Coplas populares
Enrique Peña Hernández
Es evidente que las coplas constituyen un valioso elemento dentro del lenguaje popular. Son especiales formas del habla que vigorizan y enriquecen el idioma. El recordado y eminente literato, académico de la Lengua Española, Ernesto Mejía Sánchez, publicó una excelente y documentada obra de coplas nicaragüenses. Hace varios años, el ilustre académico y lexicógrafo D. Carlos Mántica Abaunza, en compañía de otros escritores, dio a la estampa una excelente colección de Cantares Nicaragüenses.
Ofrezco en esta oportunidad una modesta contribución que no figura en ninguna de las dos obras mencionadas.
1) ¡Que se quema el monte! –Déjelo quemar, que la misma cepa vuelve a retoñar.
Cuando los campesinos deciden iniciar sus labores agrícolas, realizan de previo la bota, la limpia y la quema de los terrenos. Cuando se está en plena quema, se suele decir en altas voces la copla transcrita, con alegría y optimismo.
2) En tiempo ´e los apostoles los hombres eran barbaros se subían a los arboles y se comían a los pajaros *(sin tildes)
Indiscutiblemente que la anterior copla es muy original y graciosa. Se dice en las reuniones —oportunamente— para divertir a la concurrencia.
3) En materia galante se han compuesto muchas coplas.
He aquí algunas:
Adiós, mi chinita, mi flor de azajar. Ay platicaremos cuando haiga lugar.
Te voy a hacer una cama con oro, plata y marfil, para que duermas conmigo febrero, marzo y abril.
Adiós, cantarito de arroz, si no me das un beso no me voy con vos 
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