Reflexiones en los días de la Patria
Migdonio Blandón*
En la celebración de los comúnmente llamados días patrios, bajo los rayos fulgentes del sol de septiembre, si se ha captado el sentido de Patria amándola en verdad, con los desfiles estudiantiles en que el sol brilla mucho más. Si dignamente se ha vivido, vuelven con las remembranzas pasadas las frustraciones de ideales perdidos que pudieron antes haber sido, pero que bien podrían ser, ya que si se han sabido captar el tiempo no es capaz de borrar.
Vale la pena dar gracias a Dios que nos permite su conmemoración gloriosa, la que no sólo debe memorizarse, sino que con cívicas y positivas actitudes contribuir a darles el brillo que ameritan y reconocer el privilegio de haber nacido en Nicaragua. La que sin menoscabo a ningún otro país, al estar ubicada en el centro del nuevo mundo, también por privilegio especial al ser dotada de potencial riqueza, es el digno corazón de América.
Los colores de su bandera de hecho son el símbolo completo de su majestuosa grandeza. Las dos franjas azules, podría decirse que son el mar y el cielo, que sin tempestades ni borrascas posibilitan la comunicación global. La franja blanca central simboliza el acogedor blanco de todo el que con amor y paz a ella quiera llegar. Por mala ventura funcionarios ególatras y politiqueros fanáticos, no saben darle la debida prioridad.
Dios quiera que en estas fiestas patrias las vergonzosas experiencias últimamente vividas, los responsables de las mismas se den cuenta del daño que hacen al país, el que a sus familias y a sí mismos tarde o temprano les llega y recapacitando tengan el valor de rectificar antes que sea demasiado tarde; y que también el pueblo al despertar de la apatía, aspirando oxígeno de ética y civismo con amor patrio corrija tales desmanes.
Si tal despertar se lograse y cada quien desde su ubicación cumpliese su deber ciudadano, en lo que de hecho le compete, muy a pesar del tiempo que desde la independencia a la fecha, por los múltiples errores del pasado y del presente, se ha perdido, con decisión y civismo, no sólo se recuperaría gran parte de lo perdido, sino que realmente decididos a lograrlo, podríamos salir del subdesarrollo y proyectarnos con éxito al futuro.
Da gusto ver a vendedores ambulantes en centros comerciales y semáforos ofreciendo a transeúntes y conductores de vehículos cantidad de pequeñas banderas azul y blanco. Los fabricantes de dichas banderitas, con el éxito que se merecen en dicho negocio, de cierta manera dan realce a las fiestas patrias. Dios quiera que al ondear nuestra bandera en autos, casas y calles se despierte en toda la ciudadanía el amor que a la Patria se le debe.
Debemos saber que estamos en deuda permanente con nuestros próceres. Muchos de ellos por la Patria entregaron incluso sus vidas. La lucha por la independencia y la libertad con dignidad y coraje cívico debe continuarse para que, erradicándose definitivamente el filibusterismo criollo de la politiquería sectaria, sea realidad la Patria grande soñada por nuestro gran panida Rubén, que compartiéndolo, esperamos en el futuro sea realidad.
* El autor es miembro de Eduquemos

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