SáBADO 18 DE SEPTIEMBRE DEL 2004 / EDICION No. 23576 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE





¡Hey, taxi!
Políticos a bordo

Foto  

 

José Adán Silva

¿Lo han visto? Aprovechen ahora que estamos en campaña electoral porque quizás nunca más, o hasta la próxima campaña si tiene suerte, lo veremos subido en un taxi “palpando los problemas de la gente”, a como dice su propio spot publicitario.

Antes de estas elecciones municipales no había tenido el gusto de ver a un candidato político montado en uno de esos carritos coreanos destartalados que sirven de taxis ruleteros en las caóticas calles de Managua, muchos menos “palpando” los problemas de los capitalinos.

Pero bueno, una Alcaldía bien vale una mentira y si ya salió alguien por ahí haciendo proselitismo con los humildes carretoneros de motores de tracción equina, pues era de esperarse que alguien apareciera también con los cada vez más mal vistos taxistas.

La idea no es vana y desde el punto de vista numérico podría resultar de mucho beneficio para acomodar el trasero en la silla edilicia: ganarse el voto de los taxistas implicaría al menos 15 mil votos, a uno por taxi.

Si a esto le sumamos que más del 50 por ciento de los taxis son conducidos por dos personas, en dos turnos distintos, pues sumemos 7,500 votos más; esto sin tomar en cuenta la influencia que podría tener el taxista en los votos de su familia. Pero éstas son consideraciones con poca o nada de lógica científica, puesto que no se ha inventado todavía la campaña perfecta como para atraer todos los votos de un gremio a un candidato, sobre todo cuando los aspirantes al poder se montan a un taxi sólo para filmar un spot de campaña electoral.

Pero aún así, ahí vemos a Alejandro Fiallos haciéndonos creer que al subirse un taxi va a “palpar” las necesidades de los capitalinos. Y no es el único. Hace poco los otros candidatos, el liberal solitario Pedro Joaquín Chamorro Barrios, y la fórmula sandinista de Dionisio Marenco y Alexis Argüello, han sostenido reuniones con cooperativas de taxis para que les ayuden a promover sus figuras y la gran solución ha sido regalarles torretas enormes con sus caras sonrientes y bien intencionadas. Y muchas promesas, por supuesto.

Pero quien ha volado más lejos que los tres candidatos a alcaldes ha sido el jurista Sergio García Quintero, quien pensando en la silla grande de la Presidencia de la República ha decidido lanzarse en una candorosa aventura electoral para las próximas elecciones generales del 2005, con un adusto señor taxista cuyo nombre olvidé no por mala intención.

El caso es que la política ha girado los ojos a este sector de votantes, y con sus cantos de sirenas, gorras, camisetas y demás medios de propaganda los está llamando a votar en sus casillas. No obstante no veo aún alguna propuesta seria para regular el cada vez más caótico transporte público de Managua. Quizás no importa.

Y por supuesto que si alguna crítica deben hacer los candidatos a los taxistas, señalados por la Policía de ser, junto a los buseros, quienes más líos provocan en las calles con al menos cinco accidentes diarios, la harán hasta después de las elecciones, cuando ya no haya necesidad de subirse a un taxi para atraer el voto que les permita acomodar el trasero en la silla edilicia.
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