Vida X
La cocina española: Exquisita mezcla de culturas
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La cocina nacida en los albores
de la historia de España recibió el influjo de muchos y muy variados pueblos |
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Orlando Barrera Rodríguez
(I DE II PARTES) En la deliciosa y singular cocina española es difícil encontrar un plato que se precie de inmaculada pureza de origen, y eso, precisamente, es lo que la hace tan variada, exquisita y apetecida. A través de años y milenios, las diversas culturas con las que ha entrado en contacto la Madre Patria, fueron agregando ingredientes llenos de color y sabor, procedimientos espléndidos para la preparación de recetas y platillos y sus gentes. Como en un gigantesco crisol, los fueron mezclando a fuego lento, decantándolos y dotándolos de esas características tan especiales que los hacen inconfundiblemente españoles.
Adicionalmente, las diferentes comunidades autónomas que forman el país le permiten disfrutar de una fascinante riqueza gastronómica en la que, a la variedad y calidad de sus materias primas, se unen su tradición cultural, sus costumbres y su modo peculiar de entender la cocina.
Sin embargo, las delicias de la cocina española no se encuentran en los grandes hoteles y restaurantes, sino en los comedores de la gente sencilla, donde cada platillo es preparado por manos artesanas, plenas de vigor y de secretos inmemoriales, lo que ha hecho de la cocina de cada región algo diferente y especial, tomando contacto a su vez con la tradición popular y las costumbres de sus gentes. No obstante, entre todas las regiones configuran una realidad de cocina popular que es un estandarte de identidad y estímulo de innovación.
La antigua cocina española es a la vez sencilla y rústica. Su base son las cebollas, el ajo, el pimiento, algunas hierbas y relativamente pocas especias, empleando a menudo el azafrán. Los platos nacionales más conocidos son los pucheros, lo que ya denota su origen campesino.
Generalmente, los platos que componen los menús de los restaurantes para el almuerzo (comida) son pocos, mientras que para la cena se pueden elegir entre muchos platos y entremeses. Por lo tanto, el almuerzo es sencillo y rápido, mientras que para la cena no se anda con prisa. Se empieza muy tarde y no en pocas ocasiones la gente se sienta a la mesa pocas horas antes de la medianoche.
Debido al tiempo que separa el almuerzo de la cena, los españoles acostumbran tomar por la tarde pequeñas meriendas llamadas tapas, hechas a base de aceitunas, lonjas finas de jamón y a veces también langostinos rebozados en harina. Suelen acompañarse con un sencillo vaso de vino tinto o con un jerez. Las tapas son diferentes a las entradas de la cena. Estas últimas pueden ser verduras en vinagre, anchoas, sardinas, chorizo, almejas, ensalada de atún o un cóctel de gambas ó melón.
El plato siguiente lo constituyen las sopas y cremas. En la temporada veraniega se sirve principalmente el gaspazo andaluz muy frío, compuesto de tomates triturados, pepinos, aceite de oliva, ajo y especies. Además de las sopas, pueden encontrarse caldos muy fluidos llamados consomé y crema de consomé, cuando está ligado a otros ingredientes. Entre las sopas más famosas está la de ajo.
En nuestra próxima edición hablaremos de los platos fuertes y de los exquisitos postres, que con sólo imaginarlos, nos hacen agua la boca.

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