Mes tétrico para Demócratas
Francisco Xavier Aguirre Sacasa
Los últimos treinta días han sido pésimos para John Kerry y John Edwards, los candidatos del Partido Demócrata para Presidente y Vicepresidente de Estados Unidos, respectivamente. Entraron a las primeras semanas de agosto prácticamente empatados en las encuestas con George W. Bush y Dick Cheney, el binomio republicano.
Como resultado de estos sondeos, prácticamente todos los politólogos estadounidenses pronosticaban una contienda tan reñida como la del 2000, cuyos resultados no se conocieron hasta semanas después de que se cerraron las urnas y la Corte Suprema de Justicia falló que Bush había ganado en la Florida.
Pero en las últimas cuatro semanas, las cosas se les han complicado a los candidatos demócratas. Por un lado, Bush y sus correligionarios montaron una exitosa Convención en Nueva York en donde posicionaron fuertemente a su candidato para la recta final de la campaña presidencial. En la convención, Bush recibió el espaldarazo de un impresionante elenco de personajes del firmamento político republicano incluyendo a Rudy Giuliani, el admirado ex alcalde de la ciudad de Nueva York, Arnold Schwarzenegger —el connotado artista de cine y actual gobernador de California— y John McCain, el respetado héroe de la guerra de Vietnam y senador republicano de Arizona. ¡Éste es el mismo senador McCain que encabezaba la lista de candidatos que Kerry estaba considerando para su compañero de fórmula!
Más impresionante —e impactante aún, sin embargo— fue el respaldo que recibió del senador Zell Miller, un demócrata de Georgia que pronunció el discurso central de la Convención Republicana. Miller, un conservador del estado sureño de Georgia, desempeñó este mismo papel en la Convención que nominó a Bill Clinton. Naturalmente, el apoyo que Bush recibió de Miller enfureció a sus correligionarios demócratas, pero la verdad es que fue un golpe maestro político de “W”, como se le dice al segundo presidente Bush para diferenciarlo de su padre.
Después de la Convención Republicana, prácticamente todas las encuestas estadounidenses están mostrando la misma tendencia: Bush está abriendo una importante brecha sobre Kerry entre los votantes. Se debe no sólo a un aumento en respaldo para Bush sino que a un debilitamiento de apoyo para Kerry entre sus propios correligionarios. Además, por primera vez desde que la campaña comenzó, Bush le está sacando ventaja a Kerry entre grupos tan importantes como los “independientes” —la tercera parte de los votantes norteamericanos— y las mujeres, un segmento del electorado que tradicionalmente ha votado demócrata en recientes elecciones. Y esta misma ventaja se está dando no sólo a nivel nacional sino, más crucialmente, en la docena de estados que serán los campos de batalla en estas elecciones. Me refiero a estados como Arizona, la Florida, Ohio y Missouri.
Hasta la fecha tres temas han surgido como los principales en esta elección: el terrorismo, la economía e Irak.
En el primero —el terrorismo— Bush está fuerte. El pueblo norteamericano lo aprueba como dux bellorum o líder en la lucha contra el terrorismo.
Hasta hace unos meses, el segundo tema —la economía— favorecía a Kerry. Estados Unidos se encontraba en recesión y había perdido más de dos millones de trabajos en los primeros 30 meses de la Administración Bush. Pero más recientemente la economía ha estado respondiendo al estímulo que Bush y el Banco Central le han dado —principalmente importantes recortes en la carga impositiva— y ahora se está reactivando. Hay un empate, pues, entre los dos candidatos en este campo.
En cuanto al tercer tema, Irak, Kerry debería tener la ventaja. El tiempo ha demostrado que no había armas de destrucción masiva en Irak, una de las principales justificaciones que dio “W” para invadir a ese país en el 2003. Además, después de haber ganado una guerra relámpago contra el ejército iraquí, las fuerzas armadas estadounidenses se han visto empantanadas en una ocupación cruenta que ha arrojado importantes bajas norteamericanas; hace algunos días el número de muertos norteamericanos en Irak superó un mil.
A pesar de las dolorosas noticias de Irak, Kerry no ha podido capitalizar este tema. Por un lado no ha demostrado tener una posición claramente diferente a la del presidente Bush en cuanto a Irak. Y por otro lado, los republicanos lo han sujetado a una intensa campaña en su contra por su conducta como oficial de la armada norteamericana durante la guerra de Vietnam y por críticas que hizo posteriormente contra su propio país como joven veterano. En lugar de poder enfocar el tema de Irak, la guerra de hoy, Kerry ha estado luchando contra el espectro de una guerra que sigue atormentando los Estados Unidos más de un cuarto de siglo después de perderla: Vietnam.
Todavía faltan seis semanas para las elecciones norteamericanas del 2004, una eternidad en política. Y se dice que Kerry es un buen “cerrador”, un candidato que aventaja a sus contrincantes en la recta final. Pero el Partido Demócrata está visiblemente preocupado por la falta de “tracción” de su fórmula y por el éxito que está teniendo Bush. Si en los próximos 30 días Kerry no logra abrirle nuevos frentes a Bush, como el alto costo de las medicinas y el gran número de ciudadanos que no gozan aún de seguros médicos; si Kery no logra poner a Bush en la defensiva por la manera en que está conduciendo la guerra en Irak, Estados Unidos tendrá lo que reclaman los activistas republicanos: “cuatro años más” para George W. Bush.
El autor fue Canciller de Nicaragua.

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