DOMINGO 30 DE MAYO DEL 2004 / EDICION No. 23,465 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




La lectura y la globalización

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Lesly Medina

Hace no mucho tiempo leí en LA PRENSA un artículo sobre las obras literarias que se han inmortalizado en el cine. Me pregunto cuántas personas de las que asisten a las salas de cine o alquilan películas conocen la historia de los filmes por la lectura y cuántas por el cine o la televisión.

En el séptimo arte los avances de la globalización son asombrosos. Es innegable que ésta tiene una fuerte influencia en la sociedad, de ahí que fue innumerable la cantidad de personas que asistiera a las salas de cines a hacer largas filas para ver la película La Pasión. Todo eso me hace reflexionar sobre la cantidad de lectores que existen en el país, dada la accesibilidad de la información por el dichoso proceso de ruptura de fronteras. Con ello no quiero decir que estoy en contra del progreso, pero sí en contra de la colonización de las conciencias, dado que con ello no sólo tenemos pobreza material, sino espiritual.

El Consejo Nacional de Universidades (CNU) contabiliza que de los 6,342 estudiantes que este año realizaron examen de ingreso en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), junto con las sedes de Managua y los departamentos, sólo 756 aprobaron el examen de Español (11.92 por ciento), lo cual refleja el grave déficit que tienen los estudiantes en lo que a lectura se refiere. Igualmente, por mi experiencia como docente, me atrevo a afirmar que actualmente los jóvenes no sólo no leen, sino que no saben leer, ni siquiera pueden seguir las orientaciones que se les dan en el examen. En consecuencia prefieren ver una película que leer una obra literaria, pues consideran que la lectura es un ejercicio aburrido. Incluso, en algunas ocasiones en que se orienta una obra literaria, los alumnos preguntan si esa obra no se ha llevado al cine, para alquilar la película y evitar leer lo que se ha asignado.

Antes de seguir, quiero aclarar que no estoy en contra de que se lleve al cine las obras literarias, pero creo que es contraproducente que se sustituya la lectura por la película. Recuerdo que en mi época de estudiante, cuando se nos asignó la obra Los miserables, de Víctor Hugo, algunos de mis compañeros sólo vieron la película y no leyeron la obra –y esto que nuestra especialidad demandaba el ejercicio de la lectura–. Pero los que hemos leído y visto la película, sabemos que en ésta se omiten muchos detalles, personajes, escenas que enriquecen la obra: Eponina Ternardiér, la vida de Cossete con esta familia, el robo del pedazo de pan por el que Jean Valjan fue apresado. En fin, cosas que sólo se saben si se ha leído la obra. Obviamente, con esto no estoy proponiendo que se filmen todos lo detalles de la obra, dada la dinámica del cine, pero es difícil formarse un criterio completo sólo con presenciar la película.

Creo que el problema del hábito de la lectura tiene su raíz en la educación primaria, pues es aquí donde los seres humanos formamos las costumbres que nos acompañarán a lo largo de la existencia. No obstante, posteriormente, cuando maduramos podemos iniciarnos en este importante ejercicio para nuestra vida profesional y personal lo cual –debemos estar conscientes– resultará bastante difícil, pero no imposible.

Para finalizar quiero compartir con los jóvenes estudiantes que para poder realizar esas películas que tanto los cautivan, los guionistas, los productores, editores, etc., tienen que leer. Y mucho, claro. Supongo que eso sí lo saben, porque una cosa es no leer y otra es ser ignorante. Aunque leí en algún lugar: “Si no leo me aburro”. ¿Será lo mismo? ¿ustedes qué creen?

La autora es licenciada en Filología y Comunicación.
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