Un mundo verde en San José de Bocay
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Lejos del mundanal ruido de las ciudades, donde el asfalto termina para dar paso a las polvosas carreteras en verano y lodosas en invierno, existe un mundo verde, lleno de vida, de cantos y vuelos de pájaros, montañas cubiertas de neblina, y riachuelos que bajan de las cordilleras para unirse al milenario río Bocay |
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Orlando Valenzuela
Aunque ya era conocido como parte del municipio El Cuá-Bocay, hoy, ya independiente, San José de Bocay es el municipio más joven de Nicaragua, pues fue creado el 22 de marzo del año 2002, hace apenas dos años.
El rápido crecimiento del municipio, sobre todo su cabecera municipal, San José de Bocay, es consecuencia de la postguerra de los años 80, pues en ese lugar fueron ubicadas centenares de familias que huyeron del conflicto en las zonas rurales, así como también la llegada de gente de otras regiones del país que ven en los vastos territorios de este municipio una alternativa de sobrevivencia.
La población ha generado un dinamismo productivo y económico, a tal punto que San José de Bocay hoy es considerado un importante puerto de montaña, hasta donde baja gran parte de la producción de granos básicos, como el maíz, los frijoles, arroz, queso, papa, tomates, repollo, remolacha, cebolla y otras hortalizas.
También ofrece al visitante rural un pujante comercio donde se destacan las tiendas de ropa, calzado, productos agrícolas y decenas de pulperías con toda clase de comestibles.
San José de Bocay está ubicado a 117 kilómetros de Matagalpa y, como ya sabemos, La Perla del Septentrión se encuentra a 130 kilómetros de Managua, por lo que en total son 247 kilómetros desde nuestra capital.
Con 46,398 habitantes y 3,990 kilómetros cuadrados de extensión, de los cuales el 80 por ciento está dentro de la Reserva de Biosfera de Bosawás, San José de Bocay es un municipio con gran potencial de desarrollo ecoturístico.
EL SALTO DEL LAGARTO CHINGO
Para empezar, a sólo unos 500 metros de la entrada al pueblo, se encuentra la cascada conocida como “Lagarto Chingo”, que es visitada por los vecinos para disfrutar de las frescas aguas que bajan de las colinas cercanas. El nombre de este salto se debe a que hace unos 30 años, en ese sector del río existió un lagarto sin cola, que cuando la gente se acercaba para bañarse, se zambullía en el agua, asustando a los bañistas, hasta que un día desapareció y nunca se volvió a saber de él.
LAS PIEDRAS DEL LEBAY
A unos seis kilómetros al sureste del poblado se encuentran las boscosas montañas que rodean las imponentes piedras del Lebay, de donde sale el agua cristalina que consume la población del casco urbano de San José de Bocay. Las cumbres de esas montañas permanentemente cubiertas por espesa neblina, son el refugio de miles de loras, guacamayos, oropéndolas, tucanes, gavilanes, tigrillos, dantos, monos y otras especies de animales exóticos.
Para conocer esos bellos parajes, existen varios senderos, pero es mejor hacerlo con la ayuda de un guía para no perderse en el bosque. También se debe llevar ropa ligera y botas resistentes al lodo y al agua, pues durante la mayoría del trayecto se atraviesan diversos riachuelos y quebradas, así como también zonas donde abundan las serpientes barba amarilla, uno de los mortales reptiles de la selva.
LAS VENAS VOLCÁNICAS
Aunque pareciera incompatible con la humedad de la zona, pero a más de 10 kilómetros de Ayapal, existe un campo de aguas termales que han formado una pequeña laguna, hacia donde se llega sólo en bestias y a pie. Poca gente lo visita porque existe la creencia de que el olor a azufre que sale en las burbujas de vapor, viene del mismísimo infierno.
Sin embargo, personas como don Filemón Suárez, de la comunidad Tunowalam, afirman que parece que allí existe un hervidero de volcán, y que la temperatura del agua es tan alta que hasta se pueden cocer huevos y guineos verdes. Durante las mañanas, y sobre todo cuado llueve, el vapor que se levanta es tan espeso que casi no se ven las montañas vecinas. Este lugar es conocido por los pobladores como Aguas Calientes.
LAS CUEVAS DE TUNOWALAM
Ubicadas a unos 20 kilómetros abajo de Ayapal, siguiendo el curso del río Bocay, estas cuevas forman un complejo sistema de túneles y oquedades formados hace miles de años en la base y zona intermedia de una larga cordillera, ubicada en la comunidad Tunowalam. Éstas son quizás, las cuevas más grandes y profundas que existen en Nicaragua y su recorrido constituye un reto y atractivo para turistas aventureros. Para llegar a estas impresionantes cuevas se necesita de la ayuda de un experimentado guía, y no tener miedo de viajar en los diminutos pipantes o botes de madera que recorren las embravecidas aguas del río Bocay.
EL KILAMBÉ Y EL SASLAYA
En el mismo municipio se encuentran dos de los cerros más altos de Nicaragua, cada uno en el centro de un área protegida diferente: el Cerro Kilambé, de 1,745 metros de altura y el Cerro Saslaya, en el corazón de la Reserva de Bosawás, el pulmón verde más importante de Centroamérica.
Ubicados en direcciones opuestas, los dos cerros, por sí mismos son un atractivo turístico, pues en estas áreas protegidas existe una de las mayores concentraciones de biodiversidad de América Central, lo que, según el dictamen técnico elaborado por Claudio Gutiérrez, director del Instituto Nicaragüense de estudios Territoriales (Ineter), convierte a esta zona en lugar ideal para la investigación científica, el ecoturismo, la producción de oxígeno y otras actividades afines.
LAS COMUNIDADES INDÍGENAS
Quizás lo más interesante para un visitante foráneo o turista ávido de nuevos conocimientos, es la posibilidad de entrar en contacto con la gente de las comunidades indígenas mayagnas y miskitas que viven en las riberas de los ríos Lakus, Amak, Wina, Coco y otros que se adentran en el corazón de la reserva de Biosfera de Bosawás.
Esas comunidades indígenas, de las que más de 5,000 personas están dentro de los límites del municipio San José de Bocay, conservan muchas de sus tradiciones ancestrales, como su lenguaje, hábitos culturales, creencias y modo de vida.
CÓMO LLEGAR Y DÓNDE QUEDARSE
Para conocer esos bellos lugares de nuestro país, primero hay que llegar a Matagalpa, ciudad que ofrece la vía más accesible.
Para viajar en vehículo particular, hay que asegurarse que sea de doble tracción y carrocería alta, pues hay que pasar varios ríos que no tienen puente. Si no tiene vehículo, hay que tomar un bus en el mercado de Guanuca, que sale a las seis de la mañana hacia San José de Bocay, en un viaje de seis horas y a un costo de 45 córdobas el boleto. Una vez en San José de Bocay, se toma otro bus, que hace el enlace para transportarlo, por 30 córdobas, a Ayapal, tardando la travesía unas cuatro horas. Allí se duerme y si quiere recorrer las riberas del río Bocay y conocer la cuevas de Tunowalam, se debe contratar los servicios de un panguero del lugar.
Tanto en San José de Bocay como en Ayapal, existen hospedajes y pequeños hoteles donde quedarse a dormir, los cuales cuentan con algunos servicios básicos, como baños, abanicos y en contados casos TV de cable en la sala.
El costo varía según las condiciones de cada lugar. Se puede encontrar una habitación a un costo entre 30 y 100 córdobas. San José de Bocay ofrece siete alternativas de alojamiento, mientras tanto, Ayapal cuenta con cuatro.

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