VIERNES 14 DE MAYO DEL 2004 / EDICION No. 23,449 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




¿Mártires?

En un reportaje de LA PRENSA del 1 de

mayo se da una versión distinta a la del historiador Salvador Borrego en su obra América peligra, 1965, acerca de los Mártires de Chicago. Éstos fueron unos anarquistas infiltrados en los gremios obreros de Estados Unidos. A dos de ellos, Augusto Sples y Michel Schwab, los obreros de una fábrica de Chicago los señalaron como provocadores el 3 de mayo de 1886.

Al día siguiente, los anarquistas distribuyeron manifiestos llamando a las armas. La policía estaba a la expectativa en la vía pública y fue arrojada contra ella una potente bomba, que causó la muerte a ocho agentes y dejó heridos a 60. Fueron capturados más de diez sospechosos, quedando convictos de terrorismo Augusto Sples, Adolfo Fischer, Luis Ling, Jorge Engel (los cuatro recién llegados de Europa) y Albert R. Parsons, estadounidense. A Ling se le encontraron bombas en su casa y se suicidó tomando una cápsula del poderoso explosivo que fabricaba.

La Primera Internacional Comunista acordó en Ginebra que los sucesos en Chicago fueran exaltados mundialmente. En 1889, la Segunda Internacional, dispuso que a los dinamiteros se les llamara “Mártires de Chicago” y que el primero de mayo se conmemorase como Día de la Solidaridad Mundial de los Trabajadores. Estados Unidos no acogió esta iniciativa, pues desde siete años atrás —el 1 de septiembre de 1882— celebraba su “Laboral Day”. Los obreros estadounidenses sabían que los verdaderos mártires de Chicago eran los policías muertos, no los cuatro dinamiteros.

Mi tío Sofonías Salvatierra, fundador del Obrerismo Organizado en Nicaragua, conocía a fondo estos hechos y por eso decidió celebrar el Día de los Trabajadores cada 15 de septiembre. El suceso de Chicago en 1886 les era desconocido a los obreros nicaragüenses —argumentaba—. “No así el 15 de septiembre, que tiene para nuestro obrero una significación actual y profunda, como que él recuerda la transición de siervo a ciudadano”.

Mario José Borge Castillo
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