DOMINGO 30 DE MAYO DEL 2004 / EDICION No. 23,465 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Desde Washington
El adiós de “Paco” Flores

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Marcela Sánchez/washingtonpost.com

Ahora que sus planes de llevar libertad y democracia al Medio Oriente están asediados por incertidumbres, el presidente Bush se despidió esta semana de aquel líder al sur del Río Bravo considerado a menudo la prueba viviente de que los valores de Bush, en buenas manos, pueden funcionar.

El presidente de El Salvador, Francisco Flores, termina su gobierno el próximo martes con una impresionante tasa de aprobación del 72 por ciento. Deja la “casa en orden”, según informes de la prensa salvadoreña, con una inflación del solo 2.5 por ciento y un crecimiento económico dos veces más alto que el promedio latinoamericano, todo a pesar de dos terremotos devastadores, bajos precios del café y elevados precios de la gasolina.

Muchos esperaban que Flores y Bush aprovecharían su última reunión esta semana para firmar el tratado de libre comercio entre Centro América y Estados Unidos (Cafta) en un acto triunfal de sus valores compartidos de economías abiertas y libre empresa. Pero las presiones de un año electoral, que hacen más espinosos que de costumbre los temas comerciales, dejaron las firmas protocolarias en manos de los ministros de comercio centroamericanos y el Representante Comercial de Estados Unidos Robert Zoellick en una ceremonia el viernes en la Organización de Estados Americanos.

No hay duda de que la obediente aplicación de las recetas de reforma de mercado de Washington pusieron a El Salvador en una elevada posición en el “Índice de Libertad Económica” publicado por The Wall Street Journal y la Fundación Heritage. Apenas 12 años después del fin de una sangrienta guerra civil, la disciplinada marcha de El Salvador hacia la privatización junto con la reducción de la “intervención” del gobierno en el comercio y la inversión, lo han puesto incluso por encima de España, Italia y Noruega.

El aprecio de Bush por “Paco”, como Bush llama a Flores, ayudó a asegurar que la principal fuente de ingresos externos –remesas– permaneciera estable al extender en varias ocasiones los permisos temporales para inmigrantes salvadoreños en este país.

Pero las afinidades presidenciales no serán suficientes para ratificar a Cafta en el Congreso, ni para hacer realidad su promesa de llevar prosperidad a la mayoría de la población en la región. Para ello, lo que se requerirá son nuevas lealtades que trasciendan los límites ideológicos tradicionales.

La esperanza de Zoellick es que esas nuevas alianzas ocurrirán en este país una vez los conservadores y liberales que se oponen al Cafta entiendan que el tratado ayudará a consolidar las ganancias democráticas de la región. La izquierda, en particular, debería ver a Cafta como el medio para llevar a cabo su agenda de estabilidad y prosperidad a Centro América.

La izquierda tiene razón, sin embargo, en creer que no se puede confiar en que las fuerzas del mercado por si solas se encargarán de beneficiar a los más necesitados. Zoellick reconoció en una entrevista que “el comercio es una oportunidad no una panacea” y agregó que Estados Unidos está proporcionando incluso alguna ayuda bilateral para asegurar que el comercio tenga éxito.

“Una de las lecciones” de Nafta, dijo, es que México no aprovechó plenamente las ventajas del comercio al no invertir más en educar a su fuerza laboral para que pudiera seguir siendo atractiva a los inversionistas incluso cuando dejó de ser competitivamente barata. Las legítimas preocupaciones de la izquierda no debieran, sin embargo, bloquear tratados comerciales en su totalidad.

Joaquín Villalobos, el ex líder guerrillero de izquierda en El Salvador lo dijo mejor: “Todo lo que se hace se puede corregir”, dijo en una entrevista esta semana. “Lo que no se puede corregir es cuando pierdes las oportunidades. Eso es lo que la izquierda no ve”. Recordó que la guerrilla del FMLN luchó en El Salvador para disolver monopolios y controles oligárquicos del gobierno y para reducir la pobreza en áreas rurales. Hoy, Cafta podría lograr ambas cosas, dijo, y aquellos que se oponen al tratado podrían básicamente estar perpetuando las condiciones que llevaron al conflicto.

Villalobos reconoció que debido a los propios errores de la izquierda en El Salvador, el gobierno entrante del partido Arena de Flores tendrá que ser el que adopte los programas sociales claves para que los beneficios de Cafta no tengan corta vida. El nuevo gobierno de Antonio Saca tendrá su mayor reto en ser “un gobierno de derecha con tareas de izquierda”, dijo.

Sería ingenuo desconocer que las reformas llamadas “neoliberales” en la región están siendo a menudo rechazadas con repugnancia como imposiciones no viables del norte. En una entrevista Flores afirmó que los líderes pueden esconderse detrás del “nuevo lenguaje demagógico que culpa a la globalización o de los países ricos” pero eso “al final no ofrece soluciones a sus países”.

Fue el mismo Flores quien hace más de tres años advirtió que las reformas de mercado no eran garantía de prosperidad. “Decidimos apostarle a la libertad… y desarrollamos una política de apertura”, dijo en la Cumbre de las Américas en Québec en abril del 2001. Pero “no hay nada más endeble y frágil que la libertad”, agregó, especialmente si las naciones industrializadas no abren plenamente sus mercados al comercio proveniente del sur.
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