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Sexualidad Procreación y deseo sexual
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Varios investigadores siguen hallando pruebas de una especie de celo, similar al de los animales, que sensibilizaría a las mujeres en los días fértiles del ciclo menstrual. |
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Una de las características por las que el hombre se diferencia del resto de los mamíferos es porque carece de períodos de celo. Su sexualidad goza de tanta libertad a nivel biológico como también lo hace de condicionamientos y represiones psicológicas. Y esto es porque la naturaleza siempre tiende a buscar un equilibrio. Sin embargo, en los últimos años se han hallado muchas evidencias que confirman una sospecha sobre la relación que aún existiría entre la reproducción y el deseo sexual; algo así como un vestigio de la herencia animal en la raza humana. Un instinto tan ancestral como el de la continuidad de la especie incidiría en que las mujeres tengan alrededor de un 25 por ciento más de deseo sexual durante el momento en que están ovulando. Además, la alteración hormonal también la predispone.
Científicos del Instituto Nacional para las Ciencias de Salud Ambiental de los Estados Unidos han hallado más pruebas sobre la disposición subconsciente de la mujer a aumentar su actividad sexual durante los días del ciclo menstrual en que es más proclive a quedar embarazada.
Mediante este estudio estadístico, los especialistas detectaron que en los días fértiles la mujer tiene un 24 o 25 por ciento más de probabilidades de sostener relaciones sexuales porque su deseo aumenta de tal manera que la frecuencia de la actividad sexual pasa de 0,27 veces por día a 0,34 durante la semana en que es más fértil. Por otra parte, pudieron observar que el deseo sexual llegó a su punto más alto en coincidencia con la ovulación.
Lo particular de este estudio es que no se realizó sobre mujeres que estaban buscando tener hijos, sino que la mitad de ellas no tenía ningún deseo de quedar embarazada. Muchas ya tenían uno o más hijos y otras habían decidido no tener familia debido a las exigencias laborales y económicas o por convicciones personales.
Aleen Wilcox, quien fue el jefe del equipo de investigadores, dijo que esta situación es consecuencia de ciertos factores biológicos que se convierten en aliados para las parejas que desean tener un bebé o en un llamado de alerta para las que no quieren reproducirse.
Hasta el momento, los estudios científicos relacionados con la medicina y la genética habían advertido que el deseo sexual tiene relación directa con una hormona llamada testosterona, la cual se encuentra en concentraciones variables durante todo el mes y no sólo en el período de ovulación.
Sin embargo, en el momento de mayor fertilidad esta hormona masculina, que es segregada por los ovarios y las glándulas suprarrenales, se incrementa para favorecer la reproducción, ya que activa los circuitos cerebrales de los que dependen el deseo, el placer y el comportamiento sexual de hombres y mujeres. Un ejemplo claro de la importancia que tiene la fluctuación hormonal en la conducta sexual es el período de la menopausia, donde la revolución que se da a nivel orgánico afecta claramente el deseo e, incluso, el placer en relación con el sexo. La hormona femenina llamada estradiol, y neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, también tendrían un papel fundamental en la estrecha relación que existe entre el deseo sexual y la procreación.
Este “período de celo” que se ha descubierto, podría tener relación con el instinto de supervivencia de la especie para evitar las consecuencias del avance continuo del estilo de vida moderno.
Por ejemplo, como sucede en las grandes urbes y zonas densamente pobladas, donde el control de la natalidad es un fin en sí mismo de muchos gobiernos y las parejas no quieren tener más de uno o dos hijos porque su rutina social, laboral o económica no se los permite.De todos modos, se trata sólo de una teoría apoyada en las leyes de la naturaleza, que tiende a equilibrar a las especies.
El gran crecimiento de la población mundial da cuenta de que aún está lejos de concretarse la extinción de la raza humana.
PLACER, DIFERENCIAS Y SIMILITUDES DEL GÉNERO
Si bien los dos sexos ponen en juego los mismos factores a nivel físico y psicológico, como la sensualidad, que consiste en la estimulación de los sentidos, y la genitalidad, que supone la estimulación de los órganos genitales, existen marcadas diferencias entre ambos. El deseo en el hombre suele ser más intenso y se satisface con mayor facilidad, mientras que en la mujer es más lento en despertar y depende además del ciclo menstrual.
Los especialistas llaman deseo sexual a lo que para la mayoría de las personas se denomina libido, pasión, apetito sexual, excitación, pulsión, ansias o lujuria, y consiste en una sensación de necesidad o de carencia que sólo es saciada con el contacto sexual y el orgasmo. El placer erótico, en tanto, es mucho más subjetivo y está determinado por muchos factores. Los condicionantes internos están determinados por las fantasías, experiencias propias o ajenas, la educación y, por supuesto, la personalidad de cada persona; y los externos son las costumbres, los mitos o reglas culturales y todos aquellos estímulos que inciden en el individuo en un instante determinado, como puede ser una caricia, una mirada, un perfume, un recuerdo, un hombre o mujer sin ropa, etc.
Apenas se estimula el deseo, aparece la excitación, que es una etapa donde no hay diferencias entre el hombre y la mujer, ya que se trata de estímulos del sistema nervioso al cerebro que, a su vez, genera modificaciones en el organismo, como aumento de la presión sanguínea, del pulso y de la respiración, más sangre en los genitales y mayor sensibilidad. Si bien este estado demora más en la mujer, su duración es más larga en el hombre.
La relación sexual atraviesa otras etapas que también conllevan cambios fisiológicos que acumulan tensión. La liberación de ésta llega con el orgasmo, que si bien no es igual físicamente para ambos géneros, sí lo es psicológicamente.

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