JUEVES 21 DE OCTUBRE DEL 2004 / EDICION No. 23609 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Nueva Era y desarrollo vial

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Enrique Bolaños Geyer

Jinotega tiene razón, necesita más atención en sus caminos y carreteras. Ocotal, igual. Estelí, Chontales, Boaco, RAAN, RAAS, Río San Juan, Chinandega, León, Managua…, también. Toda Nicaragua necesita más carreteras.

Desde que Colón vino por esta bendita tierra hemos construido 18 mil kilómetros de caminos de lodo y polvo y casi sólo mil 900 kilómetros de carreteras asfaltadas y adoquinadas.

Desde que inicié mi Presidencia, hace un poco más de dos y medio años, mi gobierno se ha impuesto la tarea de construir y reparar carreteras y caminos, al mayor ritmo de nuestra historia, limitados solamente por la pobreza a la que ha llegado el país durante toda nuestra vida y especialmente durante los últimos 25 años.

Se está, pues, dando la mejor respuesta al máximo ritmo que nos permite la economía. Es un error creer que no se da la atención a tanta necesidad por falta de voluntad. Todo lo contrario, deseamos hacer más, mucho más, porque también nos gusta merecer una posición destacada en nuestra historia.

En apenas dos años y medio, asistido por un buen equipo de servidores públicos he ordenado las finanzas públicas, aumentado los ingresos fiscales, medio aliviado la gigantesca deuda interna producto de fraudulentas quiebras de bancos. He logrado el perdón del 87 por ciento de la deuda externa… y he despegado el carro del progreso que permanecía estancado por 25 años.

¿Qué ya está todo hecho? No. Definitivamente no. Aún falta mucho por hacer. Apenas comenzamos. Falta seguir haciendo mucho de lo mismo por muchos años más.

Como Presidente de todos los nicaragüenses he recorrido el mundo en busca de la generosa cooperación de países amigos que mi gobierno —que es el tuyo— usa con gran transparencia para que nos ayude a mejorar el bienestar ciudadano.

Todos los ingresos tributarios así como las ayudas de los países y organismos cooperantes los repartimos para medicinas, para escuelas, para universidades, para programas como el de Libra por Libra, para ayudas sociales, para casos como el del Musún… y para caminos y carreteras también.

En estos primeros 33 meses hemos rehabilitado y construido un total de 439.76 kilómetros entre asfalto y adoquín. En los 27 meses que le quedan a mi gobierno, haremos al menos el doble más.

Por primera vez se convierten a carreteras adoquinadas caminos de lodo y polvo en Corn Island, en Ometepe; a San Nicolás, a Macuelizo, a Palacagüina, a Cárdenas, a San Fernando, a Jalapa, a Telpaneca, a Las Flores, a Pacaya, a Quebrada Honda…

Los innumerables furgones que transportan los adoquines constituyen ya un paisaje en Nicaragua.

Con asfalto se hizo Las Piedrecitas-Izapa (con cuatro carriles hasta Ciudad Sandino); Aeropuerto Portezuelo (de seis y ocho carriles); empalme Boaco a Ciudad Boaco. Pronto se concluirán Tipitapa-El Coyotepe y todos los 180 kilómetros a El Rama.

Se han reparado aproximadamente mil 250 kilómetros de caminos de tierra de fincas ganaderas y cafetaleras… y se continúa más a ritmo acelerado.

Durante todo este año se están invirtiendo 192 millones de córdobas para reconstruir con macadán los 353 kilómetros de la carretera de lodo y polvo de Río Blanco a Puerto Cabezas. Se eliminan así los famosos pegaderos y quedará en excelente uso de todo tiempo con una duración de por lo menos por tres años.

El petróleo sube y sube y el asfalto es petróleo… importado. Por eso, el asfaltado de carreteras está casi fuera del alcance de los bolsillos de Nicaragua.

El adoquín es arena nacional, un poco de cemento nacional y mucha, pero muchísima mano de obra nacional. La sub-base y la base donde se monta el rodamiento son las mismas para el adoquinado que para el asfaltado. Es por eso que podemos hacer tres kilómetros de adoquinado con lo que nos cuestan dos kilómetros de asfaltado.

Tengan fe y un poco de paciencia. Vamos bien, a la velocidad que nos permite la recuperación económica que ya estamos logrando. No retrocedamos. No escuchemos a los agitadores profesionales que se alimentan de la carroña de la violencia y del desorden. Tienen 25 años de propiciar la violencia y el desorden… No les escuchemos más.

El autor es Presidente de la República
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