Jóvenes dispuestos a ayudar
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Están involucrados en proyectos sociales en sus colegios con la intención de llevar un poco de alegría y esperanza a los más necesitados |
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Oscar Meléndez mientras realiza el taller de reforzamiento de español y matemáticas con los estudiantes de sexto grado de la Escuelita La Tejera. |
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Martha Solano Martínez
Sus compañeros los tildan de locos que no tienen nada más interesante qué hacer. Otros, los reconocen como un grupo de desocupados que sólo buscan la mejor excusa para salirse de clases o salir del colegio.
Y ...¿Cuál es la excusa?
Pues nada más y nada menos que una razón muy humana, la solidaridad.
Hay quienes piensan que la frase “...ayuda a los más necesitados...”, es una idea muy cursi, trillada o pasada de moda, pero en realidad no es así.
La mayoría de ellos ayudan a que los proyectos sociales de los colegios tengan resultados.
Se apuntan en las rifas, llegan a las fiestas, pagan “cinco pesos” para entrar vestidos de color a clases o en los casos de mayor entrega, ustedes los estudiantes son los principales creadores e impulsores de las recolectas que se hacen para ayudar a los niños, enfermos y ancianos.
Las pastorales sociales de los colegios son el principal centro que incentiva la solidaridad en los alumnos.
UNA MANO AMIGA PARA LOS ANCIANOS
Gloria Araya, una estudiante del cuarto año “C” del Instituto La Salle, es un ejemplo a seguir. Por ahí dicen que la solidaridad no se aprende, sino que se siente. Y la verdad que en algunas ocasiones sucede.
Gloria acostumbraba ir de visita al Asilo de Ancianos San Pedro Claver, en Masaya. “Un día, de manera voluntaria, me levanté y les comenté a mis compañeros que visité junto con mi abuela a los ancianos de un asilo y que les llevamos provisiones, pero que eso no fue suficiente porque ellos tienen muchas necesidades”.
Entonces, Gloria le propuso a sus compañeros que hicieran una recolecta para comprar víveres y llevárselos a los viejitos, y claro, todos aceptaron.
Ahora, lo que comenzó como una pequeña idea, se ha convertido en todo un proyecto en el que participan todos los alumnos del décimo C.
La última meta que se han planteado es pintar todo el asilo y como fecha tope se impusieron el mes de junio.
Además, les hacen convivios, les llevan música y piñatas, conversan con ellos y lo mejor de todo, reciben sus buenos consejos. Para lograr todo esto buscan apoyo con algunas empresas privadas y para sorpresa de todos, dentro de ese asilo viven un ex profesor y un ex alumno del mismo colegio.
ENSEÑAN LO QUE SABEN
Existen en los colegios proyectos que se preocupan por el aprendizaje de los niños que estudian en otras escuelas más pobres. En estos proyectos los estudiantes se ofrecen para hacer encuentros sabatinos para brindarles reforzamiento pedagógico.
El Lincoln Academy y el Instituto Loyola, son dos de estos centros en los que sus estudiantes se caracterizan por enseñar lo que han aprendido en sus aulas de clases a otros niños de escasos recursos.
José Ernesto Vargas de quinto año del Lincoln Academy, es uno de los chicos más destacados en cuanto a labores comunitarias se refiere.
Ernesto, como le suelen llamar, es un joven tan humilde y amable, que a leguas se nota que el trabajo social que ha desarrollado durante los últimos cinco años no ha sido en vano y lo ha convertido en una persona muy sensible a las realidades que lo rodean.
Este chico además de coordinar y dar charlas a sus compañeros en retiros espirituales dentro y fuera del colegio, también es el principal impulsor de las actividades para ayudar a personas con cáncer del Hospital Bertha Calderón y de los círculos escolares con los niños de la Escuelita Juan XXIII de Las Colinas.
También es impulsor de actividades para apoyar a los niños de Operación Sonrisa, las labores de reconstrucción de la parroquia El Calvario de Masaya, y recolección de fondos para obsequiarles canastas navideñas a los trabajadores del colegio.
“Cada vez hay una necesidad nueva, pero también hay un grupo de estudiantes que le gusta y está dispuesto a ayudar. Me he dado cuenta que pidiendo, la gente siempre ayuda. Sé que no hay que limitarse y me dan ganas de seguir apoyando a los demás”, comentó Ernesto muy emocionado.
VALORAS A TUS MAESTROS a tus maestros
Oscar Meléndez, del quinto año del Instituto Loyola, además de enseñar sus conocimientos a los estudiantes del Centro Escolar Solidaridad ubicado en el Barrio La Tejera, ha aprendido algo mucho más valioso.
“He aprendido bastante de los niños que les doy clases. Cuando pensás, vivís y te relacionás con los pobres, te das cuenta de lo que realmente necesitan. Además, he aprendido lo que sienten los profesores cuando hablan frente a sus alumnos”.
Cada sábado Oscar dedica dos horas de su tiempo para compartir con los niños de La Tejera. En algunas ocasiones, sus alumnos son de la misma edad que él y le incomoda que le llamen profesor.
HORAS OBLIGATORIAS
Desde hace ocho años, el MECD estableció un convenio en el que los bachilleres, deben cumplir un total de 60 horas ecológicas para graduarse.
Algunos colegios, además de las horas ecológicas, realizan horas sociales que también les sirven para culminar sus estudios.
“Estas actividades aportan al desarrollo de los estudiantes y salen como beneficiados la comunidad en que las realizan”, aseguró la licenciada Silvia Elena Macías, Supervisora Nacional del MECD.
OTROS BUENOS EJEMPLOS
Los alumnos del Colegio
Centroamérica tienen proyectos con el hogar de protección Pajarito Azul, los niños del Hospital La Mascota y el refuerzo pedagógico en el barrio Los Martínez, Escuela Juan XXIII, San Isidro, Cuatro Esquinas, Aldeas S.O.S. y Casa Alianza.
Las alumnas del Colegio
Teresiano participan en el Movimiento Teresiano de Apostolado, recaudando fondos para construir una escuelita en el Barrio Hugo Chávez y realizan labores ecológicas en el Hospital Roberto Calderón.
En el Instituto Pedagógico
La Salle, los estudiantes promueven labores de alfabetización en el Barrio Quinta Nina, San Isidro de la Cruz Verde y Sol de Libertad. Además, ayudan a los niños con Sida y apoyan la construcción de escuelas en comunidades de Bluefields.
En el Instituto Doris María
Morales, los estudiantes hacen actividades para recaudar fondos con la finalidad de construir una biblioteca para los niños de Somoto y también realizan reforzamiento pedagógico con los niños de las escuelitas aledañas a su centro de estudios.
La Pastoral Social del Instituto Loyola atiende y apoya a los niños de Pajarito Azul, Remar en Veracruz y Piedra Quemada, Hogar de Protección Divino Niño, Hogar de Ancianos San Pedro Claver y Casa Bernabé de Veracruz. 
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