La vida y la madre en el transcurso de la historia
Ana María Ch. de Holmann
Todo lo que se anunció se realiza para nuestro bien. Se fueron ordenando todas las cosas como Él sólo sabe hacerlo y, con su poder eficaz y bondad, creó la vida, los animales y luego al hombre para que éste nombrara por su nombre a cada una de las fieras y las aves de la Tierra. Y también Yavé creó a la mujer a su imagen y semejanza para que le ayudara al varón y fuera su compañera. Entonces, al verla, el hombre exclamó: “Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne”.
Ambos conocían el bien y el mal y decidieron, por su propia libertad, sufrir las consecuencias al caer en la tentación.
Yavé le dijo al hombre: “Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque polvo eres y al polvo volverás”. Y a la mujer le dijo: “Multiplicaré tus sufrimientos y darás luz a tus hijos con dolor”.
De esta manera quedó constituida la unión del hombre y la mujer para tener descendencia y poblar la Tierra y servirse de los animales para recrearse y alimentarse.
A través de muchas lecturas en el Antiguo Testamento de la Biblia, sabemos que los hombres y las mujeres de aquel tiempo se sentían maldecidos al no tener descendencia, ya que los profetas anunciaban y proclamaban la venida del Mesías y las mujeres esperaban que de alguna de ellas naciera el Elegido.
Abraham fue uno de esos hombres desdichados hasta su vejez por no haber procreado hijos con su esposa Sara, aunque él por su cuenta buscó a la esclava Agar, con quien tuvo un hijo llamado Ismael. Pero un día Yavé le dijo: “Cuenta las estrellas y ese número será tu descendencia”, y su mujer Sara ya anciana engendró a su hijo, Isaac, como favor de Dios en respuesta a su fe.
Relata el Génesis la historia de Jacob, a quien Raquel, su mujer, no le podía dar hijos. Entonces ella le dio a Jacob su esclava Bilá para que también ella, Raquel, gozara de ser madre a través de otra: “Dios me ha hecho justicia” –dijo Raquel– pues ha oído mi voz y me ha dado un hijo a quien llamó Dan. Y la esclava le dio a Jacob un segundo hijo que fue Neftalí. Luego Lía, hermana de Raquel, le dio a Jacob un quinto y sexto hijo llamados Isacar y Zabulón. Ella alababa a Dios diciéndole que era un regalo y le agradecía por haber escuchado sus plegarias. Asimismo, se acordó Dios de Raquel y le dio el don de la fecundidad, por lo que ella exclamó al dar a luz: “¡Dios ha quitado mi vergüenza!”, y le puso por nombre José, quien fue el precursor de la estirpe de David.
Tanto el fruto que brota de la tierra como el fruto del amor que nace del vientre de una madre son regalos de Dios, favores del amor y de la generosidad del Creador. Es toda una historia de la vida, escrita de generación en generación.
Madre, padre y luego los hijos son los elementos que integran y forman una familia. Esto es el concepto claro y único que hasta en los últimos tiempos hemos tenido tanto por la ley natural como por la divina, leyes en las que se basan la Declaración de Derechos Humanos y la Constitución de Nicaragua. Estas declaraciones son basadas en la unión conyugal matrimonial entre el hombre y la mujer, para procrear, guiar y educar hijos de una manera digna, honesta, inculcándoles los valores y principios fundamentales, los que comienzan en la enseñanza del hogar, y el ejemplo a través de la familia. Declaración que reconoce como primera prioridad la vida, que al momento de ser concebido un ser, éste adquiere un derecho propio, y la madre contrae un deber: el de proteger, alimentar, cuidar, velar por ese ser indefenso, débil y dependiente.
Es por ello que la familia quiere ser destruida por las diferentes corrientes ideológicas que debilitan y desintegran el concepto de familia, y es en esa brecha que penetran todos los males: drogadicción, alcoholismo, sexualidad temprana, delincuencia juvenil, el abuso y la violencia y otras consecuencias que trae la división de la familia con la separación de los hijos con los padres, la cárcel de los jóvenes por crímenes, robos, etc., el desorden sexual que luego trae el aborto, negándole la vida a un ser inocente. En fin, todo lo que conduce al desorden de la sociedad.
El papel de la madre es el más importante dentro de la familia. Madre, ese es nuestro principal papel. No hay que dejar malograr ese fruto del amor de una unión sagrada. Fruto del amor divino que Dios le ha dado a la mujer, ese don misterioso y maravilloso el de ser creadora a semejanzas del Creador Universal y Divino.
Y el Salmista le canta a la vida:
Todas esas criaturas de ti esperan
que les dés a su tiempo el alimento;
a penas se lo das, ellos lo toman,
tú abres la mano y sacian su apetito.
Si tú escondes tu cara, ellos se aterran
si les quita tu aliento, ellos se mueren
y retornan al polvo.
Pero envías tu soplo, y son creados
y le das a la Tierra un nuevo aspecto.
¡Que la gloria de Dios dure por siempre
y se alegre en sus obras el Señor!
Si Él mira hacia la Tierra, hay terremotos
o si la toca, humean los volcanes.
Quiero cantar a Dios toda mi vida
y tocar para Él, mientras exista.
¡Ojalá que le agraden mis palabras!
La autora es madre de siete hijos.

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