Ganadores y perdedores
Amenudo se dice que no basta celebrar elecciones para que haya democracia. Y es cierto. Pero las elecciones —libres y limpias, por supuesto— son indispensables para la democracia, tanto, que no es democrático un país donde no se elige libremente a los gobernantes.
En realidad, el acto electoral es la base de la democracia, sólo que para ser creíbles y legítimas las elecciones tienen que ser libres, abiertas y competitivas. En un país totalitario, como Cuba por ejemplo, hay elecciones pero no son libres ni pluralistas y por lo tanto el sistema de gobierno prevaleciente allí no tiene legitimidad democrática.
Dicho con otras palabras, las elecciones -libres, limpias y competitivas- son la única fuente de legitimidad del sistema político, de sus dirigentes y representantes, y no sólo de quienes gobiernan sino también de los líderes de los partidos. Además, por medio de las elecciones la población participa directamente en la constitución de la autoridad e indirectamente en la toma de decisiones.
De manera que al valorar las elecciones municipales del recién pasado domingo 7 de noviembre, ante todo debemos felicitar a los ciudadanos que concurrieron a sufragar por los candidatos y partidos de su preferencia; a los candidatos y partidos que obtuvieron la mayoría de los votos, pero también a los que, a pesar de que no ganaron, sin embargo contribuyeron con su participación al funcionamiento del sistema democrático, lo cual tiene, en todo caso, una gran importancia.
Precisamente por eso es que también debemos deplorar el alto grado de abstención que hubo en las elecciones municipales del domingo recién pasado. Es cierto que abstenerse de votar es una opción política del ciudadano y, en consecuencia, la abstención forma parte de la misma democracia. Pero el sistema democrático no funciona adecuadamente cuando no hay suficiente participación electoral y por eso es lamentable que el domingo pasado tantos ciudadanos se abstuvieran de votar.
El sufragio es para la democracia lo que la gasolina para el automóvil: si le falta no se puede mover ni funcionar apropiadamente. Además, quienes se abstienen de votar no sólo le hacen daño a la democracia sino que también se perjudican a sí mismos, pues de las abstenciones surgen los malos gobernantes y, en todo caso, la persona que no elige deja que otras decidan por ella. De manera que al haberse abstenido, el domingo pasado, la mayor parte de los electores, la principal derrotada es la misma democracia que se debilita inevitablemente al ser menospreciada por los ciudadanos.
Sin dudas que en cuanto a dividendos políticos específicos, el único favorecido por la gran abstención que hubo en las elecciones municipales del domingo pasado, fue el Frente Sandinista que de esa manera pudo capturar casi todas las alcaldías del país, con menos votos que en las elecciones anteriores, gracias a que sus electores cautivos son disciplinados y por la división de las fuerzas políticas democráticas. Aunque también es necesario señalar que muchas alcaldías sandinistas han sido eficientes, mientras que la mayoría de los alcaldes y concejales del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) se han distinguido por la corrupción y su incompetencia. Y esto lo castigó la ciudadanía democrática.
Finalmente, en las elecciones municipales del 7 de noviembre lo más llamativo después del gran abstencionismo fue la incapacidad del Consejo Supremo Electoral (CSE) para garantizarle a los votantes claridad y seguridad en los padrones electorales. No se puede asegurar que los padrones hubiesen sido manipulados para favorecer a algún partido, pero la verdad es que hubo una gran confusión en las listas electorales porque en la actualización que hiciera el CSE muchos ciudadanos fueron cambiados de Juntas Receptoras de Votos (JRV). Y además, hubo muchas diferencias entre las listas con que operaron las JRV y las que fueron fijadas en el exterior de los lugares establecidos para la votación, y eso provocó que muchos ciudadanos no pudieran votar.
El CSE tiene que dar una apropiada explicación sobre ese desorden, a fin de disipar las sospechas que ensombrecieron tanto como la abstención las elecciones del domingo pasado.

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