Plantas sanas desde almácigos de campo
 |
|
|
|
En Matagala y Jinotega los almácigos son más utilizados.
|
|
Amparo Aguilera
Para Norman Cruz, docente investigador de la Universidad Nacional Agraria (UNA), no hay productor que en su vida no haga uso de un semillero o almácigo, práctica que permite obtener plantas más sanas.
Explica que un almácigo es un medio adecuado, en condiciones de humedad y de sombra, en el que se establece la primera etapa de germinación de una especie vegetal. De manera que puede establecerse en el suelo o en bandejas.
“Aunque claro, hay unas que lo requieren y otras no”, apunta. Por ejemplo, usualmente el repollo, la cebolla, la chiltoma, los tomates, la lechuga y la papaya, son cultivos en los que más se utilizan los almácigos.
En cambio vegetales como la zanahoria, la remolacha y el rábano casi nunca lo necesitan. “Y en esto, también tienen que ver las condiciones climáticas (porque en climas bastante cálidos no son convenientes, ya que la semilla se quema)”, insiste.
LA PREPARACIÓN
Hoy por hoy los semilleros se preparan en pequeñas áreas de tierra, ubicadas en la misma finca de los dueños del cultivo. Aunque lo moderno, es hacerlo en bandejas generalmente de plástico.
“En el primer caso, el área a utilizarse puede ser de 10 metros de largo por un metro o 1.20 metros de ancho; o de dos metros de largo por uno de ancho, si el material vegetativo es poco”, especifica.
Cruz dice que usualmente el productor realiza en el área una remoción del suelo y levanta un “bloque” de dos metros de largo, con una altura de ocho a 12 pulgadas, en dependencia de la humedad.
Luego elabora, dentro del área cercada, una cama de germinación porosa, mezclando material orgánico (consistente en suelo orgánico de origen vegetal o animal para mantener la humedad y hacer una adecuada distribución de la semilla), previamente desinfectado con agua caliente o algún químico. Hasta entonces es recomendable la siembra de las semillitas a granel.
Después se cubre el semillero con cuatro estacones y un saco de bramante, o con techo de hojas o zacate, para que el aire corra y la radiación solar no caliente el suelo y queme a la semilla.
Pero si el agricultor opta por las bandejas, entonces deposita entre dos a tres semillas en un vasito pequeñito, elaborado con plástico, le agrega tierra y la humedece. La tierra debe ser preferiblemente de suelo franco arenoso o arcilloso, bien preparada a base de una mezcla de tierra orgánica, aserrín, cascarilla de arroz y sustrato.
RECOMENDACIONES
Norman Cruz, docente investigador de la Universidad Nacional Agraria (UNA), recomienda a los productores asegurarse que quien maneja los semilleros, o almácigos, no maltrate las plantas.
En cuanto al riego, aconseja hacerlo cuando la tierra no esté húmeda. “Lo adecuado es utilizar regadera con hoyitos pequeños porque a las semillas hay que rociarlas no encharcarlas con agua, pues se echan a perder”, reitera.
Recuerda que tanto el semillero de suelos como el de bandeja, debe ubicarse cerca del destino de la plantación, para que las plantitas no se dañen al ser trasplantadas.
Usualmente el traslado se realiza entre los 15 a 30 días, según la especie, ya sea por la mañana o por la noche. Pero el último es el más viable porque facilita que las plantas se adapten al clima que les espera.

|