Especial
Engaños ante necesidad
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La casa de la señora Norma Borges, dueña de la Agencia Norma, presuntamente es un establecimiento que sirve de casa de reclutamiento a jovencitas que vienen de los departamentos en busca de empleos a Managua.
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María Acuña Herrera
“Me preguntó si estaba embarazada y yo le dije que no. Ella me aseguró que embarazada no me podía conseguir empleo en ningún lado y que por si acaso me iba preparar un cocimiento para abortar. Ante la necedad de ella y mi desesperación por conseguir el empleo me lo tomé”, recuerda Ana, nombre que usaremos para proteger su identidad.
Tiene 25 años y trabaja como doméstica en una elegante casa en una zona residencial de Managua. Con una diversidad de gesticulaciones y movimientos de sus manos, que dejan al descubierto su nerviosismo, esta espigada somoteña reveló uno de los momentos más angustiantes de su vida: conseguir un trabajo a través de una agencia de empleo.
“Vine bien entusiasmada a Managua porque a través de la agencia iba a trabajar”, añadió. El empleo ansiado que serviría para ayudar a paliar un poco la situación económica suya y del resto de la familia, llegó un mes después de su llegada a Managua.
La propietaria de la agencia le dijo que tendría un empleo seguro, pero antes, debía pasar unos días en su casa de habitación. “En la primera semana la dueña me ponía a lavar, cocinar y planchar para comprobar si yo era trabajadora, puras mentiras de ella; lo que quería era explotarme y después prostituirme”, asegura ahora la joven con cierta indignación.
“Desde que me vio dijo ¡ah!, yo sé para qué está buena ésta. En ese momento no lo entendí, pero a medida que iba pasando el tiempo supe de qué se trataba. Todo hacía indicar que quería prostituirme. En la casa habían otras chavalas que también estaban esperando el empleo. Con algunas de ellas logré hacer amistad, pero ahora no sé donde están las pobres. Yo al menos logré salir de ahí”, expresa en tono consolador.
Norma Borges, a quien Ana menciona como la dueña de la agencia de empleos Norma, ubicada en Bello Horizonte, al ser consultada vía telefónica se limitó a decir que ya no se dedicaba a ese negocio y que todo lo dicho por la joven era falso. “No sabía (hacer) nada y por eso se fue”, dijo la mujer al otro lado del teléfono.

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