Isabel Allende: “Soy coherente con lo que soy y escribo”
Carmelo Lattassa EFE
Allende (Lima, Perú, 1942) desembarca con su última novela en español, El bosque de los pigmeos, el final de una trilogía fantástica que alberga mensajes de protección a la tierra, la espiritualidad alternativa y en este último, una apuesta por la paz. En conversaciones con EFE Reportajes, la autora de La casa de los espíritus, De amor y sombra e Hija de la fortuna, desmenuza la madeja de sus libros, habla de su último proyecto El Zorro, y de su condición de mujer inmigrante y escritora en Estados Unidos.
¿Por qué una trilogía en sus novelas?
La idea de la trilogía nació como una promesa que le hice a mis nietos hace tres años. Les prometí que escribiría una novela para ellos, entonces elaboré La ciudad de las bestias que transcurre en el Amazonas, y como a ellos les gustó mucho el libro y fue muy entretenido el proceso de crearlo con ellos, decidí extenderlo en una trilogía.
El primer tema es La defensa del medio ambieante, a través de la protección del Amazonas; el segundo es El reino del dragón de oro y versa sobre la espiritualidad alternativa, no dentro de las religiones organizadas. Me interesaba tocar el tema de las religiones más tolerantes como el budismo, y el último es El bosque de los pigmeos, que fue escrito justo cuando Estados Unidos invadía Irak, y en tiempos en que me manifestaba con mis nietos contra la guerra, de manera que el tema inevitable era la paz.
Mientras el Presidente de Irak agradece a Estados Unidos la invasión y de haberlo puesto en el poder ¿qué aporta usted a la solución por la paz?
Este libro no va sobre la guerra de Irak, sino de la solución del conflicto sin que haya más violencia. La trama se desarrolla en África que es el continente más violento y conflictivo en este momento. Las peores matanzas se están llevando a cabo en esa tierra, y no en Oriente Medio o América Latina. Imagínense lo que debe ser aquello que lo que ocurre en Irak es sólo una pequeña cosa. Cuando escribí este libro lo situé en el África Ecuatorial, sin tener ni idea de que un año y medio más tarde sucedería lo mismo que yo describo en el libro. Se trata de la matanza de pigmeos perpetrada por las tropas congolesas.
La guerra de Irak no ha resuelto ningún problema. Ha creado nuevos problemas tanto en ese país como en el mundo. No hay menos terrorismo sino más, no hay menos violencia sino más. Me opuse a ella desde el principio, porque Irak no tenía nada que ver con el atentado terrorista contra las Torres Gemelas. De hecho, 15 de los 19 terroristas eran de Arabia Saudita, con lo que las razones para esa guerra no tenían nada que ver con el terrorismo.
¿De qué va El bosque de los pigmeos?
La verdad es que ya escribí otro libro, y no recuerdo bien los detalles. Puedo decir que el protagonista es Alexander Could, se llama así porque mi nieto se llama Alexander Frias. Pero lo que realmente es importante es que ellos caen en África, en un accidente de avioneta, y acaban por presenciar las matanzas de pigmeos, que lleva a cabo un coronel congolés. No quería que fuese la típica historia de Tarzán, ésa en que llega el hombre blanco y resuelve el problema. Lo que ocurre realmente es que ellos participan, pero quienes resuelven la situación son los que la padecen. Ahora los detalles de la novela no los recuerdo porque acabo de terminar una novela sobre El Zorro.
¿Sus nietos han leído ya los libros?
Sí, los han leído, apenas llega la traducción se los doy. Ellos lamentablemente no hablan bien el castellano, porque han crecido en Estados Unidos y sus padres no se lo cultivan mucho. A ellos les encanta, y quieren que les escriba más pero ya es suficiente.
¿Cómo describe la espiritualidad en la trilogía?
En este libro hay elementos de realismo mágico y en toda la trilogía. Hacía mucho tiempo que no usaba elementos del realismo mágico. Hay una parte del libro en que se presentan los espíritus de los antepasados y que representa la memoria, y la sabiduría de la tribu, la experiencia acumulada. Esas figuras espirituales son más simbólicas.
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¿Por qué escribir sobre El Zorro?
En agosto de 2003 fueron a mi casa unos agentes que decían que eran los dueños del Zorro, y resulta que hay una familia que es dueña del copyright. Ellos me dijeron que lo que no se había hecho hasta ahora era una novela sobre El Zorro. Les dije que era una escritora seria, que qué se creían. Pero me dejaron una caja con vídeos, recortes, documentos, etcétera, y me quedé con la idea y la curiosidad. Y me enamoré otra vez del Zorro, como todos los amores pasan, ese pasó también, y aquel amor era de mi niñez.
El Zorro nace en la alta California, en la época de las misiones en 1800. Era la época en que en Europa se producían las guerras napoleónicas, es la expansión de las ideas de la revolución francesa. España estaba ocupada por tropas francesas y la historia es de antes de que él se convierta en El Zorro. Inventé a un chico que nace en la alta California y su padre lo manda a España a educarse, lo manda a Barcelona a formarse y ahí se va formando la doble personalidad de Diego de la Vega. He tenido libertad para hacer lo que quisiera.
¿Cómo enfrenta usted las críticas a su obra?
Nunca termino un libro, sino que me doy por vencida. Hay un punto en que digo: “ya basta no puedo más”, pero nunca está listo realmente, por eso nunca releo, porque ya es tarde. Lo que nunca es completamente satisfactorio. El haberse dado por vencido, no significa que se haya hecho bien. Así que estoy abierta a las críticas, porque es como aquel futbolista que al saltar al campo de juego es abucheado y alabado al mismo tiempo. Si él dependiera de eso, estaría realmente abocado a la locura. Solo hago mi trabajo, como el futbolista hace su juego. Yo hago una oferta, y la gente la acepta o la rechaza según quiera, soy coherente con lo que soy y escribo.
¿Podría dar su opinión sobre el caso Pinochet?
Creo que lo que está ocurriendo con Pinochet es lo mismo que ocurre siempre. Como tantas veces, no va a pasar nada. Es una inmensa bola de humo. La justicia es muy lenta, Pinochet ya está viejo, y creo que la gente está esperando que se muera para no tener que juzgarlo. Pero es importante que al menos por razones económicas se lleve a este hombre a juicio, aunque como he dicho, no creo que ocurra nada. 
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