JUEVES 7 DE OCTUBRE DEL 2004 / EDICION No. 23595 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Cáncer de mama
La genética una llave hacia la cura

Foto  
. Es el factor que más influye en el riesgo de contraer este tipo de cáncer. El descubrimiento del mapa del genoma humano permitió grandes avances para evitar la mutación de genes. Fármacos, enzimas e incidencia de los hábitos de vida.

 

Las tasas de mortalidad por cáncer de mama están disminuyendo lenta pero progresivamente debido al desarrollo de nuevas y mejores terapias y, fundamentalmente, a la detección temprana mediante sistemas de diagnóstico más sofisticados y precisos. Los estudios avanzan sobre medicamentos preventivos como el tamoxifeno y raloxifeno, la influencia genética y la relación entre el riesgo de contraer este mal y la alimentación, la actividad física y el aumento o pérdida de peso.

Sólo en los Estados Unidos, existen más de dos millones de mujeres que padecen esta enfermedad y la cifra se incrementa en 200 mil casos más por año. Ante esto, el Instituto Americano contra el Cáncer ha establecido como prioridad el análisis de los factores de riesgo que tiene este tipo de enfermedad y financia varias investigaciones relacionadas con los genes, sobre todo a partir de que se estableció el mapa del genoma humano. En este sentido, se ha descubierto que aproximadamente 1 de cada 10 casos está relacionado con mutaciones en ciertos genes, principalmente el BRCA 1 y BRCA 2. Científicos de los laboratorios del Imperial Cancer Research Fund británico han hecho un importante descubrimiento en el campo del cáncer de mama y de ovarios, ya que consiguieron producir un modelo tridimensional de las anomalías causadas por fallos genéticos que dan lugar a esos tipos de cáncer. Hace ya algunos años, se descubrió BRCA 1 (Breast Cancer 1) que, en su forma normal (no mutante), no es cancerígeno sino que contribuye a evitar el cáncer. Como todos los genes, fabrica una proteína, una de las moléculas complejas que forman parte del cuerpo humano y que contribuye a reparar el ADN (ácido desoxirribonucleico). Por eso, si el gen que produce esta proteína tiene una mutación, se altera su capacidad para realizar esa función y no repara el ADN afectado. Eso da lugar a una mayor probabilidad de que se produzcan otras mutaciones en el material genético. El modelo permite observar los verdaderos efectos estructurales que produce una mutación determinada sobre la forma de la molécula y cómo afectan a su funcionamiento, pero ahora se avanzará en descubrir cómo impedir las mutaciones o, en tal caso, cómo generar la proteína que repara el ADN dañado.

Recientemente, en el Journal of the National Cancer Institute de Inglaterra, se publicó un informe sobre los avances de los científicos en su objetivo de interrumpir el desarrollo de los tumores cancerosos desactivando una enzima que hace que las células cancerosas se multipliquen indefinidamente. Normalmente, las células viejas o afectadas por la enfermedad dejan de multiplicarse y se autodestruyen para evitar que se reproduzcan las mutaciones y se conviertan en tumores. Pero las células cancerosas ignoran estos mensajes y uno de los factores responsables de este hecho es una enzima llamada telomerasa. El fin es desactivarla y en eso están los investigadores de la Brunel University de Londres. La telomerasa actúa en el 85 por ciento de las células cancerosas y probablemente es la responsable de que se inicie el proceso que hace que esas células no mueran. Mediante avanzadas técnicas genéticas, los científicos han localizado los genes en una pequeña zona de un determinado cromosoma y tratan de reproducir ese grupo de genes con la esperanza de fabricar medicamentos que impidan la acción de la telomerasa, es decir, un inhibidor de esa enzima.

También se avanza en las investigaciones con anticuerpos monoclonales, que son un tipo especial de proteína producida por las células del sistema inmunológico y que pueden fabricarse en el laboratorio. Un tipo de estos anticuerpos, el trastuzumab (Herceptin), funciona al prevenir que cierta proteína cause un crecimiento excesivo de células cancerosas y también podría ayudar al sistema inmunológico a combatir el cáncer.

Algunos estudios han encontrado que los tumores cancerosos del seno rodeados de muchos vasos sanguíneos pequeños nuevos tienen mayores probabilidades de propagarse, por lo que se están creando nuevos medicamentos que pueden ser útiles para detener el crecimiento del cáncer al prevenir que se formen nuevos vasos sanguíneos. Varios de estos medicamentos se están poniendo a prueba actualmente en algunos estudios clínicos, entre ellos el tamoxifeno y el raloxifeno.

Pero mientras todos estos avances siguen su curso y son sometidos a rigurosos análisis antes de ponerse en práctica, la prevención está a la cabeza de los métodos para bajar los riesgos de contraer cáncer de mama. Las estadísticas indican que el peligro es mayor entre las mujeres cuyos parientes cercanos tuvieron esta enfermedad y se duplica cuando se trata de madre, hermana o hija. Por otra parte, si una mujer tiene cáncer en un seno, aumentan las probabilidades de que se le origine en el otro o en otra parte del mismo seno. En cuanto a la raza, las mujeres blancas tienen ligeramente mayores probabilidades de padecer este mal que las de raza negra. Sin embargo, estas últimas tienen mayores probabilidades de morir de este tipo de cáncer. Las hispanas, las asiáticas y las indias americanas tienen un riesgo menor.

UN ESTILO DE VIDA

Aunque no se sabe a ciencia cierta cómo influyen los factores no genéticos, algunos estudios y los informes derivados de las pacientes determinaron los siguientes elementos que aumentan el riesgo, según el American Cancer Society:

Mujeres que no han tenido hijos: las mujeres que no han tenido hijos o aquellas que tuvieron el primero después de los 30 años tienen un riesgo ligeramente mayor.

Terapia restitutiva de hormonas: el uso a largo plazo de este tratamiento para aliviar los síntomas de la menopausia puede aumentar el riesgo de cáncer de mama, así como el riesgo de enfermedad cardíaca, coágulos sanguíneos y embolias cerebrales. El estrógeno solo (ERT) no parece incidir.

No amamantar: algunos estudios indican que la lactancia materna reduce en un 50 por ciento el riesgo de este tipo de cáncer, especialmente si la lactancia dura más de un año y medio.

Alcohol: su consumo está claramente relacionado con un ligero aumento en el riesgo de cáncer de mama. Las mujeres que toman de 2 a 5 tragos al día tienen alrededor de 1,5 veces más riesgo que las mujeres que no toman alcohol.

Sobrepeso: se asocia con un riesgo más alto, especialmente para las mujeres postmenopáusicas y si el aumento de peso ha ocurrido en la edad adulta. El peligro es mayor si la grasa extra se encuentra en la cintura.

Ejercicio: su incidencia sigue siendo motivo de estudio, pero se estima que una actividad física moderada en mujeres adultas, reduce el riesgo.

Cigarrillos, abortos, desodorantes, implantes, pesticidas y otros contaminantes: no se ha podido comprobar que aumenten el riesgo de contraer cáncer de mama, aunque se sabe que inciden en otros tipos de cánceres y en afecciones cardiovasculares.
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

Apúrate para ser la Señorita Montelimar

Nicaragua: Siglo XX, en el JaRro Kafé

Abre Galería Mauricio Babilonia

Historia del anciano que recuerda a todas sus mujeres

Diego en la luna

En busca de la Santa María de Colón

Turning torso el edificio que imita el movimiento humano

Diabetes transplante de células que producen insulina

Megajets Los aviones del nuevo milenio

La genética una llave hacia la cura