El eminente filósofo de Könisberg
Juan Bosco Cuadra
El doce de febrero de 1804, a la edad de ochenta años, moría Inmanuel Kant en su querida y apreciada ciudad de Könisberg (hoy Kaliningrado, de Rusia), Alemania. Es decir, que el pasado 12 de febrero se cumplieron doscientos años de su deceso.
¿Quién era Inmanuel Kant y qué repercusiones tuvo en el mundo de la cultura para recordarlo hoy con tantos sentimientos de agradecimiento?
Los que hemos pasado por las enseñanzas de sus magistrales escritos, las tres famosas críticas: Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica y la Crítica del juicio (un ensayo estético muy interesante), nos hemos quedado prendados e influenciados de ellos, especialmente, por esa capacidad que tuvo este filósofo para hacer de su vida un pensamiento y una reflexión profunda en todo el sentido de la palabra.
Fue el fundador del llamado Criticismo trascendental en la filosofía moderna. Según Joseph Marechal, la “crítica kantiana ha modificado profundamente el terreno de la filosofía moderna”.
Kant instauró la famosa Revolución Copernicana del pensamiento haciendo girar al objeto del conocimiento en torno al sujeto cognoscente y no al revés a como sostenían los realistas. Esto significó que todo el conocimiento humano debía acomodarse a las formas “a priori” ( llamadas “categorías”) de nuestra inteligencia.
Lo extraordinario de la vida de Kant no fue el hecho de haber vivido acontecimientos de gran trascendencia, ya sea en la política, la sociedad o en el mismo mundo cultural en el que se desenvolvía, sino el vivir la vida ordinaria de una forma muy sencilla original. Se cuenta que simpatizó mucho con la guerra de independencia de Estados Unidos y con la Revolución Francesa, aunque a esta última la criticó severamente por las injusticias que en ella se cometieron.
Tuvo una fuerte formación religiosa pietista por parte de su madre Ana R. Renter, influyéndole ésta en su carácter moral. Estudió bajo la influencia del filósofo Martín Knutzen y teología con el teólogo Schulze.
Y no fue hasta 1755 que obtuvo el título de Doctor en Filosofía, en la Universidad de Könisberg.
Se dice que Kant fue el primero en hacer de la filosofía una profesión en la universidad. A él acudían muchos grandes pensadores admiradores y críticos, como lo fue el mismo Fichte.
De su vida se cuentan anécdotas muy interesantes. Por ejemplo, que era una persona muy metódica. Dice Teófilo Urdanoz en su Historia de la filosofía, tomo IV: “A fuerza de orden, metódica, sobriedad y sencillez, supo hacer larga y fructífera una vida de tan débil contextura corporal. Se levantaba en todo tiempo a las cinco, tomaba té y repasaba sus lecciones, que daba de siete a nueve; en invierno de ocho a diez. Después estudiaba hasta la una, hora de comer, en que tenía siempre invitados... Después daba un paseo invariablemente, a la misma hora. Era tan proverbial su regularidad, sujeta a un horario riguroso, casi mecánico, que su presencia servía a sus vecinos para poner en hora sus relojes”.
Y termina diciendo Urdanoz: “Amaba por encima de todo la calma y solía meditar en el crepúsculo de la tarde, descansando su mirada sobre una torre que se erguía frente a su cuarto. A las diez, tras una breve colación se acostaba”.
Un tipo de vida como ésta, aunque parezca monótona y hasta aburrida, en la vida de un filósofo es síntoma y diagnóstico de una gran producción y creación intelectual.
Era tan grande su concentración y su ensimismamiento que era capaz de describir con una exactitud matemática, lugares y regiones que jamás había visitado. Le bastaba con sólo leer los libros de geografía, historia, cartografía, etc. sobre esos lugares para saberlo todo.
Kant ha sido llamado “el filósofo mayor de Alemania y tal vez del mundo entero”, según Kuno Fisher. La Critica de la razón pura es el fundamento de la ciencia moderna, dijo en cierta ocasión Vainhinger.
A Kant se deben las siguientes frases:
“Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda siempre valer como principio de una legislación universal.
“Obra de tal modo que tales a la humanidad, tanto en tu persona como en la de los demás siempre como fin, no simplemente como un medio.
“No hay mejor bien en una persona que su buena voluntad”.
Ojalá que en este segundo centenario de la muerte de Kant las vocaciones filosóficas comiencen de nuevo a florecer, tanto en las escuelas y universidades como en el mundo político y cultural de nuestro país.
Necesitamos más racionalidad crítica y menos emotividades pasionales en nuestra sociedad, especialmente en la política.
Si muchas personas alrededor del mundo recuerdan con aprecio al filósofo de Könisberg, es porque éste les ha ofrecido un pensamiento rico en especulación, profundidad, moralidad y de experiencia estética.
Recordar a un pensador de esta categoría en su segundo centenario es como volver a revivir sus enseñanzas en nuevo contexto cultural carente de la más mínima apreciación hacia las realidades y las riquezas de la vida del intelecto y del espíritu humano.
Ojalá que algún día en Nicaragua encontremos los tiempos y los espacios suficientes para dedicarnos al estudio de los pensamientos de estos hombres tan poco recordados y apreciados por la gran mayoría de las gentes.
El autor es filósofo nicaragűense.

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