MIéRCOLES 22 DE SEPTIEMBRE DEL 2004 / EDICION No. 23580 / ACTUALIZADA 1:07 am





EL HUMOR DE




Iglesia, ortodoxia y antifeminismo

Conrado Godoy *

La Iglesia Católica una vez más ha reafirmado su posición sobre el tema del feminismo y la homosexualidad en una reciente carta suscrita por el cardenal Joseph Ratzinger, religioso muy cercano a Juan Pablo II y figura de gran poder e influencia en el Vaticano. El documento, previamente sancionado por Su Santidad, denuncia al feminismo actual de ser el impulsor de la idea de que sólo el antagonismo con el hombre permitirá a la mujer alcanzar su propia identidad, “llegando a una rivalidad radical entre sexos, en la que la identidad y el rol de uno son asumidos en desventaja del otro”. El Vaticano es de la opinión que el feminismo intenta introducir en la sociedad la concepción de género, en detrimento de la diferencia antropológica llamada sexo, todo lo cual crea una confusión de funestas consecuencias principalmente en la estructura de la familia.

“Esta antropología que pretende favorecer la igualdad para la mujer liberándola de todo determinismo biológico ha inspirado ideologías que ponen en entredicho a la familia natural compuesta por un padre y una madre, equiparan la homosexualidad a la heterosexualidad y abogan por un modelo nuevo de sexualidad polimorfa”, declara el texto de la carta, recordando que el matrimonio es la dimensión primera y fundamental de esa vocación, rechaza las relaciones concupiscentes y reitera de manera terminante el no al divorcio, indicando que la fidelidad es la base de las relaciones entre parejas.

Aunque el documento es bastante extenso y aborda otros importantes ángulos de este delicado tema, pienso que el párrafo anterior es de importancia capital porque enfoca algunos de los tópicos de mayor controversia que plantea la filosofía del feminismo, en el entendido de que no estamos hablando de un movimiento legítimo encaminado a la conquista y defensa de los derechos naturales de la mujer, sino de una ideología que pretende legalizar los matrimonios homosexuales, desvirtuando la esencia y significado de este sacramento, promueve el aborto como método anticonceptivo y otras aberraciones que de ser legalizadas provocarían una situación muy peligrosa para la estabilidad de instituciones primordiales como son la sociedad y la familia.

La carta del cardenal Ratzinger, no obstante que tiene elogios para la mujer y admite su importante papel dentro de la Iglesia, se opone rotundamente a su ordenación sacerdotal, indicando que “se trata de una práctica destinada exclusivamente a los hombres”. Debo decir que no comparto estas dos últimas reflexiones expresadas en el documento epistolar cardenalicio. En el caso del divorcio, porque considero que el matrimonio es mucho más que un acuerdo de naturaleza sexual. Virtudes como la lealtad, la confianza, la cooperación o la amistad son esenciales para mantenerlo a flote y cuando estos elementos no funcionan la unión conyugal se va a pique. Adicionalmente, es importante recordar que no todos los matrimonios fracasan debido a la existencia de terceras personas. Con relación al ejercicio del sacerdocio, la afirmación del cardenal Ratzinger de que es una “práctica exclusiva” de los hombres, es ciertamente discriminatoria, aunque puedo entender la preocupación del Vaticano sobre la perjudicial influencia que el feminismo radical podría tener en la sociedad una vez que las mujeres alcanzaran el sacerdocio. En este contexto, sectores cuantitativamente importantes se preguntan si realmente son estos argumentos la verdadera causa de tan obstinada oposición de la Iglesia, o si existen detrás de la misma razones que están más allá de la ortodoxia dogmática. Obviamente no tengo una respuesta.

* El autor es periodista
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