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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 29 DE MAYO DE 2004
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Leyendo a Julio

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Marta Leonor González

En mi intensa búsqueda por conocer un poco más de la literatura, las lecturas de los cuentos y novelas de Julio Cortázar (1914-1984), me llaman a buscar ese duendecillo, maga y ficciones que sólo encuentro en Historias de Cronopios y de Famas, Rayuela y Todos los fuegos el fuego, por mencionar algunos, cuyo ingenio va más allá de lo real maravilloso.

Al recordar a Cortázar: ese Cronopio inolvidable, preciso comentar que Julio, utiliza por primera vez el término Cronopio en 1952, en una crónica a un concierto de Louis Amstrong (posteriormente incluida en La vuelta al día en ochenta mundos) que titula: Louis, enormísimo Cronopio. Es en ese mismo año cuando la presencia de los Cronopios se le impone casi sin buscarlo después de un concierto, el mismo relata; “tuve la sensación de que había en el aire personajes indefinibles, una especie de globos que yo veía de color verde, muy cómicos, muy divertidos y muy amigos, que andaban por ahí circulando. Inmediatamente supe que su nombre era Cronopios.

Historias de Cronopios y de Famas ofrecen una suerte de taxonomía humorística y sui géneris del género humano. Cortázar la explica así: “Empecé a escribir sin saber cómo eran. Luego tomaron un aspecto relativamente humano, con esas conductas especiales de los Cronopios, que son un poco la conducta del poeta, del asocial, del hombre que vive un poco al margen de las cosas”.

Cortázar, en Historias de cronopios y de Famas, expresa su rebeldía contra los objetos y personas que constituyen nuestra vida cotidiana y nuestra mecánica manera de relacionarnos con ella.

Al leer a Julio Cortázar se van desgranando esas claves obsesivas que le eran tan queridas: la música como una constante un referente formal para la escritura como lo fue el Jazz, la discontinuidad del tiempo y del espacio, lo irracional como alternativa de lo cotidiano, con el uso frecuente de virajes constantes en las personas y tiempos verbales, y en fin, con una trasgresión y distorsión renovadora de la forma narrativa.

Es en cada historia una regla de escritura: es el último desplante de destreza del que un autor sabrá o no echar mano en tanto que el truco favorezca a las bondades que ya de suyo el cuento poseía. De manera que Cortázar emplea ese juego en la narrativa en sus libros de cuentos comoun Final del juego.

Un escritor que a través de su radiografía social, hurgó en las entrañas más profundas, de los Cronopios, de esos seres indefinibles pero a la vez cotidianos que hacen en el mundo verdaderas leyendas, como lo fue Julio, porque al leerlo vamos descubriendo ese mundo más humano, como en Rayuela que abrió a muchos las puertas de una lengua libre, de un lenguaje nuevo, extremadamente creativo y diferente.

Esta edición de alguna manera conmemora los 40 años de la aparición de Rayuela, novela de principal referencia de la narrativa Latinoamérica del siglo XX y los 20 años de la muerte de Cortázar, un amigo de Nicaragua.  
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