La importancia de la salud, educación y libertad
Migdonio Blandón
El desarrollo de la personalidad humana normalmente se da en ambientes distintos. Si se tiene salud y buena educación llegan a formarse auténticos valores que, de manera personal o integrados a núcleos, a veces desarrollan proyectos importantes si también tienen libertad para realizarlos; pero cuando falta este elemento, es casi imposible. Ejemplo, el caso de Cuba, que con óptima preparación no se libera del régimen oprobioso que le oprime.
Un amigo que recientemente estuvo en La Habana me habló de los grandes adelantos: medicina especializada y buena atención para todos; no hay analfabetismo y a los doce años en lo general van a secundaria. Pero el racionamiento de lo indispensable es estricto y se consigue lo justo sólo con “fe” ( tener familia fuera que envía remesas), falta absoluta de libertad, y fanatismo idólatra al más viejo dictador del mundo.
En nuestro planeta los seres vivientes, e incluso los elementos naturales que facilitan la subsistencia, por sucesivas generaciones en gran parte siguen igual. Aunque la población humana, a través de los siglos, por la ciencia y la tecnología, un alto porcentaje de la misma ha logrado cambios superlativos, hasta el ineludible término de la vida, la que nunca se podrá crear ni alargar, ya que es derecho divino exclusivo, y sólo Dios la da.
El aprovechamiento de tales cambios, dentro de la normalidad está al alcance de todos los seres racionales, que utilizando raciocinio y libertad, por el esforzado estudio logran obtener medios con los cuales venciendo obstáculos y capacitándose, dentro del límite de su existencia y mediante la ayuda de Dios, logran integrarse a los que han logrado superarse, que a veces aprovechándolos eficientemente, incluso llegan a mejorarlos.
El tiempo es igual para todos, aunque no siempre se sabe darle su debida importancia. También muy poco apreciamos en lo que se debe el preciado don de la vida que recibimos del Ser Supremo, como único e irrepetible regalo del que un día determinado debemos rendir cuentas de lo que en ella hicimos y cómo la utilizamos, siendo que para Él, tienen el mismo valor vida y actitudes sin diferencia ninguna de quién sea.
Es cierto que los cuidados difieren en uno u otro al tiempo de nacer y crecer, sobre todo a quienes les faltaron sus padres; pero cuando se tiene uso de razón hay libertad de pensar; y en una u otra posición el infante comienza a utilizarla, aprovechándola o malgastándola; y según criterio propio le va dando forma a su personalidad, que a la vez es elemento básico en la formación de su destino, del que cada uno es responsable.
En el mundo entero los ejemplos cunden. En los prominentes personajes de la historia se destacan dichos ejemplos. Aunque si miramos a nuestro entorno no precisamos buscar mucho para detectarlos, viéndose en ambientes distintos personas que de ignorado origen, con esfuerzo propio han sabido superarse llegando a ser de mucha valía; y otros que, descendiendo de potentados, en todo concepto se perdieron en dañinos vericuetos.
Salud, educación y libertad (ésta sin caer en libertinaje) e integrándose en la vivencia de la fe cristiana, posibilita vivir a plenitud y al final cada quién rinde su cuenta cabal.
El autor es miembro de Eduquemos.

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