¿Qué es un sistema parlamentario?
Charles Ripley
Recientemente los medios de comunicación nicaragüenses han estado hablando de un sistema parlamentario, el cual reemplazaría el actual sistema presidencial. Sin embargo, cuando hablo con mis estudiantes, la mayoría no entiende las diferencias entre los dos sistemas gubernamentales. Es imperativo que entendamos el efecto titánico que un cambio de este tipo tendría sobre nuestras vidas.
Como sabemos, en un sistema presidencial votamos por un candidato presidencial independiente de los diputados a la Asamblea Nacional. Los candidatos, como Bolaños y Ortega compiten cara a cara.
En contraste, en un sistema parlamentario se vota por los diputados —la rama legislativa—. El partido que gana el mayor número de escaños elige al primer ministro. Si el partido principal no gana muchos escaños, puede hacer alianzas con partidos pequeños para incrementar su poder.
Algunos países tienen este sistema, como Gran Bretaña. Otros utilizan un híbrido de ambos sistemas, como Francia, que tiene un presidente —Jacques Chirac— y un primer ministro -Jean-Pierre Raffarin.
El defensor principal de tal cambio en Nicaragua es Daniel Ortega, alegando que sería beneficioso para el país. Pero como sabemos muy bien el comandante no propone nada sin que sea expediente para su propio poder. ¿Cómo le conviene un sistema parlamentario?
En primer lugar, Ortega ha reconocido que no puede ganar la Presidencia. Derrota tras derrota, junto con las encuestas, demuestran que una porción enorme de Nicaragua le considera deplorable y han forzado a Ortega a reconocer lo inevitable.
Sin embargo, en un sistema parlamentario Ortega no tiene que competir cara a cara. Él puede estar entre bastidores, incluso afuera del país. Además, pueden utilizar otra insignia, como la Convergencia Nacional y hacer campaña con una cara más favorable, como la de Agustín Jarquín Anaya. Pero si gana, los cepillos de la plancha obviamente escogerían a Daniel Ortega como primer ministro.
Además, el cambio al parlamentarismo sería en el interés de Ortega, porque debido al pacto entre él y Arnoldo Alemán, partidos pequeños que son esenciales para la democracia en un Parlamento están excluidos del proceso político. Los sandinistas, por ende, pueden contar con más escaños, aumentando la posibilidad para Ortega.
Los sandinistas, cuando tratan de educarnos sobre el nuevo sistema, no han sido completamente honestos tampoco. Tomás Borge dijo que tal sistema no sería en el interés de Ortega porque un sistema parlamentario limitaría su poder. Esto es falaz. Un sistema presidencial, si se desarrolla correctamente —sin caudillos, sin pactos y sin la votación de diputados a través de “la plancha”— tiene más limitaciones. El Presidente es elegido independientemente y las tres ramas —la ejecutiva, la legislativa y la judicial— sirven como pesos y contra pesos, mientras que en un Parlamento el primer ministro es sólo una extensión de la legislación, electo por el partido mayoritario. El primer ministro intrínsecamente ejerce más poder.
El costo también puede ser un problema galáctico. En un sistema parlamentario hay nuevas elecciones cuando el primer ministro y el Parlamento no pueden llegar a un acuerdo, contrario a las elecciones fijas del sistema presidencial. Italia, por ejemplo, ha tenido más de cincuenta gobiernos desde la Segunda Guerra Mundial. Sabiendo el carácter pugnaz de los políticos nicaragüenses, ¿quién va a pagar y quién va a supervisar tantas elecciones?
En una sociedad el cambio puede ser propicio. Lamentablemente, en este caso, se propone un cambio no por el interés de un país, sino por el interés político de una persona.
El autor es profesor en la UCA.

|