Y al fin, ¿hubo fraude en Venezuela?
Después que el Secretario General de la OEA, César Gaviria, y el ex presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, principales observadores en el referendo revocatorio que se celebró en Venezuela el 15 de agosto pasado, avalaron sus resultados que fueron favorables al presidente Hugo Chávez, se aplacaron las denuncias de fraude que hizo la oposición y los medios de comunicación internacionales se olvidaron del asunto.
Pero los líderes democráticos de Venezuela no arriaron la bandera. Y ahora, un poco más de un mes después del referendo, la denuncia de fraude vuelve a coger fuerza al conocerse los resultados de una investigación independiente que hicieron dos renombrados economistas: Ricardo Hausmann, de la Universidad de Harvard, y Roberto Rigobon, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, según la cual la auditoría de los sufragios que practicó el Consejo Nacional Electoral de Venezuela habría sido manipulada para favorecer a Chávez.
Según dichos profesionales hay hasta un 99 por ciento de probabilidades de que las cifras de los resultados de la votación fueran falsificadas por los funcionarios electorales de Chávez. Ellos aseguran que las computadoras que se utilizaron para efectuar la votación del referendo “no produjeron los comprobantes de los votos depositados en ellas con anterioridad a la comunicación efectuada al Consejo Nacional Electoral, tal como debió haber ocurrido, y que esa modificación del mecanismo pudo derivar en la ulterior alteración de los resultados. (Además) la labor de la auditoría excluyó de su campo de acción el centro de cómputos, donde ambos economistas creen que se perpetró el engaño”.
Los observadores internacionales encabezados por el ex presidente colombiano César Gaviria, de la OEA, y el ex presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, desdeñaron los resultados de las encuestas a boca de urna que se hicieron a la salida de los lugares de votación, en las que el 59 por ciento de los electores declaró haber votado contra Chávez y 41 por ciento que lo había apoyado. Sin embargo el resultado oficial de la votación que proclamaron las autoridades chavistas del Consejo Nacional Electoral, avalado posteriormente por la OEA y el Centro Carter, fue exactamente al contrario.
En realidad, lo que hicieron los personeros de la OEA y el Centro Carter en Venezuela fue más o menos lo mismo que cuando las elecciones del 25 de febrero de 1990 en Nicaragua, las que perdió el FSLN. En aquella ocasión la dirigencia de la Unión Nacional Opositora (UNO) denunció que el gobernante FSLN había hecho fraude en la elección para diputados a la Asamblea Nacional, pues hicieron un “recuento” de los sufragios emitidos para anular muchos votos de la oposición y validar una gran cantidad de sufragios nulos del Frente Sandinista. De manera que por aquel fraude la UNO perdió cuatro diputados, cuyos escaños fueron adjudicados al Frente Sandinista. “Casualmente” con esos cuatro diputados menos la UNO perdió la posibilidad de sumar el sesenta por ciento de los votos requeridos en la Asamblea Nacional para aprobar las reformas sustantivas que eran indispensables para poder impulsar apropiadamente la construcción de la democracia política, económica y social en el país.
Por cierto que para obligar a la UNO a aceptar el fraude parcial, los observadores de la OEA y el Centro Carter, junto con el observador de Naciones Unidas, Elliot Richardson, esgrimieron en aquella ocasión el argumento de que lo más importante era que los comandantes del FSLN aceptaran el resultado principal de los comicios —de la elección presidencial—, y que si se reclamaba por el fraude en la elección de diputados podrían desconocer todos los resultados y el país se hundiría en una violencia peor que la que había hasta entonces.
Pero aquello ya es historia, como probablemente lo será también el fraude chavista denunciado por la oposición democrática de Venezuela. Es prácticamente imposible que la comunidad internacional acepte y respalde la iniciativa que se maneja en círculos democráticos venezolanos, de que un tribunal internacional con la suficiente capacidad técnica y honestidad profesional analice y verifique los resultados de la votación.
Y ésa sería la única manera de comprobar si hubo o no manipulaciones en los programas de computación como aseguran los economistas de Harvard y Massachusetts.

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