¿Quién manda en Bluefields?
Fernando Caldera Azmitia
No se ha disipado el humo de la tragedia. Pisos ensangrentados, lágrimas y dolor es el vestigio de la cobarde agresión de un grupo de sicarios contra el equipo de turno de la Policía de Bluefields, durante la madrugada del 4 de mayo. Este terrible crimen enluta a la Policía Nacional, a los familiares, a los oficiales en retiro y a la sociedad nicaragüense.
El dolor y la tristeza de la esposa viuda, de la madre sin el hijo, del niño huérfano, de la pérdida del hermano, del vecino, es una tristeza con crecimiento geométrico, y la Policía aún más triste porque no sólo tiene que llorar al compañero caído, sino consolar a la compañera que además es la viuda y al oficial que también es el primo.
Pero, en esta historia, éste no es el resultado final. También está la ciudad acongojada y aterrada, el barrio triste y atemorizado, pareciera que la ley de silencio se está imponiendo, pareciera que en Bluefields hay que llorar a los muertos a escondidas, pareciera que en Bluefields no hay que hablar de los delincuentes y sus crímenes, no hay que hablar de los que envenenan a los jóvenes y asesinan policías.
Pareciera que en Bluefields hay otro gobierno, distinto al que creemos que gobierna en Nicaragua. Los vecinos de la 14 de Septiembre, de La Primavera, de Las Américas en Managua, tendrán que irse acostumbrando a que en Old Bank, en Beholden y en Monkey Point, las autoridades reales son diferente a las que ellos creen. Pareciera que lo mismo deben pensar los vecinos del Laborío en León, del barrio San Antonio en Jinotepe, de Tamanes en Juigalpa y asimismo en el resto del país. Porque gobierna quien logra imponer sus leyes y decretos.
Si el Presidente reitera que se gobierna en el Caribe nicaragüense, ésta es la oportunidad para demostrarlo, porque éste es el reto que estos criminales les han lanzado a la cara, es el guante que abofetea la cara del desafiado, es el guante lanzado al piso manchado de sangre inocente.
Ése es el reto, el desafío y la triste realidad que un grupo de forajidos nos ha revelado a los nicaragüenses y que hasta ahora no sabemos cómo va a responder nuestro Gobierno, ésta es una de aquellas oportunidades históricas que le pueden dar un valor agregado a una administración. Ésta es la oportunidad que no sabemos desde cuándo, con un grito en el silencio, piden los habitantes de Bluefields y los pobladores del Caribe.
No dudo que nuestros hermanos de la Policía Nacional y el Ejército comprenden su compromiso en esta coyuntura trágica y asumirán su deber con el Caribe nicaragüense, con la firmeza y la dignidad que el caso demanda, pero se requiere de una respuesta acompañada del empeño del Gobierno y el Estado nicaragüense.
¿Hasta dónde estarán los oídos atentos para escuchar el grito de los muertos, el grito de las víctimas de la droga? ¿Hasta dónde estarán las manos solidarias dispuestas a empuñar la bandera de la Patria ensangrentada que dejaron los policías asesinados? ¿Hasta dónde llega el compromiso de nuestro Presidente con la Patria y el Atlántico nicaragüense? Solamente él y su Gobierno tienen la respuesta certera.
El autor es Primer Comisionado de la Policía Nacional, en retiro

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