Cuentos
María José Zamora
Arnoldistas y sandinistas no tienen más opción que ponerse todos de acuerdo para poder contar el mismo cuento. Los representantes de los poderes del Estado, controlados por Alemán y Ortega, dicen ser independientes de los partidos a los cuales pertenecen; respetuosos de la Constitución; defensores de la soberanía nacional; actuar siempre apegados a derecho y, para colmo, los diputados que hacen lo que les da la gana insisten en ser los representantes del pueblo y saber qué es lo que quieren y más les conviene a los nicaragüenses.
Así resulta que el último guión que este reparto de actores y actrices ha debido aprenderse, es que el Presidente de la República les tira tierra y los insulta injustificadamente y que por ello se sienten muy ofendidos. Sin embargo, están tan interesados en el bienestar y tranquilidad del país, que sugieren un diálogo nacional que permita a todos los poderes del Estado, fuerzas políticas, sociedad civil y no sé cuántos sectores más, llegar a un consenso para así encontrar una salida viable a esta crisis.
La crisis, para estas personas, es sencillamente que el Gobierno insiste en desmontar el andamiaje de la corrupción que sandinistas y liberales arnoldistas tienen armado. Lógicamente esa unidad monolítica, que trasciende ideologías políticas se basa en la complicidad de aquellos que se han enriquecido a la sombra de la corrupción. Ante ese panorama yo opino que el señor Presidente de la República no debe, bajo ninguna circunstancia, dialogar con este grupo de funcionarios públicos, aún y cuando lo amenacen con la cárcel, el exilio o un golpe de Estado. Estoy de acuerdo con lo que se dijo en el Editorial de LA PRENSA del 3 de septiembre, que si los pactistas llegaran a botar al Gobierno de don Enrique Bolaños, “pues más vale abdicar con dignidad que someterse a la iniquidad”.

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