MIéRCOLES 15 DE SEPTIEMBRE DEL 2004 / EDICION No. 23573 / ACTUALIZADA 12:01 am





EL HUMOR DE




Septiembre y octubre, meses complementarios

Guillermo Rothschuh Tablada*

Si septiembre -por razones políticas- es el mes de la libertad. Octubre —por razones culturales— es el mes de la hispanidad.

Si septiembre tiene como escenario la trinchera y como protagonista a un militar, octubre tiene como escenario ese interminable muro de anaqueles y libros que acumularon los siglos y que sólo tiene como protagonista ocular al escritor. Esos ojos sin luz —borgianos— que sólo pueden leer en la biblioteca de los sueños.

Si septiembre tiene al general José Dolores Estrada —sin la tentación del uniforme— octubre posee al poeta Rubén Darío, el maestro de la diversidad.

Septiembre es el mes de los claros clarines y octubre el silencio profundo en que la noche envuelve la terrena ilusión.

Septiembre es la marcha destructora y octubre el paso constructivo. Es el orden y la aventura disputándose sus propias prioridades, porque la disciplina de los tercios españoles no es igual a la de los tercetos florentinos.

Septiembre está más cerca de los clanes indígenas que de las castas militares: Diriangén. Y octubre más cerca de los griegos que de los latinos: Platón. Por eso Estrada surge de la gleba y Darío desciende del Olimpo.

Bajo el radiante sol de septiembre marchan —con sus doradas piernas— las muchachas en flor y entre el octubre nubloso baja vestida de blanco la virtual Juno: la diosa argiva, de ojos de novilla y de blancos brazos.

Si en septiembre nuestra juventud marcha con lustrosas botas y brillantes charreteras, octubre nos muestra sus frágiles sandalias, y sus inmaculadas túnicas, —el blanco peplo que al levantarse vista la olímpica aurora—.

En septiembre Nicaragua obtiene su verdadera identidad, su nacionalidad y en octubre Nicaragua entra por la puerta de la cultura al palacio de la universalidad.

En septiembre —en nombre de la Patria— el suelo se empapa de sangre y en octubre, en nombre de la raza, se mezclan otras sangres para que nazcan otras culturas y otras razas: la cósmica de Vasconcelos o la de Bronce de Arguedas. Septiembre es antorcha y octubre crisol.

En septiembre muere el coronel Byron Cole en los potreros de San Ildefonso, y en octubre nace el poema al Almirante Cristóbal Colón, en los reales salones de Madrid.

En septiembre hay tropas y rangos, en octubre la tropilla de las nueve musas, nada más.

Septiembre confrontativo, los conservadores siguen sosteniendo que la batalla fue victoria sectaria o partidaria, mientras que octubre llama a la unidad nacional y continental: únanse, secúndense, tantos vigores dispersos, decía el maestro de todas las Españas.

Septiembre es la Bandera Azul y Blanco de la nacionalidad, octubre es la suma de muchas banderas, prueba de su universalidad, por eso nuestro primer héroe militar nacional es el general José Dolores Estrada y octubre tiene como primer héroe civil, universal, al poeta Rubén Darío.

En septiembre la caballería de Patricio Centeno y en octubre los Centauros de Quirón. Chapiollos de duras crines y pegasos de alas grandes.

Septiembre es el laurel de la guerra y octubre el olivo de la paz.

Septiembre fue el encuentro entre dos bandos militares: entre el blanco y el nativo. Venció el nativo y el blanco, con su programa racista se marchó. Octubre fue el encuentro o encontronazo cultural entre dos razas: el blanco y el nativo.

Vencedor el blanco, se quedó y racialmente se mezcló.

Bajo la llama de septiembre se maldice a los norteamericanos Walker, Marshal y Henningsen, y bajo el halo de octubre se exalta a los norteamericanos, Whitman, Poe y Emerson. Los walkerianos devienen en intervencionistas o imperialistas. Song for Wal Street y los whitamanianos se transforman en verso libristas o autonomistas, Song of my self.

Dice el mestizo Darío: ¿Hay en mi sangre alguna gota de África o de indio chorotega o nagrandano? Pudiera ser a despecho de mis manos de marqués. Las heridas de los hijos de San Jacinto salpicaron los guantes al nieto de Aranjuez.

Los hijos de septiembre nunca leyeron a Clausewitz ni nunca los mestizos estudiaron a Gobineau. Sin embargo, septiembre tiene su general y octubre su capitán: “¡Oh capitán! Mi capitán, levántate y escucha las campanas. Por ti clama la muchedumbre, a ti se vuelven los rostros ardientes”.

Resumiendo, entonces obtendríamos que José Dolores Estrada es el primer héroe de nuestra nacionalidad, y Rubén Darío el primer poeta de nuestra hispanidad.

Estas comparaciones o contradicciones, más que un juego literario o ejercicio de aula, son hitos para que el que recorriendo los caminos de la Patria se esmeró en legarnos sus imborrables huellas personales. Tal es el caso del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien vivió a la plenitud —en cuerpo y alma— estas dos fechas tan importantes en la historia de Nicaragua.

El doctor Chamorro dice en el Diario de un preso:

“14 de septiembre 1959. San Jacinto se llamaba una de la columnas de nuestras fuerzas revolucionarias. Y otra se llamaba precisamente José Dolores Estrada”. Y luego, en otro texto recogido por el poeta Cajina-Vega agrega: “12 de octubre de 1977 fui con mi esposa Violeta a recibir el primer premio, obtenido en el certamen literario Día de Cultura Hispánica”. Las obras literarias premiadas fueron: Cuentos negros y Tres cuentos blancos.

Así pues, a dos grandes efemérides vino a sumarse una más: la del 10 de enero de 1978. Cuando el doctor Pedro Joaquín Chamorro supo tomar a su debido tiempo, tanto la carabina del general José Dolores Estrada como la lira del poeta Rubén Darío.

* El autor es académico de la Lengua. Tomado de su libro Mitos y mitotes.
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