Atrapado junto a la muerte
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A Luis Jerónimo Vallecillo Domínguez la vida le ha sonreído, ¡y vaya la forma en que lo ha hecho! Logró sobrevivir a la caída dentro de un pozo de 30 metros de profundidad, donde permaneció dos días con sus noches aguantando hambre, sed, calor y el hedor insoportable que expelía el cadáver de su amigo Yuri Samuel Membreño Sotelo, muerto de varias cuchilladas por una supuesta venganza |
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Luis Jerónimo Vallecillo, junto a su madre Esmelda Francisca Domínguez, mientras estaba en el hospital.
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Luis Alemán Saballos
Luis Jerónimo Vallecillo Domínguez parece tranquilo. Sus heridas sanan, no así la fractura en el pie derecho. La falta de dinero para comprar unos clavos, que sujeten los huesos rotos, es el principal obstáculo para su recuperación total.
Durante 15 días permaneció en el Hospital Roberto Calderón. Su presencia en el centro asistencial pasó casi desapercibida para los visitantes, a no ser por los comentarios sobre la suerte que corrió al sobrevivir al lado del cadáver descompuesto de su amigo durante más de 32 horas.
Vallecillo Domínguez, conocido como “Bumba”, permaneció dos días con sus noches al lado del cadáver en descomposición de su amigo Yuri Samuel Membreño Sotelo. Ambos fueron lanzados por tres hombres encapuchados, dentro de un pozo seco de 30 metros de profundidad.
Un tercer amigo, Héctor Iván López Rodríguez, tuvo la suerte de que sus captores lo dejaron ir. Héctor está desaparecido y en el barrio Israel Galeano aseguran que huyó por temor a la venganza.
“Bumba” dice no recordar mucho lo que ocurrió aquella noche del 18 de septiembre. “Recuerdo que sentí como que caía en el vacío, después me desmayé”, relató desde su cama cuando aún se encontraba internado en el Hospital Roberto Calderón.
La experiencia vivida por este joven al parecer lo hizo reflexionar sobre su agitada vida.
“He decidido entregarme a Dios y servirle en cuanto sea”, asegura, mientras su madre asiente con la cabeza y en voz baja repite: “Las madres siempre creen en sus hijos”.
UNA VENGANZA
Luis Jerónimo, Yuri y Héctor se reunían todos los fines de semana al pie de El Ceibón a consumir licor. Según la Policía, también consumían drogas y otras sustancias.
Esa noche de sábado no fue la excepción. Tragos, risas y más tragos. Pero sobre los jóvenes había una amenaza. No muy lejos del lugar, tres hombres identificados como Norman Enrique Romero Zeledón, alias “Quique”; Pedro Antonio Núñez Nelson y Juan Carlos Aragón Centeno, todos vigilantes de calle, aparentemente planeaban su venganza.
Una semana antes, uno de ellos fue objeto de robo y señalaban a los tres amigos de ser autores del hecho.
EL SECUESTRO
Los vigilantes, armados con palos y escopetas hechizas, recorrieron las calles del barrio. ¿Vigilaban o buscaban a su presa? Lo cierto es que cerca de la medianoche, en una de las calles supuestamente interceptaron a Luis Jerónimo, a Yuri y a Héctor.
Todos fueron golpeados, atados y a empujones llevados por las calles del barrio, rumbo al cadalso.
LA COARTADA
“Eran como las 11:00 p.m, nos buscaban porque supuestamente violamos a una chavalita”. Así comienza su relato Luis Jerónimo, quien recuerda que uno de los sujetos les gritó: “A ustedes los andamos buscando”.
Según Vallecillo, sus atacantes se cubrían el rostro con capuchas y vestían chaquetas camufladas. Por esa razón, creyeron que eran policías.
“Yo creí que eran policías, porque cuando nos agarraron actuaron como lo hace la Policía, por eso no hicimos nada, pero cuando miré que andaban con armas hechizas, comprendí que algo malo pasaría”, relató.
Dice no recordar mucho. “Nos agarraron de la camisa, empujaban y golpeaban con los tubos, yo no pude identificarlos porque andaban encapuchados”, recuerda.
Atados de manos fueron llevados casi arrastrados por las calles del barrio. A través de las rendijas de sus casas algunos vecinos observaron aquella escena hacia la muerte. “Nos decían que habíamos violado a una niña y que nos llevarían a la casa de ella para que nos reconociera”, afirma.
“Estaba preocupado, pero como decían que nos llevaban a donde la niña violada, pensé que nos soltarían una vez reconocieran que no éramos nosotros, pero eso era una coartada, nos buscaban para matarnos”, reflexiona.
A LA MUERTE
En el camino los encapuchados soltaron a Héctor Iván, a quien le gritaron que contra él no tenían nada. Lo dejaron ir no sin antes darle una golpiza.
Mientras avanzaban, uno de los sujetos lanzó contra la pared de una casa a Vallecillo Domínguez, provocándole una herida a lo largo de su nariz.
En ese momento uno de los sujetos ordena: “A estos hijuep... hay que matarlos”. “Yo no me acuerdo mucho de lo que ocurrió después”, repite, mientras agita una toallita de mano para darse aire.
“No me doy cuenta de cómo fue, cuando desperté estaba abajo (dentro del pozo) y mi amigo muerto”, afirma en voz baja.
CADÁVER AMORTIGUA CAÍDA
Al parecer, el estado de ebriedad de “Bumba” no le permitió recordar muchos detalles de su tragedia. Tan es así que ni cuenta se dio cuando fue lanzado dentro del pozo.
“No sé cómo mataron a Yuri, creo que le dieron tres puyazos y luego lo lanzaron, no sé”, insiste, mientras coloca su mano derecha sobre su frente, al parecer tratando de recordar lo sucedido.
“Realmente no sentí la caída, creo que me desmayé, cuando desperté estaba en el fondo del pozo, no sabía en realidad dónde estaba”, afirma.
Según las informaciones obtenidas por la Policía, al primero que lanzaron dentro del pozo fue a Yuri, no precisan si éste murió antes o al caer en el fondo. Luego lanzaron a Luis Jerónimo, quien cayó sobre el cuerpo de su amigo, amortiguando así la caída y salvándolo de la muerte.
“Yo sentí que había alguien conmigo, pero no supe de quién se trataba; creo que me desmayé de nuevo, hasta que desperté al día siguiente”, asegura.
LA BÚSQUEDA
Al amanecer del domingo 19 de septiembre, mientras muchos managuas comentaban la trágica derrota de Óscar De la Hoya frente a Bernard Hopkins, en el asentamiento Israel Galeano, en el noreste de la capital, dos familias comenzaron a inquietarse por la ausencia de los muchachos.
A pesar de que para ellos era casi común que los jóvenes no llegaran a dormir los días sábados, les inquietaba la noticia que se había regado entre el vecindario. “Los muchachos fueron arrestados por tres policías encapuchados”.
LO CREÍ MUERTO
Esmelda Francisca Domínguez, madre de Vallecillo, sintió estremecer su corazón. No quería aceptar la realidad, intentó calmarse, pero la inquietud se apoderó de su mente.
Acompañada por una de sus hijas inició un dramático recorrido que la llevó de un distrito policial a otro, de hospital en hospital, sin resultados positivos. “No hay nadie detenido con ese nombre señora, búsquelo en los hospitales”, le dijo un oficial de turno en el Distrito Seis de Policía.
“Si no está en la Policía ni en los hospitales, entonces está muerto”, dijo para sí, mientras se dirigía a su casa en el barrio anexo a Laureles Norte.
Ella nunca se resignó, en su corazón cabía la esperanza de encontrar con vida a su hijo, así que en horas de la tarde del mismo domingo nuevamente se dirigió al Distrito Seis de Policía, esta vez con la fotografía de su hijo para que lo reconocieran. A todo el que entraba o salía de la delegación policial le mostraba la foto, pero siempre recibía un no por respuesta. Aún así permaneció no recuerda cuánto tiempo en una espera angustiante. “Algo me decía que aún estaba con vida”, recuerda.
Mientras, a varios kilómetros hacia el noreste, dentro de un pozo seco, “Bumba” no soportaba el calor, la sed y el mal olor del cadáver de su amigo que comenzaba a descomponerse.
“Sólo me acordaba de mi mamá. Entre la oscuridad de mi estado la miraba llorando desesperadamente sin que yo pudiera hacer algo para calmarla”, recordó Vallecillo Domínguez.
SOBRE CADÁVER
Mientras sus familiares lo buscaban, dentro de un pozo de casi 30 metros de profundidad, Luis Jerónimo Vallecillo Domínguez recuperaba el conocimiento. Los rayos mañaneros del sol alumbraban levemente el interior del pozo.
Con sus manos tocó lo que pareció ser el cuerpo de una persona. "No pude identificar de quién se trataba, no había suficiente luz, comencé a gritar desesperado, pero nadie me escuchó". Luis Jerónimo se quedó nuevamente dormido.
Unas horas después las voces que venían de la superficie lo despertaron, creyó que llegaban en su ayuda, lo primero que hizo fue pedir auxilio, pero lo que recibió fueron tres trozos de piedra cantera que tiraron desde arriba.
Los mismos sujetos que lo lanzaron junto a su amigo Yuri Membreño, regresaron para cerciorarse de que estuvieran bien muertos, y lanzaron al interior del hoyo las piedras. "Una me cayó en el pie derecho y lo fracturó, luego lanzaron unas ramas que dejaron más oscuro el lugar", afirma.
"Sólo pensaba que iba a morir, quería agua, tenía sed, pensaba en mi mamá, me acordaba de Dios y le pedía que me sacara con vida, creí que eran mis últimos momentos".
El calor y la sed fueron minando la capacidad de Luis Jerónimo. Al caer la noche del domingo no aguantó más y nuevamente perdió el conocimiento. Un olor putrefacto inundó el ambiente y volvió insoportables los momentos dentro del pozo. ““No tenía idea de lo que pasaba, entendí que era un muerto el que estaba a mi lado, el tufo me estaba matando".
EL RESCATE
El domingo 19 de septiembre fue angustioso para Isaida Ávila Guzmán, una vecina del barrio Israel Galeano, quien no tuvo un momento de sosiego. No podía aceptar que Yuri Membreño Sotelo hubiera desaparecido como si la tierra se lo hubiera tragado.
"Yo lo quería mucho, él me tapiscaba una milpa que tengo y era muy responsable en su trabajo", aseguró. Así que junto a su esposo Marvin Velásquez, dispuso visitar a un cartomántico que hay en el barrio Israel Galeano, para pedirle "una orientación sobre los muchachos. Yo lo hacía por Yuri y su mujercita que está embarazada", recuerda.
"Hombré, haceme un favor, dame una orientación de unos chavalos que están desaparecidos", le pidió a Carlos, el hombre que según los vecinos adivina el futuro.
El adivino sacó sus barajas, las lanzó en la mesa y dijo: "Miren, uno de ellos está muerto y el otro entre la vida y la muerte", fueron supuestamente sus palabras y seguidamente les dijo: "Búsquenlos de la 68 (terminal de buses 168), unos tres kilómetros al sur, derechito".
Al día siguiente inició la búsqueda. Todos salieron con dirección hacia donde había orientado el cartomántico. Cinco horas después llegaron hasta un claro. Isaida, Norma, hermana de Luis Jerónimo Vallecillo Domínguez, y otros más se refugiaron en la sombra de unos árboles de caimito y guayabo. Para saciar el hambre comieron guayabas. De pronto, uno de los perros que llevaban se acercó al pozo y comenzó a ladrar.
* Al acercarse al pozo sintieron un mal olor, entonces tiraron una guayaba, poco después escucharon una voz: "Doña Isaida, ¿es usted la que está ahí?"
La vida de Luis Jerónimo estaba a salvo, porque el grupo de personas lo rescató de las profundidades del pozo, justo cuando el cuerpo de su amigo Yuri Membreño, comenzaba a engusanarse.
SIN PADRE
Ericka Mercado Leyva, de 18 años está embarazada. El bebé que tiene en su vientre es de Yuri Samuel Membreño Sotelo. El niño nacerá a finales de octubre. “Jamás conocerá a su padre, quizás le cuente cómo murió”, dice entre sollozos. Pero Ericka no entiende por qué tanta violencia contra su marido: “Él fue una buena persona, un buen marido”.

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