SáBADO 18 DE SEPTIEMBRE DEL 2004 / EDICION No. 23576 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE





Sí, lucen hambientros

Foto  
. De la Hoya y Hopkins

Bernard hopkins luce como favorito para imponerse a Oscar De la Hoya esta noche.

 

Edgard Tijerino M.
Enviado Especial/Las Vegas

Llegó el momento del estallido, de la locura, de la euforia, del fuego y de la sangre.

Oscar De la Hoya está hambriento en busca de algo grandioso: cortar la racha de 18 defensas y carcomer el mito de la invencibilidad del súper púgil de peso mediano, Bernard Hopkins, y demostrarle al mundo del boxeo que, a los 31 años y después de 12 de desgaste, es capaz de ganar un combate tan intenso como los de Espartaco, o el de Máximo frente a la fiera que protagonizó Rusell Crowe.

Bernard Hopkins a los 39 años, aparentemente no tiene tiempo para algo más impactante que derrotar a De la Hoya, aunque no pueda hacerlo con la misma autoridad que mostró contra Tito Trinidad, derritiéndolo como barra de chocolate expuesta al inclemente sol en el desierto. Bernard, un ex convicto de Pensilvania, que encontró en el boxeo la posibilidad de enderezamiento y el pasaporte hacia la grandiosidad, está hambriento por esta victoria.

¿Qué se puede esperar en una batalla entre dos hambrientos, no de fama y fortuna, sino de ir más allá de todo lo conseguido hasta hoy, como si fuera muy poco?

Siempre se puede ser más grande. Esta intención carente de límites, es la que impulsó siempre a Alejandro, el hijo de Filipo de Macedonia.

Esa poderosa arma que es la imaginación, nos permite dibujar lo que pretendemos ver cuando se trata de dos púgiles tan impresionantes.

Una pelea épica, áspera, dramática, de ritmo frenético, de situaciones cambiantes, sin tregua, dejando jirones de la salud en cada instante.

Un prodigio de habilidad y valentía, eso necesita ser Oscar De la Hoya esta noche en el ring del MGM. Sólo con un corazón agitado, el atrevimiento te puede llevar hacia proezas. No es un caso como el de Ulises frente al Cíclope, pero las combinaciones de golpes de Oscar, sólo podrán ser efectivas y hacerse sentir, metiéndose a las brasas.

Movimiento constante, cambio de perfiles y recursos para entrar y salir, firmeza para los amarres, eso debe manejar De la Hoya para poder desajustar o complicar a un hombre de largos brazos, con potente, veloz y certero jab.
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