanza en el futuro próspero y cercano de una verdadera República en libertad.
Todos juntos como lo reza Rubén Darío en su llamado a la unidad:
“Oh pueblos nuestros/ oh pueblos nuestros,/ juntaos en la esperanza y en el trabajo/ y en la Paz/ no busquéis las tinieblas/ no persigáis el caos/ y no reguéis con sangre/ nuestra tierra feraz.
La autora es hermana de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

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