Mano dura al tráfico de personas
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La trata de blanca en Centroamerica fue el centro de discusión en el encuentro de jefes policiales del área |
Carlos Martínez Morán
El tráfico de personas, incluyendo los que se realizan con menores de edad, fue uno de los principales puntos que se analizaron en el encuentro que sostuvieron en Managua los jefes policiales de América Central, los días 26 y 27 de marzo.
El director general de la Policía Nacional, primer comisionado Edwin Cordero Ardila, informó que durante esta reunión se acordó que para contrarrestar éste y otros problemas, como el terrorismo y el narcotráfico, tratarán de mejorar los métodos de controles migratorios en toda el área.
En el caso de trata de blanca y tráfico de menores, Cordero Ardila consideró que el problema principal es que en los países del área las leyes todavía son muy débiles y los traficantes de menores de edad o trata de blanca pueden fácilmente evadir la justicia.
Por esa razón los jefes policiales acordaron en este encuentro plantear de manera conjunta importantes reformas a las leyes, a fin de que estos delitos no queden impunes.
Según investigaciones de la INTERPOL, el tráfico de menores es un problema que se agiganta cada vez más y urgen medidas para contrarrestarlo.
ARGUCIAS
Para seducir a sus víctimas los traficantes de menores generalmente se identifican como comerciantes, bailarines, meseras o amas de casa.
Ellos entran en contacto con la niña, casi siempre ayudados por alguna persona cercana a la menor. En el trabajo de convencimiento utilizan todo tipo de halagos, regalos y muchas artimañas para despertarles el deseo de abandonar su hogar e irse a trabajar al exterior.
Cuando ya han convencido a la niña o adolescente, le entregan a sus familiares cierta cantidad de dinero en calidad de depósito. Luego la reconcentran en alguna casa particular para después trasladarla a la frontera.
Ya en el exterior las reconcentran en algún lugar y las obligan a pagar por todo, como llamadas telefónicas, alimentación, hospedaje, etc.
Cuando las entregan en los centros nocturnos o prostíbulos, les cortan los permisos, les prohíben conversar con personas ajenas al centro, siempre están vigiladas y sin posibilidades de escape, según datos de la Policía.
La principal dificultad que encuentra la Policía Nacional en la investigación de este fenómeno es que debido al temor muy pocas personas se atreven a dar información.

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