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Fahrenheit 9/11 el documental

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.Michael Moore dinamita con ferocidad la figura de Bush en un documental que pretende mostrar al mundo los conflictos económicos y políticos de Estados Unidos

 

Fabricio Campos

Es polémico comentar un documental de Michael Moore, uno, porque los espectadores nos quedamos sin argumentos frente al collage de imágenes crudas sobre la guerra, y dos, porque este film es para gringos y se impone ante todos. Pero lleguemos a la historia. En esta ocasión, Michael Moore afronta una cuestión que afecta a los centros del poder en Estados Unidos. Fahrenheit 9/11, toma como punto de partida la controvertida elección de George W. Bush en el año 2000 para seguir su ascenso de mediocre petrolero tejano a presidente de Estados Unidos y describir las oscuras relaciones de negocios entre su padre y la familia de Osama Bin Laden, poniendo de relieve que el poder y la riqueza del enemigo número uno de los estadounidenses han aumentado gracias a este vínculo. También se indaga sobre lo sucedido en Estados Unidos después del 11 de septiembre del 2001 y cómo la administración de Bush utilizó el trágico ataque a las Torres Gemelas para su propio beneficio político. Fahrenheit 9/11, “tras más de un año de cuidadosa investigación, ha sido todo un desafío” (cito a Michael Moore).

En Fahrenheit 9/11, se explora la expresión individual del miedo, proyecta cómo los individuos pueden ser engañados por las imágenes televisivas e intimidados por las armas. Se habla del miedo colectivo, de la histeria de masas que el poder logra crear para distraer a la opinión pública de los verdaderos problemas. Como George Orwell escribió en su novela 1984, el líder de un pueblo debe mantenerlo en un estado de temor permanente haciéndole creer que podría ser atacado en cualquier momento, renunciando a la libertad para poder vivir.

Otro punto del documental es que está lleno de elementos nuevos, extractos inéditos, revelaciones y temas de los que nunca se han hablado en los medios informativos de Estados Unidos —nunca hemos oído hablar a los soldados— en el se ve a los heridos, se habla del dolor de las familias. Los espectadores estadounidenses se van a dar cuenta de las mentiras que les han contado. Los abusos y humillaciones a los detenidos iraquíes han salido en la prensa últimamente pero no se han visto imágenes ni se ha visto a los detenidos fuera de las cárceles. Lo que ha pasado es una auténtica vergüenza y ha sido posible desvelarlo gracias a los freelances y a los periodistas que creen en una información completa.

Y es así como Moore, dice, “Cuando empecé esta película, me dije: el público la verá un viernes por la noche comiendo palomitas. Tengo que hacer una película que sea irónica pero que provoque la discusión. Quería hablar de la época en que vivimos y de cómo hemos llegado hasta aquí, y quería divertirme haciéndolo. Hay que reír sobre todo en los momentos difíciles, por eso siempre hay humor en mis películas. En esta ocasión yo he representado el papel serio y Bush ha sido el personaje cómico”.

Y es así que hemos visto el documental como una gran ficción cuando es la realidad que enfrentamos, pero sobre todo un filme que ha causado impacto en la sociedad de un país (Estados Unidos). Define los pilares de esta polémica y controvertida cinta en tres objetivos fundamentales en los que sustentar toda su ráfaga de denuncia: primero, que George W. Bush es un negligente (algo que todo el mundo sabe); segundo, que la invasión de Irak se fraguó para satisfacer los intereses económicos de una oligarquía y nunca en el marco de la lucha antiterrorista, y por último, que el Gobierno manipuló a su pueblo para ir a una guerra.

Como en cualquier documental, las licencias de fondo y forma están sujetas al criterio de aquel que analiza y muestra lo que quiere contar. El montaje, la distribución de las imágenes, los vídeos de archivo, el off y la música utilizada construyen un mensaje que forma parte de una subjetividad que Moore no oculta en ningún momento

Michael Moore no abandona su reconocido enfoque hacia el entretenimiento y la fastuosa narración fílmica, un precepto que amplifica aún más la fuerza de su mensaje, lanzando una heterogénea alianza entre inteligencia para la observación y un agudo sentido del humor cínico e irónico.

Un efecto que se revela en el ejercicio mental de un espectador al que Moore somete a una constante interacción de incómoda visión, devenida del choque que provoca la extraña reacción de humor y tragedia entrelazada en situaciones de surrealismo gracias a la necedad de Bush y a los resultados de tragedias y matanzas. Un cóctel de emociones a medio camino entre la discordancia entre el lado humano de las situaciones y personajes que intervienen a lo largo del documental y los aspectos oficiales del argumento, a los que satiriza con pretensión de delación, desafío y escarnio.

Tal vez el gran defecto de Michael Moore haya sido el de narrar un problema del que en el exterior de Estados Unidos no se ha tenido una venda en los ojos, debido a que el cineasta ha tratado de mostrar a los americanos lo que no pueden ver por televisión. Y eso, fuera de su entorno, produce una sensación de no haber visto nada nuevo. Algo a lo que se une un excesivo metraje, montado de forma veloz por la premura de su campaña contra Bush. En este sentido, su anterior éxito, Bowling for Columbine, resultaba modélico, ya que ofrecía un retrato político más devastador sin necesidad de ser tan discursivo.

De acuerdo, Michael Moore necesita llegar a todos los públicos, especialmente al espectador de su país (donde sin duda su película producirá un mayor impacto que aquí) y abofetearlo violentamente con golpes de efecto si es preciso para conseguir despertar sus conciencias plácidamente anestesiadas.

Una película que es a menudo brillante en su montaje y su apariencia formal, siempre valiente y rebelde en su discurso, divertida y efectiva a un tiempo, pero a la vez simple y manipuladora en algunos (demasiados) de sus pasajes, algo que no deja precisamente en muy buen lugar la capacidad de Moore para la autocrítica o para distinguir lo que perjudica a su mensaje de aquello que le ayuda en su propósito. Quizás Jean-Luc Godard tenía parte de razón cuando declaró en Cannes que “Bush es menos imbécil de lo que Moore cree y él es la mitad de inteligente de lo que se piensa”. A aquellos que se embarcan en cruzadas, sean del tipo que sean, suelen cegarles sus propias obsesiones, y Michael Moore, pese a su brillantez, no es una excepción.

FICHA

Dirección y guión:

Michael Moore.

País: USA.

Año: 2004.

Duración: 123 min.

Género: Documental.

Producción: Kathleen Glynn y Jim Czarnecki.

Producción ejecutiva:

Agnes Mentre, Harvey Weinstein y

Bob Weinstein.

Música: Jeff Gibbs.

Fotografía: Mike Desjarlais.

Montaje: Kurt Engfehr, Christopher Seward y

T. Woody Richman.  
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Fahrenheit 9/11 el documental


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