VIERNES 17 DE SEPTIEMBRE DEL 2004 / EDICION No. 23576 / ACTUALIZADA 02:35 am





EL HUMOR DE




Golpes en la mesa
El adiós de Katia y la cultura

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Alberto L. Alemán Aguirre

Fue una despedida triste, muy emocional, pero el adiós del público a Katia Cardenal fue el que ella merecía.

Katia, indudablemente una de las mejores voces de Nicaragua, una intérprete y autora de composiciones de gran valor lírico, se despidió recientemente de nuestro país para abrir un nuevo capítulo de su carrera y de su vida personal en Noruega.

Además de que las despedidas de este tipo son tristes de por sí, igualmente penosas o más, son algunas de sus razones para irse a la lejana y fría Europa nórdica.

“Nicaragua es muy estresante. Uno como artista se siente frustrado. Profesionalmente es difícil cantar una vez al mes en la Ruta Maya o en La Casa de los Mejía Godoy, o cada seis meses en el Teatro Nacional. Yo quiero hacer más, grabar más”, expresó la artista de 41 años en una entrevista con LA PRENSA.

Lejos de convertirse en una cantante de rutina de un bar —según dice la nota publicada en este diario—, Cardenal desea realizar conciertos donde la gente tome asiento para escuchar, “no para beber guaro”.

Su suerte es la de muchos otros colegas suyos, famosos o poco conocidos. Nuestro país, sumido en una permanente crisis económica y social, no presta atención a la cultura, a la vida artística.

Y no se trata únicamente de que el Gobierno no destine fondos importantes para el desarrollo educativo y cultural; su queja va también contra nuestra actitud como sociedad ante el arte y las expresiones culturales refinadas, ante la necesidad de apropiarlos, disfrutarlos y estimularlos.

He aquí otra de las grandes carencias nacionales, producto de una educación pobre y deficiente.

Es comprensible esa nota de frustración. Difícilmente músicos de gran nivel podrían hacer una carrera a la cual dedicarse por entero en las condiciones del país; poder vivir de una manera digna únicamente gracias a su creación.

En escritos recientes o en opiniones vertidas por algunas personas en la televisión, se escucha o se lee que no es conveniente regresar a la época sandinista, cuando el Estado daba generosos recursos a la cultura y el arte.

Es verdad que muchas de las obras producidas entonces en distintos ámbitos eran mediocres o de dudosa calidad.

Nicaragua, además, no tiene la riqueza de una Francia donde se patrocina aún con generosidad al cine nacional, por ejemplo. Si bien es cierto que surgen filmes de calidad, una buena parte de ellos no logra atraer grandes audiencias por carecer de ella.

A pesar de restricciones y cuotas, Francia y toda Europa —el resto del mundo— observan cómo las salas de cine son llenadas por las producciones de Hollywood, tan adecuadas a los gustos masivos pero no siempre las mejores en mérito artístico e intelectual.

Se oye también que, tomando el ejemplo de EE.UU., la iniciativa privada, empresarial y el veredicto del mercado determinen el éxito artístico.

Sin embargo, es razonable preguntarse si se puede establecer comparación alguna. ¿Dónde está ese gigantesco mercado como el estadounidense con millones de consumidores con gran poder adquisitivo para los artistas nicaragüenses o centroamericanos?

No es previsible que a corto o mediano plazo, el Estado vaya a financiar las artes, pero ...¿es que también puede desentenderse por completo de promoverlas y favorecer su desarrollo?

Todos los ciudadanos deben tener libertad absoluta para consumir los productos culturales que deseen, sean así de la peor calidad.

Pero el gobierno, la sociedad, la empresa privada pueden aportar lo suyo y no dejar morir las expresiones culturales de gran calidad. Ingenio y buena voluntad pueden traer grandes resultados.

Afortunadamente, el adiós de Katia no es definitivo y ella regresará. Nunca la conocí personalmente, pero a ella y a lo mejor de la cultura nacional, únicamente cabe desearles mucha suerte, porque son precisamente parte de lo mejor de un sufrido país.
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