Policías en el banquillo
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Dos policías son acusados por matar a un joven y herir a tres más durante una requisa. Los agentes mantienen que actuaron en defensa propia, pero los familiares de las víctimas aseguran lo contrario |
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Jairo Gutiérrez chavarría muestra su pierna izquierda lesionada por cuatro balazos hechos por la Policía.
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Luis Alemán Saballos
Sergio Saúl Guevara García tiene año y medio de servir en las filas de la Policía Nacional. Desde sus funciones como agente del orden se ha visto involucrado en un sinnúmero de hechos peligrosos, pero no había tenido que hacer uso de su arma de reglamento. Cuando lo hizo, los resultados fueron fatales. Una persona muerta y tres más resultaron lesionadas.
Aunque lamenta el hecho, sostiene hasta la saciedad que su actuación fue la más correcta. “Se trataba de ellos o nosotros”, asegura mientras espera pacientemente la llegada del día en que ha de presentarse ante un juez para responder junto a su compañero de labores, el también policía Isidro Leonardo López Castillo, a las acusaciones por los delitos de homicidio, lesiones y exposición de personas al peligro.
De ser encontrado culpable no sólo será dado de baja de forma deshonrosa, sino que además tendría que pasar varios años en prisión. “Sería un duro golpe para mis aspiraciones, para mi futuro y el de mi familia”, asegura Guevara García.
CONFRONTACIÓN
A Guevara García no le pesa tanto la prisión como el precedente. “Estamos cada vez más frente a un incremento en los niveles de confrontación y falta de respeto, de un sector de la ciudadanía hacia la autoridad policial y eso es preocupante”, reflexiona.
Esa preocupación es compartida por el abogado Gilberth Reyes Báez, asesor legal de la Comisión Permanente de Derechos Humanos.
Reyes Báez discrepa de la actuación policial y lo que él llama “el uso excesivo de la fuerza en contra de ciudadanos que perfectamente pudieron ser detenidos sin el uso de las armas de fuego”, pero descalifica el desafío de los ciudadanos frente a la labor policial.
LLAMADO AL DEBER
El reloj de Guevara García marcaba las 4:50 a.m. del 12 de septiembre, cuando el Puesto de Mando de la Policía Nacional les informó sobre un F - 201 en el sector de la Iglesia de Las Palmas.
“Un grupo de jóvenes está apedreando las casas del sector”, repiten por la radio. Según Guevara, no acudieron al momento porque la patrulla estaba recalentada y podían dañar el vehículo.
“Sólo tenemos una patrulla en el Distrito y no podíamos arriesgarnos”, afirma. Casi 30 minutos después acuden al sector y conversan con una señora, quien confirma que un grupo de jóvenes pasó por el sector apedreando las casas.
La denunciante logra identificar a un muchacho por las ropas que éste usaba. Se trata de un joven vestido con pantalón corto blanco y camisola blanca deportiva, detalla.
Basados en esa descripción, los patrulleros rastrean el barrio Manuel Olivares. Desde una bocacalle observan a varios jóvenes sentados a la orilla de la cuneta. “Era un grupo de ocho personas, observo que hay uno con las mismas características descritas por la denunciante”, por lo que el jefe de patrullas, el policía Isidro Leonardo López Castillo, decide realizar el registro corporal.
EL PROCEDIMIENTO
“Bueno, arriba que los voy a revisar”, fue la orden que dio Guevara García a los muchachos sentados en la cuneta de la acera de los Gutiérrez Chavarría.
Los jóvenes se levantaron y sin decir palabra alguna se dirigieron a la patrulla policial. Guevara García tocó el hombro de uno de ellos mientras repetía: “Ustedes ya saben cuál es el procedimiento”.
El procedimiento es que la persona se ponga contra la patrulla, coloque sus manos hacia arriba sobre el vehículo, abra los pies y se deje registrar.
El registro no se realizó. Uno de los muchachos reaccionó violento.
LA AGRESIÓN
“Me apartó violentamente la mano cuando se la puse en el hombro y me dio un golpe en el pecho, eso es una agresión a la autoridad por lo que tuve que actuar”, relata el oficial.
“Ellos se tiraron agresivamente y sin mediar palabras”, aseguró Guevara García.
El forcejeo duró unos segundos, uno de los atacantes se apoderó de su fusil de reglamento. “No me lo logran quitar porque yo enrollé el porta fusil en mi brazo por lo que no me lo pudieron quitar”.
“Me tenían dominado, eran cuatro contra mí, fue en ese momento que mi compañero realizó un disparo al aire”. Al disparo “ellos como que se asustaron, fue en ese momento que logré recuperar el fusil, entonces monté el arma”, relata el policía.
“Si esa arma me la hubieran quitado estuviéramos muertos los dos policías, en ese momento no sabemos qué tipo de personas eran y cuáles eran sus intenciones. Para mí, su intención era desarmarnos y atacarnos”, explica Guevara García.
El forcejeo continuó. “Vuelvo a ver para atrás y un muchacho venía con una piedra que me la lanzaría a la cabeza... logro cubrirme la espalda, entonces salen los disparos”, relata.
Producto de esos disparos, Jairo Domingo Gutiérrez Chavarría resultó herido de cuatro disparos en la pierna, tobillo y pie. Luego el joven se refugió en la vivienda de la señora Julia Díaz ubicada frente a donde ocurrió el forcejeo.
LA MUERTE
Los disparos cesaron y los agentes logran retirarse unos metros, pero de pronto de la vivienda de los Gutiérrez Chavarría salió don Alejandro Potosme Gutiérrez alertado por los disparos y los gritos que se oían en la calle.
El señor reclamó a los agentes por las lesiones contra su hijo y lo callaron de un golpe. En ese instante también sale de la casa Lesther Gutiérrez Chavarría, quien recibió un disparo en el abdomen, y a pesar de ser sacado del lugar aún con vida, murió en el trayecto hacia el Hospital Antonio Lenín Fonseca.
LA OTRA HISTORIA
Para los Gutiérrez Chavarría la historia es otra. “Estamos sentados en la cuneta, la patrulla llegó violentamente y quieren llevarse a mi hermano, les hablé con manera, pero me agarraron a culatazos, entonces nos opusimos a montarnos a la patrulla”, relata Jairo Domingo Gutiérrez Chavarría, quien recibió cuatro disparos de fusil AK en su humanidad.
Según Jairo, “los policías no tenían derecho de agarrarnos violentamente a culatazos, uno de ellos me puso el fusil en la pierna y me tiró cuatro balazos”, señala. Afirma que jamás escucharon que en el sector se encontraran jóvenes apedreando casas. “Yo le juro que estábamos sentados en la cuneta de la casa de mis padres, no somos vagos, mi hermano que murió era un trabajador y destacado deportista”, argumenta.
Para Jairo, la actitud de la Policía es cuestionable y deben ser castigados los responsables de la muerte de su hermano y por las lesiones que hoy lo mantienen en una cama.
PIDEN CASTIGO
Ese mismo criterio tiene Alejandro Gutiérrez Potosme, padre del fallecido y de dos de los lesionados. “Yo les reclamé a ellos, de pronto me tiran balazos a los pies, pero como no me dan me pegan con la cacha del fusil en la cabeza y me dejan tendido”, afirma.
Cómo murió Lesther es hasta ahora un hecho sin aclarar. Según sus hermanos fue un disparo directo echo por los agentes, pero hay quienes afirman que un disparo impactó en el adoquinado y rebotó penetrando la humanidad del joven.
ESTRICTAMENTE NECESARIO
Según el reglamento de la Policía Nacional, el policía debe hacer uso de su arma de reglamento solamente cuando sea “estrictamente necesario para llevar a cabo objetivos legítimos”.
Para el subcomisionado Sergio Gutiérrez, segundo jefe del Distrito Dos de Policía, cuando un agente es impedido abiertamente por un grupo de personas de cumplir su misión, “en ese momento hay un estado de necesidad, aún más, cuando lejos de no permitirlo, los atacan, hay una situación de estricta necesidad”.
EXCESIVA CONFRONTACIÓN
La Comisión Permanente de Derechos Humanos está preocupada por los niveles de fuerza ejercida por la Policía a la hora de atender un llamado de emergencia de la población.
El último caso registrado dejó como resultado la muerte de un joven y lesiones de bala en tres personas más. “Hay un uso excesivo de la fuerza de parte de la Policía y eso nos preocupa”, asegura el abogado Gilberth Reyes, de la Comisión Permanente de Derechos Humanos.
Según Reyes, la Ley 228 de Policía y el reglamento policial facultan a los agentes a hacer uso de sus armas sólo y únicamente cuando exista una situación racionalmente grave. “Es decir cuando realmente la vida del agente y de la persona que interpuso la denuncia está en peligro”, asegura.
Según el abogado Reyes Báez, los familiares de las víctimas interpusieron la denuncia del hecho ante la Comisión de Derechos Humanos que prometió una investigación profunda sobre el incidente. “Recuerde que hay una vida de por medio y lesiones en tres personas”, asegura.
“Vamos a investigar el actuar de la Policía, tenemos muchas denuncias de uso excesivo de la fuerza de parte de la Policía Nacional”, expresó.
Pero la CPDH también está preocupada por los altos niveles de confrontación que muestra la ciudadanía hacia el actuar de la Policía. “"Vemos con preocupación cómo un sector de
la población obstaculiza el trabajo preventivo de la Policía Nacional y eso es lamentable”.
“Cuando la Policía va a detener a un supuesto autor de un delito, el padre, la mamá, los hermanos, los vecinos interfieren y enfrentan a la Policía y hay que recordar que eso es un delito”, asegura.
Eso pudo haber ocurrido en el caso de la familia Gutiérrez Chavarría, pero Reyes Báez prefiere esperar los resultados de su investigación para determinar responsabilidades.
En el caso de la familia Gutiérrez Chavarría, Reyes cree que los policías debieron evitar al máximo el uso del arma y agotar el elemento persuasivo para evitar graves daños.
DENUNCIAS CONFIRMADAS
En lo que va del año 2004 la Comisión Permanente de Derechos Humanos ha recibido 86 denuncias contra la Policía Nacional, todas por el uso excesivo de fuerza al momento de capturar a un ciudadano. En dos casos se han registrado muertos. El 15 por ciento de esas denuncias fue confirmado como violación a los derechos humanos y los agentes responsables fueron dados de baja.

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