LUNES 13 DE SEPTIEMBRE DEL 2004 / EDICION No. 23571 / ACTUALIZADA 02:45 am





EL HUMOR DE




El mundo post-9/11: el futuro es incierto

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. Después del 11 de septiembre del 2001 el mundo cambió. Estados Unidos invadió Afganistán y luego Irak. Con Madrid, el terror llegó a la vieja Europa. Está claro que ningún país está libre de ser objetivo del terror.Ante ello, sólo cabe una mayor cooperación mundial

Infantes de marina tratan de protegerse del fuego de las milicias iraquíes, mientras intentan salvar a esta mujer herida en un combate durante su avance hacia Bagdad. Bush ordenó la invasión a Irak en marzo del 2003.

 

Teresa Sánchez Vicente
EFE-REPORTAJES

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La respuesta al 11 de septiembre por parte de los estadounidenses se tradujo en un patriotismo exacerbado que se trasladó a las calles. Un ejemplo de ello es que aumentó la venta de banderas: los populares almacenes Wall-Mart llegaron a vender hasta 88,000 ejemplares cuando lo habitual eran unos 6,000.

A la vez que aumenta el patriotismo crece el miedo de los ciudadanos: cualquier lugar es susceptible de sufrir un atentado terrorista. Se dispararon las ventas de antibióticos contra el ántrax, miles de personas acudieron al psiquiátrico por problemas de angustia e insomnio, algunos adquirieron máscaras antigás y hubo quien decidió construir refugios en los sótanos de sus casas.

El coste de la tragedia superó los 40,000 millones de dólares, la aportación más elevada de la historia de los seguros (se incluyen además de las pólizas de seguros, las compensaciones y el dinero que las empresas debieron abonar por la interrupción de seguros).

Los analistas económicos creen que, a tres años de la masacre, aún no se ha recuperado del todo la economía mundial. Para agravar la situación los terroristas realizaron otro atentado, esta vez en Madrid, el pasado 11 de marzo y este verano se ha dejado sentir una gran crisis petrolera que hace aún más difícil la recuperación económica.

Además se temen nuevos atentados y el FBI ha logrado, a pesar de sus esfuerzos, poca información sobre los métodos de financiación del grupo terrorista Al Qaeda, según se desprende de un nuevo informe de la comisión oficial que investigó los atentados del 9/11 en EE.UU.

“No puedo pensar ahora en el futuro, estoy demasiado triste, pero creo que Bush tiene que tomar represalias porque el atentado ha sido demasiado terrible y supone un ataque contra el mundo entero”, afirmaba la mexicana Belinda Ramos, en Union Square, el día después del atentado que hizo temblar al mundo.

El Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, tras los atentados decidió emprender una guerra contra los artífices del 9/11.

El problema estaba en que ningún país había atacado, sino un grupo de terroristas de diferentes nacionalidades. Estados Unidos decidió entrar en Afganistán, cuyo régimen estaba gobernado por los talibanes, para capturar a Osama Bin Laden, escondido en las montañas afganas.

BIN LADEN, VIVO O MUERTO

El ejército estadounidense entró en Afganistán el 7 de octubre del 2001, 26 días después del 11 de septiembre. La Operación Libertad Duradera se realizó con el apoyo de una coalición internacional formada por el Reino Unido, Alemania, Francia, Canadá y Australia, a los que se unieron, de forma sucesiva, países como Francia, Alemania o Japón.

Dos meses después, el 6 de diciembre, los talibanes anunciaron que se rendían y que entregaban la ciudad de Kandahar, el último bastión que resistía la ofensiva aliada. Se elige como primer ministro a Hamid Karzai y se derroca al régimen talibán, los estadounidenses encarcelan a los talibanes en la prisión de Guantánamo (Cuba).

Sin embargo, casi tres años después del comienzo de la Operación Libertad Duradera, el líder de Al Qaeda, Bin Laden, continúa en paradero desconocido y el país afgano se encuentra sumido en un auténtico caos.

El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y otros altos funcionarios estadounidenses, han expresado su preocupación por el crecimiento de la actividad ilegal vinculada al opio en Afganistán. Bajo el régimen talibán, derrocado por EE.UU. la producción y el tráfico de opio estaba rígidamente reglamentado por el Gobierno de Kabul, pero desde la invasión estadounidense, en algunas regiones del país asiático los cultivos de amapola y el contrabando de opio se han convertido en fuente de fondos para los caudillos tribales.

La situación es de confusión total. La organización no gubernamental Médicos sin Fronteras anunció su retirada de Afganistán tras el asesinato de cinco de sus trabajadores por parte de los talibanes.

Los problemas no se quedan ahí. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha anunciado su preocupación por una epidemia de leishmaniasis en el país, particularmente en su capital, Kabul, donde ya se han registrado más de 67,000 casos.

“Si no se actúa de inmediato, la epidemia actual amenaza con desembocar en una situación incontrolable”, advirtieron portavoces de esa agencia de las Naciones Unidas.

Desde el derrocamiento del régimen integrista talibán el número de militares norteamericanos muertos en Afganistán se eleva a 60. Y en Irak, el otro país invadido por EE.UU. después del 11 de septiembre, los muertos están siendo más de los esperados.

LA INVASIÓN DE IRAK

La madrugada del 20 de marzo del 2003, Bush envió sus tropas a otro de los países integrados en el “eje del mal”, Irak, para derrocar el régimen dictatorial de Saddam Hussein que, según Estados Unidos e Inglaterra, poseía armas de destrucción masiva. Hasta hoy, no han sido encontradas ni se probó algún vínculo efectivo entre Hussein y Al Qaeda.

Esta guerra que parecía ganada de antemano, ha dado más de un dolor de cabeza al gobierno de Bush y los muertos en las filas estadounidenses ya se elevan a mucho más de mil si se incluyen los caídos en combate y los fallecidos por accidentes, enfermedad o suicidio.

La resistencia iraquí sigue en pie y muchos ya han calificado a esta guerra como un segundo Vietnam.

Cuando en diciembre de 2003 atraparon a Saddam, Bush dijo: “Cuando los jefes militares sobre el terreno digan que se han cumplido todos los objetivos podremos decir que se ha terminado”, sin embargo, todo indica que quedan aún muchos objetivos por cumplir.

La guerra de Irak ha sido una guerra impopular desde el principio. La decisión tomada en las portuguesas islas Azores el 16 de marzo del 2003, entre Bush, Blair (presidente de Reino Unido) y Aznar (presidente de España), de atacar el territorio iraquí para impedir que Saddam Hussein entregara o vendiese armas de destrucción masiva a militantes de Al Qaeda, ha encontrado muchos detractores, entre ellos, la propia ONU.

Las manifestaciones recorrieron las calles de muchas ciudades del mundo. Para muchos ciudadanos se trataba de una guerra innecesaria que se saldaría con víctimas civiles inocentes. Las críticas se han agravado con escándalos como el de los abusos de las cárceles de Abu Grahib, y muchos consideran que la cruzada contra Irak tenía como principal objetivo el codiciado oro negro.

La ONU tampoco avalaba la guerra. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, advirtió ante el Consejo de Seguridad que una guerra en Irak empeoraría la situación humanitaria, y que la organización no disponía de fondos suficientes para responder a la crisis que se produciría tras el conflicto bélico.

MÁS: MADRID,INDONESIA, Y OTROS

Un portavoz de la organización terrorista Al Qaeda, dirigida por el disidente saudí Osama bin Laden, dijo a la cadena de televisión Al Yazira que la Yihad (guerra santa) seguirá adelante hasta “destruir a los americanos”.

En un mensaje supuestamente grabado en algún lugar de Afganistán en fecha indeterminada, Suleimán Abu Geith recordó a Estados Unidos que “es imposible que América y sus aliados maten a todos los musulmanes”.

Abu Geith, vestido de blanco y con un fondo oscuro detrás, recordó que “los intereses americanos están por todas partes”, y que “cada musulmán debe desempeñar su papel y saber cuál es su obligación”.

Efectivamente, Al Qaeda ha continuado atacando a objetivos estadounidenses como en la isla indonesia de Bali, donde asesinaron a 180 personas en una acción terrorista que tomó por sorpresa al Gobierno de EE.UU. en octubre del 2002.

En un reciente atentado contra la Embajada australiana en Yakarta, murieron 9 personas y casi 200 salieron heridas. El año pasado, un grupo llamado Yemaa Islamiya hizo estallar una bomba en el hotel Marriot de la capital.

Todos teníamos en mente que Al Qaeda podía volver a realizar un atentado de grandes magnitudes ya que tiene miles de terroristas repartidos por varios países. La mañana del 11 de marzo del 2004, cuando casi nadie lo esperaba, unas bombas fueron colocadas en los vagones de trenes en las cercanías de Madrid (España).

No sabemos lo que nos deparará el futuro, pero lo que se ha demostrado es que los terroristas, apoyados por unos o por otros, siguen teniendo capacidad de actuación y que los conflictos armados, vengan de donde provengan, generan sufrimiento siempre para los mismos: la sociedad civil.

Sólo en la cooperación mundial, a través de los organismos internacionales, está el futuro. Aunque también apuntan algunos analistas que la propia ONU necesitaría que se refundara de nuevo...
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