Los buscones abusan en Dominicana
Historia de un “asalto”
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Albert Pujols, un talento como lo sueñan los “buscones”.
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Tom Farrey Tomado de ESPN.com
II DE III PARTES
SANTO DOMINGO.- Su nombre era Hanlet Melo.
Excepto que no lo era.
Andrés Soto, un primo mayor de Luis Jr., había utilizado ese nombre para convencer a los buscadores de talento que tenía 17 años en lugar de 18. Acortar su edad ayudó al jardinero a conseguir una prima de 50,000 dólares con Atlanta en 1999.
Soto pasó un año en una academia de beisbol local manejada por los Bravos —27 equipos del MLB tienen instalaciones de entrenamiento a la isla—, antes de que lo embarcaran a la liga de novatos.
Cuando llegó allí, a los seguidores de los Bravos de Danville (en el Estado de Virginia, EE.UU.) les extrañó su curioso nombre. “Hanlet, como Shakespeare”, explicó él.
¿Quién es el verdadero Hanlet Melo? Andrés, de pie en la entrada de la casa de sus padres en Bani, arroja las llaves de un ciclomotor a un amigo y le da instrucciones en español. Minutos más tarde, un hombre delgado se acerca por la calle y se detiene en el umbral de los Soto. Dentro de la casa, un pato de la vecindad vaga por el pasillo como si fuera el dueño del lugar. Andrés saluda al visitante, cuya piel es tres grados más clara que la suya, y coloca una mano sobre el hombro del muchacho. “Éste”, anuncia en un inglés entrecortado, “es mi amigo Hanlet Melo”. El verdadero Melo esgrime una sonrisa avergonzada. Él no es jugador de beisbol.
Andrés dice que fue Enrique Soto quien sugirió el engaño de su partida de nacimiento. Enrique, sin embargo, alega que nunca alteró la identidad o la edad de nadie. De todos modos, según Andrés, la incitación a la falsificación no fue la peor de las transgresiones de Enrique.
El día en que llegó el cheque con su bonificación fue cuando Andrés se enteró de los honorarios del buscón.
Cuando Enrique recibió la llamada de un funcionario de los Bravos para ir a buscar el dinero de Andrés, el jugador y el buscón hicieron el viaje de una hora a través de los campos de caña de azúcar. En Santo Domingo, Andrés recibió un cheque por 35,000 dólares, después de impuestos estadounidenses. Inmediatamente fue a un banco a cobrarlo.
De regreso al auto, le dio el grueso pilón de pesos a Enrique, quien lo metió entre los dos asientos delanteros. Cuando se detuvieron delante de la casa de Andrés, el jugador dice que Enrique tomó 20,000 dólares: más de la mitad del monto.
“No tuve coraje para hacer nada”, dice Andrés, frente a la pregunta de por qué dejó que sucediera semejante cosa. En su defensa, Enrique afirma que sólo tomó 15,000 dólares. “Siempre me quedo con la cantidad que me pertenece”, dice.
Pero su aventura sirvió de algo. Cuando Luis Soto, su primo, tenía 13 años de edad, le comentó a Andrés que pensaba unirse al programa de Enrique Soto. “Vamos a hablar”, le dijo Andrés. Y Luis escuchó.
AL DESCUBIERTO
Tres años más tarde, en invierno de 2002, Andrés estaba en camino hacia el campo de entrenamiento de primavera de ligas menores de los Bravos, cuando alguien en el consulado de Estados Unidos notó que había dos tarjetas de identidad nacional para Hanlet Melo.
“Usted parece mucho más oscuro en esta otra foto”, dijo a Andrés un funcionario de inmigración. “Estuve mucho tiempo al sol”, contestó Andrés. Fue el final de la carrera de Hanlet Melo con los Bravos, que tenían otros jugadores para desarrollar con talento similar y nombres verdaderos.

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