María Lourdes Centeno: Silencio y transparencia
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Familia, acrílico sobre acetato, 2004, María Lourdes Centeno. |
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Marta Leonor González
María Lourdes Centeno (León, 1932), maestra y artista de las artes plásticas, expone sus pinturas en Galería Epikentro, hasta el próximo 18. Una original serie de acrílicos sobre acetato –28 en total-.
A propósito de su muestra, la segunda en su carrera de pintora, habla de esa rama que no la deja dormir, “me persiguen las formas y colores”, comenta al inició de la conversación.
Esta nueva exhibición reúne su propia visión de lo sagrado; la familia, la mujer y la humanidad como centros de la existencia. Con el empleo de colores morados, verdes y lilas, muy utilizados en el tratamiento de lo místico y lo religioso, que en este caso, pese al pronunciado colorismo, no es extraño notar un toque dramático.
¿Cómo llegó a pintar sobre acetato y por qué dejó el lienzo?
Normalmente se pinta en tela o cartulina, y el artista siempre debe andar en la búsqueda, siempre debe innovar, sacar lo que le inquieta, esta vez encontré que el acetato se me prestaba para las transparencias. Por otro lado, comencé con las acuarelas, hay una transición, vengo con la transparencia de las acuarelas, el haber llegado al acetato con el acrílico no me fue difícil porque lo encontré fraterno.
¿Los seres que habitan sus pinturas no tienen rostros, todo se desarrolla en un ambiente traslúcido, por qué?
Porque muchas veces, uno no logra visualizar lo que las personas nos quieren decir con su rostro, lo que sale a flor de piel; se piensa una cosa y exteriorizamos otras. Preferí dejarlos así, a mujeres y hombres.
¿Sus pinturas tienen como constante la presencia de la familia?
Creo que la familia juega un rol muy importante entre los seres humanos, recordemos que es ahí donde se empieza la formación del ser. Con una familia bien avenida, el individuo se proyecta mejor.
¿Otra constante es lo místico dentro del cuadro?
Hay muchas figuras místicas y esas figuras las he vivido y no las había exteriorizado. Esto tiene que ver con que comencé a mirar formas y formas.
¿El pintar lo místico tiene que ver con alguna creencia religiosa?
Sí, porque me considero amante de Cristo, miro a Dios en todas las cosas que él ha hecho y en la naturaleza, en las personas está la presencia de Dios, en medio del caos que uno vive, uno aprende a tener paz.
¿Cómo su poesía entra en comunión con su pintura?
La comunicación que encuentro es que mis poemas se mantuvieron sin alas en mi memoria, me habitaban y un día de tantos salieron a flote, entonces formas, colores y palabras me salían al encuentro, es decir, me llenaban de insomnio hasta que decidí y me dije: si no los escribo y no los pinto no me van a dejar de habitar la memoria.
¿Pero siempre están ahí?
Sí, algunas figuras no las logro sacar porque están en la mente, sólo hasta que las llevó a la pintura me dejan en paz, lo mismo pasa con la poesía. 
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