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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 8 DE MAYO DE 2004
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Creatividad esquizofrénica: Antonin Artaud

Foto  
.El escritor francés ejemplo de ingenio

 

Raoul Shade*

Escogí a Artaud entre tantos ejemplos en la historia de las artes porque es el menos leído y el menos popular de los escritores franceses. Los viajes tumultuosos de Artaud acabaron en varios asilos entre 1937 y 1945. Artaud admiraba a Baudelaire y Rimbaud, entre otros, quienes también vivieron muy intensamente y sufrieron las fulguraciones de sus pasiones. Artaud siempre estaba en la búsqueda de un idioma nuevo. Experimentaba a través del espejo, la reevaluación de sus sentidos en las más incómodas posturas, hechas de desnudeces que lo consumían. También incursionó en el teatro: “No podemos seguir prostituyendo la idea del teatro, que tiene un único valor: su relación atroz y mágica con la realidad y el peligro”. Artaud deviene con su obra una conjura de sombras. La historia del arte abunda de mentes creativas y esquizofrénicas.

Entre los casos más conocidos de mentes creativas maníaco-depresivas o afectadas por esquizofrenia están: Nietzsche, Virginia Woolf, Nijinski, Hölderlin, Hemingway, Jackson Pollock, Sylvia Plath, Robert Schumann, Van Gogh, Eduardo Munch, Georgia O’Keeffe, Yukio Mishima y en el mundo del jazz: Charles Parker, Miles Davis y Thelonious Monk, el más grande novelista en lengua inglesa, James Joyce, sufría de depresiones squizoides, y Ezra Pound, el gigante de la poesía inglesa moderna, estuvo internado 12 años en un manicomio. Encerrado ganó el premio Bollinger por su Cantos de Pisa. Nietzsche, el esquizofrénico, es otro caso especial, puesto que cambió el rumbo de la filosofía moderna. Estamos hablando de grandes genios, no simplemente de mentes creadoras. Las obras de estos artistas esquizofrénicos son a menudo complicados alfabetos de símbolos como el Finnegan Wakes de Joyce.

De lo dicho se pueden extraer algunas conclusiones. Que la esquizofrenia y los trastornos depresivos no interfieren con la creatividad artística. Alfonso Cortés, para muchos expertos el mejor poeta de Centroamérica después de Darío, y probablemente el más profundo y más metafísico, terminó sus días en el manicomio. La esquizofrenia no es un obstáculo a la espiritualidad del artista.

Los médicos decían que las pinturas de Paul Klee eran obra de un enfermo, como quien dice Klee no tenía sentimientos profundos ni era capaz de expresarlos artísticamente. La creatividad y la inestabilidad psíquica vienen a ser inseparables y William James sabía eso. Baste transcribir aquí el emocionante testimonio del pintor alemán Eduardo Munch, quien llegó a decir que: “Déjenme con mis sufrimientos, pues ellos son parte de mí y de mi arte. Son indistinguibles de mí y destruiría mi arte” (citado por Laura Gosselink)

Resulta verosímil que al entrar al infierno de Artaud, es decir a su cuerpo, habiendo cumplido con su obligación artística, el escritor no se viese cómodo frente a tanta “locura” y que por ende su patología se correspondiera con la intensidad creativa y con las dificultades económicas que implican ese estilo de vida de un autor que profesa el culto de la carne y del alma simultáneamente. Un cuerpo digno de acoger el sufrimiento de toda la humanidad en la médula “enferma”. Como dijo Rimbaud: “La Verdadera vida está ausente; no estamos en el mundo”, (citado por Borges)

Y es que, como se ha señalado anteriormente, en realidad, el denominado artista “loco” pone en tela de juicio el lugar de privilegio alcanzado por el artista “normal” en la sociedad formal; en primer lugar, desconceptualizándolo al situarse más allá de los mecanismos de normalización. A continuación, desmitificándolo. Por último, no hay nadie más alejado del estereotipo espectacular de “estrella”, que un artista con desórdenes neurobiológicos. Los falsos surrealistas como Salvador Dalí, quien fuera expulsado del grupo, proyectaron una excesiva excentricidad por razones puramente comerciales que exigen esa mística demencial.

Durante un viaje de regreso de Dublín, Artaud sufrió otro trastorno mental en el barco, por lo que al desembarcar fue internado en distintos asilos hasta 1946. El 13 de enero de 1947 los surrealistas organizaron un memorable homenaje, al que concurrió Bretón:

“El grito de Artaud parte de las ‘cavernas del ser’. La juventud reconocerá como suyo para siempre este estandarte calcinado”.

*Fotógrafo  
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Creatividad esquizofrénica: Antonin Artaud


El árbol


El chateo