Madres, amigas fieles de toda la vida
Franklin Bordas Lowery
En el desierto abrasador se calcinan los pies del calor, se vaporizan los líquidos del cuerpo y la piel destila olor a carne quemada, hasta el mas fuerte, al quedar perdido en las arenas, lanza incluso el vestido, cuyo peso se multiplica por la debilidad y la desesperanza, ¿Cómo Agar, la esclava de Sara, anduvo errante por el desierto de Berseba, y en medio de tanta angustia y tribulación nunca se le ocurrió deshacerse de su hijo Ismael..? (Gen.21).
La madre conectada a sus hijos por hilos invisibles de amor, es capaz de cualquier sacrificio, incluso ofrendar su vida como precio especial por la de sus hijos. María, la madre del cordero, inmolado por la salvación del mundo, probablemente hizo intentos de levantar la cruz cuando su hijo caía bajo el pesado madero, poner su espalda y recibir ella los latigazos en vez del hijo, hasta reemplazarlo en la cruz, si lo hubieran permitido. Así es la madre siempre, amorosa, fiel, tierna, perseverante, compasiva, solidaria, amiga fiel por antonomasia.
“Al pie de la cruz” llorando indescriptiblemente estaba su madre, nos dicen las sagradas escrituras. Los apóstoles lo abandonaron al ultimo momento, las muchedumbres alimentadas cuando el milagro del pan y los peces, tampoco estaban. Los ciegos, los cojos y los paralíticos sanados que antes lo importunaban siguiéndolo, desaparecieron. Suele ocurrir, cuando las calamidades llegan, los amigos y hasta los hermanos te dejan solitario, mas tu madre, si está respirando aún, allí estará. La historia es siempre igual.
La madre, es más grande que el capitán de un barco, ya que ninguna vicisitud, la hará abandonarte. El apostolado maternal, se resume en la permanencia de la madre junto a sus hijos en toda circunstancia, mientras tiene vida. Esa fidelidad tiene origen en Dios, es una gracia recibida de lo alto.
El libro segundo de los Macabeos, capítulo 7º, relata la historia de siete hermanos mártires, que fueron cruelmente atormentados frente a su madre, para hacerlos renegar de su fe, pero prefirieron tormentos de toda clase, permaneciendo fieles a los mandatos de Dios hasta la muerte. Las torturas inflingidas, fueron desde cortarles la lengua, arrancarle la piel de la cabeza, amputarles manos y pies y quemarlos en una sartén ardiente, al lado de su madre, que fuerte, y amorosa en todo momento, les animaba a confiar en el Dios de los cielos.
Continúa narrando la Santa. Biblia, en el Capítulo 7º del 2º libro de los Macabeos: “Admirable en todo aspecto y digna de todo glorioso recuerdo, fue aquella madre que al ver morir a todos sus hijos en el espacio de un solo día, padecía todo esto con valentía, porque tenía la esperanza puesta en los premios que Nuestro Señor tiene reservados para sus fieles amigos”.
Heroínas en el anonimato, son las madres. Dejando de comer para que sus hijos coman. Abandonando sus necesidades para resolver las de sus hijos. Si te abandona la salud, se va el éxito y la prosperidad; si pierdes el empleo o la posición social, y los amigos se lanzan del barco de tu amistad, seguro que tu madre estará allí. El matrimonio podrá sucumbir ante los problemas, el esposo o la esposa podrá desertar, los hijos podrán irse también pero tu madre allí estará, quizás menos fuerte, anciana pero dispuesta a todo por ti, ella jamás claudicará. Ella es tu amiga fiel.
Agar soportó la dureza del desierto de Berseba, sin abandonar a su hijo. María igual. Las lecciones se repiten. Madres solteras, madres abandonadas, madres torturadas, madres desempleadas, madres desconsoladas, sufren en silencio mientras regalan alegrías a sus hijos hasta el último momento. Rindamos tributo a nuestras madres, cumpliendo este mandamiento con promesa del Señor nuestro Dios, que dice: “Honra a tu padre y a …tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor te da”. (Éxodo 20.12).
El autor es escritor. lowery@cablenet.com.ni

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