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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 11 DE SEPTIEMBRE DE 2004
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Apuntes sobre el festival de teatro

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Jessica Alemán interpreta el monólogo Manolita en línea.

 

Amalia Morales

El telón está por caer. Mañana se apagarán las luces y se extinguirán los aplausos en la conclusión del X Festival Internacional de Teatro Monólogos, diálogos y más, sin lugar a dudas, el evento teatral más importante que se viene celebrando en la última década en el país, donde el apoyo al teatro es nulo.

Como en ediciones anteriores de este festival, que organiza la filial nicaragüense del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral, Celcit, el gran atractivo de los festivales han sido los espectáculos extranjeros, que convocaron a la mayoría del público. El monólogo cubano, De París, un caballero, es interpretado por José Antonio Alonso, integrante del grupo Buendía, una de las compañías de teatro más importantes de la isla. Alonso encarna al caballero de París, un personaje mítico que existió en La Habana, hasta mediados de los ochenta. El actor se mete en la piel de ese personaje que se sostiene con la dignidad y la nostalgia por tiempos pasados.

La obra hace referencias constantes a La Habana, a sus calles, a su gente y en cómo estos miraban a este mágico personaje de barba blanca y capa negra que salió loco del presidio.

Sin recurrir a una gran utilería, la puesta en escena de Alonso se apoya sobre todo en su actuación. Impresiona su capacidad de asumir otros personajes a través de un gesto o del tono de voz, sin necesidad de maquillaje o vestuario. La obra muestra la soledad, la dignidad y la nostalgia de un ser humano que sobrevive por el peso de su pasado, sentimientos que probablemente habitan al pueblo cubano.

Por la intensidad de las emociones que afloran en el escenario y por la capacidad actoral de Alonso, esta puesta en escena arrebató aplausos del público por varios minutos. El auditorio retribuyó de la misma forma la puesta del mimo colombiano, Carlos Álvarez, quien se presentó el martes por segunda vez en el país. La gente estalló en carcajadas con los gestos y los cuadros mímicos de este actor de Medellín, que representó a un médico y a un cowboy, personajes que lo llevaron a interactuar con los asistentes.

Sin mayores pretensiones, el actor logra lo que se propone: hacer reír al público para olvidar un rato, lo complicada que puede ser la vida.

La apertura del festival quedó en manos de la nicaragüense, Eva Gasteazoro, residente en Estados Unidos. Gasteazoro, que se ha presentado en teatros de New York, llevó a las tablas del Justo Rufino Garay, Endemoniadamente bella, un monólogo en el que resultó difícil conectar la dramaturgia y la actuación. El acento existencialista de los textos no encajó con los movimientos ni con el tono de voz de Gasteazoro, que por momentos se siente más preocupada por mantener una dicción perfecta que por la intencionalidad de las palabras. Detalles como ése, resaltaron las incoherencias dramatúrgicas de la obra, que concluye sin mostrar el esperado conflicto humano que prometía el programa.

Nuevamente la calidad de la representación nacional fue cuestionada con el monólogo Manolita en línea, una historia que aparentemente busca cuestionar los estereotipos de una niña bien de las sociedades actuales. Sin embargo, la actuación de Jessica Alemán resulta poco convincente, y termina pareciendo más una apología del tipo de vida del personaje que pretende criticar. Nuevamente, la sobreactuación empaña el sentido de la obra. Los textos son tan lineales que las supuestas situaciones cómicas narradas por la actriz, pasan por el alto para los asistentes.

Sin mayores rebuscamientos, estas dos puestas nacionales (la de apertura y la del lunes) deslucieron ante la calidad y el profesionalismo de los grupos extranjeros, lo que en parte, es reflejo del escaso respaldo que tiene arte en el país, donde las artes escénicas sobreviven como las tortugas carey, amenazadas de extinción, y subsisten gracias al compromiso de unos cuantos actores, cuyos esfuerzos están generalmente dispersos.

El teatro nacional fue reivindicado el miércoles con la puesta en escena de los grupos universitarios de la UNA (Universidad Nacional Agraria) y la UAM. El teatro universitario evidenció que hay intenciones de hacer un teatro que mire más hacia adentro, hacia las realidades culturales del país, sin caer en retóricas.  
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Apuntes sobre el festival de teatro