Poesía nicaragüense
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Escultura de Miguel Ángel Abarca |
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Raúl Orozco
BECQUERIANA
Y esto sucedió en el rarísimo día
en que te poseí plenamente y conocí
el Secreto del Centro del Universo.
Después, todo ha sido después: esperar
el regreso de las golondrinas.
2004
DEMONIOS EN EVANGELIO LEPROSO
Empezar a verse no es chiche: pústulas,
verrugas varias, olvidos programados,
dolores en falso, adioses verdaderos
y crímenes del corazón encabezan
el desfile. Luego, en trinchera
socavón o zanja
pecho a tierra esperamos
sombríos soldados de venganza.
En membranosa atmósfera señalamos,
acusamos, pedimos cacao, alegamos
inocencia y por fin, exigimos
las pruebas de rigor.
Y cuesta admitir que tenemos no
uno o dos dentro del pecho sino
cientos
Un leviatán personal. Demonios
en evangelio leproso.
Porque no es para humanos
la inocencia. La mirada atroz,
el desapego de lo amado, el horror
del conocimiento o el afán del olvido
no son humanos. Son antes del hombre,
zumo de la charca hirviente que forjó
el bongó impecable del pecho.
No obstante avanzamos aún más allá
del destino y robamos tiempo al tiempo,
hermanados en la desventura, agobiados
por la similitud que es la grandeza.
Empezar a verse. Empezar a empezar.
Septiembre 2003
FUEGO II (AL ROJO BLANCO)
El poeta vive en las cabriolas
de los niños.
O vive en la danza que danzan
los pájaros, cuando los árboles
cantan.
O vive en la luz de las estrellas
perdidas
o en una mujer, para él, estrella.
Y perdida
El poeta. Fuego en los ojos.
Al rojo blanco.
Octubre 2003 
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