LUNES 10 DE MAYO DEL 2004 / EDICION No. 23445 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE





Reportaje especial
Managua, la ciudad del caos

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Jorge Loáisiga Mayorga

En Managua sus habitantes hacen lo que quieren. No respetan las normas urbanísticas. Los conductores de buses y taxis irrespetan las leyes de tránsito, los particulares se aparcan en cualquier lugar. La ciudad crece atropelladamente, la gente bota la basura en los cauces, las calles o en cualquier lugar, y aunque la Alcaldía dice recoger 1,600 toneladas diarias de desechos, la ciudad sigue siendo la capital más sucia del Continente Americano. Todo es un caos.

Las memorias de quienes hoy tienen menos de 32 años sólo guardan recuerdos de una Managua caótica. Una Managua sin rostro. Heredada del devastador terremoto de 1972, que no sólo dejó 10 mil muertos sepultados en los escombros, sino que además acabó con la ciudad, su arquitectura y su identidad.

Los más viejos, durante tres décadas, han “heredado” a los más jóvenes la Managua “de donde fue”, en referencia a la otra Managua, la que un día fue una ciudad y que nadie ha podido reconstruir, pese a las promesas de los gobernantes.

Al final de aquel 1972 nació la Managua del caos. La de los asentamientos sin servicio de agua, ni energía, sin aguas negras, sin calles asfaltadas o adoquinadas, sin estructura arquitectónica, sin planificación urbana, sin diseños, ni planes. La Managua a la brava, sucia y caótica, que hoy todos conocemos.

Sobre esa Managua caótica y la “Managua soñada”, la del 2015, estuvieron conversando y exponiendo un grupo de docentes de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), funcionarios de la Alcaldía, precandidatos a alcaldes de la capital, funcionarios del Gobierno, diputados y expertos extranjeros y nacionales.

Pero Managua necesita el 40 por ciento de la cuenta del milenio —400 millones de dólares— , sólo para echar a andar el Plan Integral de Transporte y Vialidad del Municipio, un estudio que elaboraron los japoneses en 1999. Este plan indica el rediseño de las calles de Managua, la organización del transporte, la configuración de la red vial y las regulaciones sobre transporte público, entre otras cosas, según explicó Francisco Alvarado, funcionario del Instituto Regulador del Transporte del Municipio de Managua (Irtramma). “Allí está el clavo. Se hace lo que se puede”, dijo.

Según Alvarado, el problema del transporte en Managua es tan grave que en el 2010 la velocidad a la que podrán circular los vehículos será de entre 10 y 15 kilómetros por hora, debido al enorme congestionamiento que se producirá si la flota vehicular de la ciudad continúa creciendo y las calles siguen siendo las mismas. “Ese caos en las calles es el que hay que buscar cómo evitar con otros sistemas de transporte”, expresó.

“LA GENTE HACE LO QUE QUIERE”

“Esta Managua hay que ordenarla, si no vamos a lamentarnos más de lo que ya lo hemos hecho”, dijo el alcalde capitalino Herty Lewites, al participar en el evento denominado Primera Cátedra Desarrollo de Ciudades, Managua 2015.

El cónclave organizado por la UNI pretendía formular una estrategia para resolver el problema del desarrollo desorganizado en la ciudad

Lewites fue más allá de pedir el orden en una ciudad que reconoció como “descalabrada”. “En Managua la gente hace lo que quiere”, expresó en referencia al incumplimiento de las normas mínimas de construcción y urbanismo.

“Necesitamos humanizar esta ciudad. Humanizar Managua es necesario para hacerla habitable. Tenemos la oportunidad de hacer de Managua una ciudad más humana. En Managua circulan 240,000 vehículos. Los vehículos son los dueños de los andenes”, agregó Lewites, dirigiéndose a los candidatos a alcaldes del Frente Sandinista y el Partido Conservador, únicos partidos que llegaron a la inauguración del evento que se realizó en el Hotel Crowne Plaza.

En otra parte de su razonamiento, Lewites dijo que en Managua hay más de 350 asentamientos ilegales y no ha habido ni un centavo para la instalación de agua potable, aguas pluviales y negras. “Ése es el desastre de Managua”, afirmó.

BOLSONES DE POBREZA DENTRO DE LA CIUDAD

“En Managua no hay cinturones de miseria como en el resto de países de América Latina, que tienen las barriadas marginales en las afueras de la ciudad, hay grandes bolsones de pobreza en el interior de lo que es la ciudad. Son 357 asentamientos que representan el 40 por ciento de la población de Managua”, resumió por su parte Guillermo Leclair Guevara, especialista en abastecimiento de agua potable que trabaja para la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal)

Según Leclair, Enacal bombea diariamente 134 millones de galones de agua para abastecer del vital líquido a millón y medio de habitantes que residen en la capital. Esa cantidad de agua sale de 123 pozos de agua, incluidos los de Ticuantepe, más el abastecimiento que produce la laguna a Asososca, lo que significa un gasto per cápita de 90 galones, contra 40 que gasta cada costarricense.

El especialista dijo que de esos 134 millones de galones de agua, el 51 por ciento (más de 68 millones) representan pérdidas en la red de distribución por las conexiones ilegales en los asentamientos o por el cobro de una tarifa mínima en esos mismos asentamientos.

“Si no acabamos con la cultura del derroche ésta nos va a llevar a lamentaciones más altas que las que tenemos ahora”, expresó Leclair quien pronosticó que al 2010 los managuas tendrán que buscar agua en la zona de Tisma y en las cercanías del Lago de Nicaragua. “Se puede atender la demanda hasta el 2010”, señaló.

DOS MANAGUA

El arquitecto Nelson Brown, catedrático de la Universidad Nacional de Ingeniería, describe de manera satírica las dos Managua que se erigen de manera simultánea, una en el Norte y otra en el Sur.

Managua, señala Brown, tiene dos partes: “Un centro abandonado a la suerte de los toma tierras o de pandillas compuestas de jóvenes sin esperanzas, acceso limitado a la educación formal, escaparates y TV anunciando objetos codiciados para esa edad y sin acceso real a ellos; industrias informales de refrigeración expulsando gases que afectan la capa de ozono, o con una excelente capacidad de provocar incendios y otras distribuyendo el cáncer en los pulmones de sus vecinos por el trasiego de plomo en las viejas baterías de carro, éstas industrias caseras”.

Y añade: “Hay que reconocer que son los paliativos a una economía urbana formal en crisis. Un centro viejo de edificios públicos nuevos queriendo hacer centro junto a edificios colapsados, que perdieron su papel seguro de casa y son la casa insegura para los cuida-carros, bazuqueros, putas y proxenetas acomodados en el inframundo de las tratas de blanca y drogas en ese rincón urbano de altos costos de la tierra y bajas calidades de vida. Son vecinos del Poder Ejecutivo que con buena intención de Gobierno Central quiere conformar un centro cívico, pero sin clientela cerca, pero eso sí con planes urbanos idealizados con fachadas anacrónicas arquitectónicas de revival de edificios ya revival en otras épocas, convirtiéndolos en escenarios melancólicos de llorosos conservacionistas institucionalizados de una Managua idealizada en maquetas envueltas en celofán como canasta navideña que se repite todos los años en escaparate de pulpería fina”.

“Y la otra Managua, con cara limpia, dinámica y dizque ‘moderna’, un centro de comercio alargado, como al principio de los tiempos, gastado, alborotado, joven, nervioso, inconstante y de piel suave y lustrosa en la venida e ida de coches que cuestan más que la última colecta del hablatón para niños quemados, es la Carretera a Masaya, hermosa y sonora, contradictoria y colorida, que envuelve sus alrededores en esta vorágine del canturreo de las fast food (comidas rápidas), gasolineras chisporroteando luces e inauguradas como símbolos del desarrollo con hot run y pipi room para los toma cervezas, Tutankamonn y Julio César jugando póquer en los casinos, un almirante inglés comiendo tacos mejicanos, rascacielos de segunda mano junto a un caramanchel de llantas ponchadas, las radiaciones de antenas de comunicaciones incompletas, la cava y la cantina, los anuncios enormes imponiéndose en el perfil de la ciudad, la pizza y el correr en rugientes coches de carrera desde el friday hasta el monday, creando todo un escenario infrarreal de ‘desarrollo’ de cine holywoodesco, flanqueada con hoteles de remedos de castillos medievales, cataplasmas victorianos con balcones falsos para noches de luna de miel a princesas que ya en el poder se vuelven gordas”, describe el catedrático.

LA CAPITAL POST TERREMOTOS

La ciudad de Managua, cuyo nombre en náhuatl es Managuac, fue en sus orígenes una pequeña ciudad indígena. En 1819 surgió con el nombre de Real Villa de Santiago de Managua; en 1821 se independizó de la Corona Española, siendo elevada a ciudad en 1846 y en el año 1892 es constituida capital de la República de Nicaragua.

Existen antecedentes de dos terremotos ocurridos en los años 1844 y 1855. En el período comprendido entre 1852 y 1930, se presentó un acelerado crecimiento urbano y un incremento de las migraciones hacia la capital, provocando la centralización del aparato estatal, la concentración del equipamiento e infraestructura y de los principales servicios.

En marzo de 1931, gran parte de la ciudad fue destruida por un terremoto. En diciembre de 1972, la ciudad que se modernizaba nuevamente fue destruida por otro terremoto, ocasionando miles de muertos y provocando la desarticulación de sus actividades, así como la dispersión de la población hacia la periferia y otras ciudades del país.

El municipio de Managua tiene una extensión de 540 kilómetros cuadrados, con un área urbana de 250 kilómetros cuadrados, con una población de 1.2 millones que representa el 24.2 por ciento del total nacional.

El número de viviendas es de 192,000 y el promedio de personas por vivienda es de 5.03, su fuerza laboral es de 454 mil, de los cuales el 40 por ciento de la masa laboral formal se encuentra desempleada.

El acelerado crecimiento de la ciudad de Managua, con la expansión hacia la periferia y el incremento poblacional ocasionado por diversos factores ligados al proceso de urbanización y a otros elementos que la hacen más atractiva para la población inmigrante, ha originado déficit en los servicios de equipamiento y servicios básicos.
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