Golpes en la mesa
La diplomacia del dólar
Alberto L. Alemán Aguirre
La asombrosa sucesión de escándalos de sórdida corrupción de la clase política costarricense ha traído aparejada, entre otras muchas cosas, una nueva luz sobre un fenómeno viejo e incómodo: la diplomacia del dólar de Taiwan.
Solamente 26 Estados en el mundo reconocen a la isla como una entidad independiente. 13 de ellos en las Américas. Casi todos ellos son países poco influyentes en las relaciones internacionales. Además, muy necesitados de ayuda extranjera y, en muchos casos, con altos niveles de corrupción.
Centroamérica es la única región geográfica en el mundo donde todos los gobiernos reconocen diplomáticamente a Taiwan, que se escapa desde 1949 al dominio de la República Popular China, el gigante comunista que lo considera una provincia rebelde.
Estados Unidos, los países de la Unión Europea, y la mayoría de la comunidad internacional, mantienen relaciones diplomáticas con Pekín. China es un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, es decir, con poder de veto. En virtud de su impetuoso crecimiento y el tamaño de su mercado, China será la otra superpotencia del siglo XXI, apuntan todos los pronósticos.
Washington, Europa y otras naciones usan en este caso, una política de doble rasero, pragmática y basada en el cálculo económico. Si bien reconocen a Pekín —no es posible mantener relaciones con ambos Estados—, sostienen estrechas relaciones económico-comerciales con Taiwan, una de las economías más modernas y desarrolladas del mundo.
La isla lucha denodadamente por asegurar su existencia independiente de facto, reconocida por muy pocos. Es un batalla dura que libra contra China, que no permite el ingreso de Taiwan en la ONU y que quiere algún día, ya sea por las buenas o por las malas, reincorporar a la antigua Formosa a su dominio.
Muchos taiwaneses con seguridad temen que el gigante comunista les absorba. A pesar de que su economía es capitalista y de que la propiedad privada es un concepto nuevo en su Constitución, el Partido Comunista Chino no pretende cambiar el monopolio del poder político. Además, el nivel de vida taiwanés es hoy muy superior al continental.
Una parte importante de los esfuerzos, están concentrados en mantener el apoyo de los aliados, y por ello, se paga con generosidad. Como en Nicaragua, se construyen edificios como la Casa Presidencial, la Cancillería y otros. Se financian proyectos de desarrollo y se da asistencia diversa. A cambio, todos los años nuestros votos están garantizados a favor de la causa de Taiwan.
Lo malo es que la generosidad tiene aspectos muy oscuros. En particular, cuando se trata de financiar campañas políticas o hacer favores muy personales. Aparentemente, a juzgar por las revelaciones en Costa Rica, muestran que la ayuda taiwanesa podría estar contribuyendo al deshonesto enriquecimiento ilícito de los políticos. En Panamá, señalan a la ex presidenta Moscoso de recibir un millón de dólares en su cumpleaños, algo que ella niega. La ayuda del aliado podría estar fomentando la corrupción local.
Taiwan no es uno de los países más transparentes del mundo; en el reciente ranking de Transparencia Internacional ocupa el lugar 35, en cuanto a percepciones de corrupción. Es un lugar bastante bajo para una economía desarrollada.
Creo que se hace necesario abrir un debate sobre dos cosas: ¿vale la pena tanta cooperación de un país que podría estar fomentando la deshonestidad en la cosa pública? Porque al final, los efectos negativos pueden superar el bien supuesto que la cooperación debería traer.
Y también, sería quizás conveniente establecer una legislación precisa que regule las posibles contribuciones de países extranjeros como Taiwan, o que hasta incluso las prohiba.

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