Julio ese famoso desconocido
 |
|
 | Cuestiona las verdades instituidas, desde la nacionalidad del escritor hasta el carácter francés de su erre gutural. |
|
|
| |
Eduardo Monte-Bradley/(Escritor y Cineasta)
El día en que se inventaron las solapas de los libros nacieron las biografías de bolsillo. La solapa suele ser una columna donde se resumen ciertos (o inciertos) logros del autor: a cuántos idiomas fue traducida su obra, en qué universidad de los Estados Unidos enseñó algo mientras preparaba su próximo libro, si nació en tal cual parte del planeta para terminar muriéndose en tal o cual otra: una pena porque ahora vamos a tener que repatriar el cadáver y enterrarlo en la Recoleta. Está claro que algunos se nos escapan y, como Borges o Ginastera – enterrados en el cementerio ginebrino Des Rois de Plainpalais-, consiguen eludir el asedio. En el caso de Cortázar, la cosa no es tan fácil. En principio pareciera estar bien sepultado en París y sin muchas ganas de soportar las exhumaciones patrióticas de otros próceres del Panteón Nacional. Y es que quizás allí, o mejor dicho en la solapa de sus libros, resida el meollo de la cuestión que tanto nos preocupa: la nacionalidad del sujeto. Donde debiera decir “nacido en Bruselas en 1914” suele decir “nacido accidentalmente en Bruselas en 1914”, lo cual no deja de ser todo un detalle por parte de los editores responsables del accidente.
¿Qué significa “nació accidentalmente en Bruselas?”
Veamos:
Julio José Cortázar Arias y su esposa residen en Bélgica desde agosto de 1913, es decir un año antes del accidente, con lo cual quedan despejadas las dudas respecto del lugar de gestación que, si bien pudo haber sido accidental, tuvo al menos una localización cierta. La pareja de argentinos residentes en la comuna de Ixelles, en los suburbios de Bruselas, permanecerá allí más de un año después del advenimiento del primogénito y a tiempo para la concepción de un segundo embarazo. Nada de accidental en que alguien nazca en el lugar en el que viven sus padres. ¿Entonces por qué tanto énfasis, tanto empeño?
En lo accidental pareciera ser que se busca conformar un Cortázar a imagen y semejanza del escritor que los argentinos queremos que sea, y los argentinos queremos que sea argentino, para lo cual se vuelve indispensable que haya nacido accidentalmente en Bruselas. Bélgica y el mundo son accidentes que no pueden, con todas sus sombras, oscurecer el brillo del ser nacional. Lo accidental apunta a destacar el carácter transitivo del paso de la familia Cortázar por Europa, lo que resulta francamente absurdo a la luz de nuevos y reveladores argumentos.
La biografía de Cortázar tiene algunas maravillosas, como aquella del padre diplomático o la del acento francés que tanto nos complace a los rioplatenses a la hora de elegir fotografía en la que se lo ve junto al Sena para poner en el portarretratos que tenemos “sur bibliotèque”.
El tema de lo accidental en Cortázar no termina ni se resuelve en la solapa de sus libros. En un intento por argentinizarlo, las mismas solapas que hablan de lo accidental de su nacimiento señalan que el escritor adopta la nacionalidad argentina de sus padres, lo cual es lisa y llanamente otra de las mentiras con las que se busca fundir en bronce al autor. Resulta menos absurdo que haya dependido de una determinación personal teniendo en cuenta que fue anotado (si es que fue anotado: no existen los registros consulares) como argentino en la legación de Bruselas sin su consentimiento, algo entendible teniendo en cuenta los escasos cincuenta y un días de vida del infante belga. Pero lo cierto es que la única vez en la vida en que Cortázar tiene la posibilidad de optar por una ciudadanía lo hace por la que gentilmente podríamos llamar su segunda patria. El pasaporte que Francia le otorga no es el resultado del capricho de sus padres; es la conclusión de un arduo y penoso proceso que requiere, ante todo, de su voluntad y esfuerzo. Allí no intervinieron factores externos que condicionaban a terceros, vencidos ante la probabilidad de un vástago sin patria. Para obtener el pasaporte francés, Cortázar, ya adulto, debió solicitar la ciudadanía, cumplir con los requisitos formales, esperar años para que finalmente le concedieran lo que deseaba. 
|