JUEVES 23 DE SEPTIEMBRE DEL 2004 / EDICION No. 23581 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




El legado del doctor Chamorro

Hoy estaría cumpliendo ochenta años de edad el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Director Mártir del Diario LA PRENSA y Mártir de las Libertades Públicas de Nicaragua, quien nació en Granada, Nicaragua, el 23 de septiembre de 1924, y murió en Managua el 10 de enero de 1978, asesinado por las fuerzas tenebrosas por haber sido un luchador intrépido e inclaudicable por la libertad.

La vida del doctor Chamorro, como le decía cariñosamente la gente del pueblo, fue fecunda y ejemplar. Maestro de la palabra, debutó en la vida pública con un discurso político apasionadamente democrático, libertario y patriótico, que pronunció en las calles de Managua el 4 de julio de 1944, durante una manifestación estudiantil contra la reelección presidencial del dictador Anastasio Somoza García. Y por eso sufrió el primero de los innumerables encarcelamientos —muchas veces acompañados de golpizas y torturas—, que habría de sufrir durante los siguientes 34 años de su vida.

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue periodista, literato y dirigente político, y en todos los campos en los que actuó brilló como estrella de primera magnitud.

De la clase de políticos que fue el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal ya no hay en Nicaragua: idealista, generoso, solidario, abnegado, dispuesto a dar hasta su propia vida a cambio de la satisfacción de cumplir con su deber de luchar por la justicia, por la democracia y por la libertad.

“No pretendemos poder ni pretendemos gloria”, escribió Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en la proclama que dirigió al pueblo nicaragüense cuando desembarcó en los llanos de Olama, a fines de mayo de 1959, encabezando una expedición guerrillera que pretendía liberar a Nicaragua del yugo somocista. Y agregó: “Aspiramos a ser los mejores nicaragüenses en el ejemplo, dando nuestra sangre para que el árbol de una República, casi seco por la planta venenosa de una familia, retorne al vigor de los tiempos en que producía un José Dolores Estrada, un Andrés Castro y un Emmanuel Mongalo”.

“Frente al pasado, hay que construir el futuro —expresó en otra ocasión el doctor Chamorro—, hay que encontrar fórmulas positivas y concretas para lograr la reforma de nuestro país, a través de una “mente nueva”, de un pensamiento que tenga sus raíces en el verdadero presente de la humanidad. (...) Nuestra moral está en quiebra y hay que restablecerla. La función política en Nicaragua carece de mística y hay que dársela… Necesitamos una moral política, una moral social y una moral económica, para lograr que cesen la violencia, la desigualdad y la explotación”.

Asqueado por la acusación de “traición a la Patria” que le hizo el somocismo, después que fracasó la aventura revolucionaria de Olama y los Mollejones, el doctor Chamorro expresó que: “Yo me esperaba una monstruosidad legal, en las cuales ha sido especialista este gobierno —el somocista—, pero jamás soñé que pudieran llegar a tanto. Traicionar es vender, entregar al enemigo lo propio, pero ofrecer la vida para que el pueblo tenga un gobierno justo y honrado, es ser patriota. Lo contrario de traidor. El traidor actúa en la sombra; el patriota a la luz del día. Aquél tiene por fin la perdición de los suyos; éste pretende su salvación. Me dio un asco inmenso. Sentí desprecio por quienes cegados de un orgullo increíble, trataban de alterar en esa forma el curso de la justicia y de la historia”.

“El que no sabe leer, es como el que no puede ver”, sentenció el mártir al iniciar y encabezar otra gran batalla, esta vez contra la tiranía de la ignorancia, en una campaña de alfabetización que organizó y cumplió exitosamente el Diario LA PRENSA en los años de 1963 y 1964. “El hombre que no sabe leer, es como el hombre que está ciego, privado de un instrumento que es como un sentido, a través del cual se nutre la inteligencia, se sacia el conocimiento y se nutre la vida”, agregó.

“Renunciar a publicar estas verdades sería como renunciar a mi conciencia y eso no puedo hacerlo, aún a riesgo de perder cuanto tengo, incluso la vida”, proclamó el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, y lo cumplió. Su pensamiento, obra y ejemplo son un invalorable legado que dejó a la sociedad nicaragüense.
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