El fantasma de Valdivieso
Róger Fischer S.
Después de la presentación de mi libro de cuentos Querés, querés que te lo cuente otra vez, en el Teatro Municipal de León, nos reunimos unos amigos para conversar sobre distintos temas que están en la agenda del comentario diario.
Un viejo amigo, católico ferviente, externó sus inquietudes, también vertidas por sacerdotes en las que se manifiestan contra caricaturistas: “que juegan contra algunos símbolos y los irrespetan”. Carlos por su parte, no estuvo de acuerdo y respondió: “Quienes juegan con los símbolos y más no son los caricaturistas, sino algunos pastores que han hecho de la Iglesia una cantera para obtener prebendas, riqueza y poder material, en contraste con la humildad y amor de Cristo. Ellos sí juegan con los símbolos católicos y con nuestra fe. “Eso siempre ha ocurrido”, terció Chico Ché. “Los curas son hombres y tienen sus debilidades. Lo que Nicaragua necesita es evolucionar y no andar involucrando al Cardenal en todo. Nosotros somos los culpables, pues los jerarcas se ven obligados a meter sus narices en cada momento de la vida nacional. Eso no pasa en Costa Rica, ni en Honduras, ni en El Salvador que están a la vuelta de la esquina. Aquí, además de los poderes que tenemos, como si fueran pocos… todavía queremos tener el poder eclesial…”, cerró, también a tambor batiente, Francisco José.
Escuché las viejas campanas de la Catedral Metropolitana mientras la conversación subía y bajaba de tono. Será, pensé, que los nietos de Pedrarias nos salaron para siempre y el fantasma del Obispo Valdivieso aún ronda en nuestro destino. “Mirá”, escuché a Carlos decir, ya de nuevo en la palestra: —A propósito de poder, Daniel no es ningún dundo, él sabe del peso que tiene la Iglesia Católica y su aproximación a los purpurados no es obra de la casualidad. Esto ha sido totalmente planeado. No te asustés si en su fórmula presidencial aparece una figura como la del actual Presidente del Poder Electoral. “Tiene lógica”, respondió Chico Ché. “Y ya van cuatro poderes”, continuó en son de broma. “El poder de Daniel, el Poder Electoral, el poder del Cardenal y el poder de comer que tiene Roberto…”
“Eso me suena parecido a la fórmula: Eduardo-Herty”, enfatizó Flavio. Y continuó hablando: “Los dos tienen carisma, lo que no sabemos es qué partido los puede respaldar, pues el PLC anda entre la María Fernanda y el hijo de Panchito Aguirre”.
“Acordáte que es leonés”, señaló Carlos, “y de pura cepa. Nosotros los leoneses nos debemos apoyar en Francisco Javier Aguirre Sacasa, su curriculum es impresionante como banquero, es hípico y fue Ministro de Relaciones. Él dice que nunca se hizo yankee”. “Eh, y dónde dejás a la María Fernanda, también leonesa por los cuatro costados”, apuntó Chico Ché… “Y dicen algunos que tampoco es ciudadana norteamericana… aunque le puede pasar como a Haroldo cuando era precandidato, a lo mejor le sacan el certificado USA y se le acaba la candidatura”. “Ve man — habló Carlos— no toquemos avisperos. Recordá cómo está la cosa y que Haroldo hasta con la justicia es lechero”.
Flavio, quien nunca ha tenido mucho sentido del humor, pidió que habláramos de cosas serias: “Y vos creés que no es serio lo que estamos comentando. Si en este país todo es serio, hasta una servilleta de papel, una mala mirada, un cierre de ojo… el colmo es que hasta el humor en la caricatura es cosa seria”, ripostó Chico Ché.
“Vean — dijo con toda calma el mesero que nos atendía en El Sesteo— no es el país, no es Nicaragua, así que no le echemos la culpa a esta sufrida Patria. Somos nosotros quienes hemos fabricado caudillos durante toda nuestra historia. Ayer no podíamos vivir sin Zelaya, Chamorro o Somoza, hoy estamos peor que nunca, con dos caudillos al mismo tiempo y en un laberinto legal que tiene secuestrada a nuestra República”.
El mesero calló, yo sólo atiné a responderle: “Es cierto amigo, pero también es cierto que a pesar de la crisis tenemos libertad de prensa, libertad de palabra, libertad de locomoción, libertad de cátedra, libertad sindical, libertad de comercio y libertad religiosa. Todas estas libertades estimulan nuestra dignidad ciudadana. Y por favor recuerde una cosa y es que la libertad de conciencia nos va a permitir en las urnas electorales sacudirnos para siempre el caudillaje o por el contrario, vivir en él si éste fuere desgraciadamente nuestro único y dramático destino histórico...”
El autor es publicista.

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