Opinión económica
Indicadores sociales
Marlon José Navarrete E.
Los indicadores sociales son el reflejo de los esfuerzos de crecimiento y desarrollo de la inversión que un Estado realiza dirigidos hacia los sectores vulnerables y pobres, sobre todo en nuestros países subdesarrollados y atrasados económicamente.
En 1960 el 84.3 por ciento de la población trabajaba en el sector agrícola y tenía un ingreso mensual de siete dólares, es decir un sueldo de 160.58 córdobas al mes, asimismo la alimentación básica requería de 8.16 córdobas por persona por semana. Pero las necesidades reales de alimentación básica eran de 3.89 córdobas por día en la mujer y 2.56 córdobas en un niño, lo cual en una familia promedio de seis miembros en esa época era de 17.67 córdobas por día. Pero con un ingreso mensual de 160.58 córdobas en realidad necesitaban 530.10 córdobas sólo para satisfacer necesidades alimenticias, como vemos el ingreso anual de 1,927 córdobas no cubría ni siquiera la alimentación básica. Esto era en esa época un ingreso de 150 dólares anuales.
En 1975 el producto interno bruto llegó a ser de 1,100 dólares per cápita y en 1977 el crecimiento de la economía fue de 7.5 por ciento, incluso más que el de Estados Unidos ese año. El país tenía un crecimiento estable y progresivo.
En 1979 debido a la insurrección y la guerra la economía cayó en un 27 por ciento, posteriormente la revolución trajo una caída en las inversiones privadas y se dio una gran fuga de capitales al imponerse una economía estatizante y dándose una espiral hiper inflacionaria.
Por esto el Producto Interno Bruto siguió sufriendo un continuo deterioro de 733 dólares per cápita en 1980 a 430 dólares en 1990 y 437 en 1995 para situarse aún hasta hoy en menos de 500 dólares per cápita, con todo esto se deterioró también el gasto social.
El gasto social per-cápita en 1979 era 109 dólares, cayendo paulatinamente a 47 dólares en 1987 y a 38 dólares en 1988, recuperándose un poco con el cambio de gobierno democrático a 64 dólares en 1994 pero cayendo de nuevo a 50 en 1997 para situarse a poco más de 69 hoy. Costa Rica y Panamá tenían en 1997, la cantidad de 200 dólares de gasto social per cápita.
Observamos que el gasto social en plena revolución era el 18.20 por ciento del presupuesto general y 81.8 por ciento del presupuesto lo absorbía el gigantesco e improductivo aparato estatal y de éste el 45 por ciento era para gasto militar comparado al 10 por ciento en 1979 con Somoza y al 15 por ciento en 1960.
Por último el nivel de pobreza en 1979 era de 63 por ciento, en 1985 era de 64 por ciento y para 1993 era de 68.3 por ciento llegando de nuevo al 2003 en un 82.1 por ciento.
Conclusiones:
1. El porcentaje de población, que por debajo de la línea de pobreza vive menos de un dólar al día, sigue igual que hace más de 40 años, oscilando entre el 82 por ciento al 84 por ciento.
2. Aunque el PIB tuvo gran mejoría en una época el gasto social caía de manera progresiva al igual que el nivel de vida de la población.
3. La revolución sandinista no fue capaz de transformar esta realidad y ningún gobierno ha reducido la pobreza.
4. El gasto social per cápita no va a aumentar sin un previo aumento del Producto Interno Bruto y no habrá aumento del PIB si primero no hay producción para aumentar las exportaciones y las recaudaciones, pero no habrá mayor producción si primero no hay mayor inversión tanto privada como estatal y no habrá inversión si primero no hay voluntad política, así como garantías de seguridad para la inversión. Al igual que no vendrá inversión sin un plan de gestión y atracción de capitales. En pocas palabras sin crecimiento económico no habrá mejoría en el gasto social ni se reducirá la pobreza extrema de las mayorías.
5. Crear más impuestos en estas condiciones sólo aumenta más la pobreza.
6. El sector social ha sido uno de los más abandonados en los planes económicos por la insensibilidad de los más abandonados en los planes económicos por la insensibilidad de los gobiernos y los políticos.
7. Los avances en las metas de macroeconomía no van armonizados con el poder económico adquisitivo de los hogares.
¿Hasta cuándo Nicaragua esperará una respuesta digna y decente de sus hijos?

|