El año de los esteroides
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Barry Bonds, quien ha sido señalado de consumir esteroides, busca el récord de jonrones de todos los tiempos.
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Ben Walker AP
¿Cuál es el tema candente de cara a la nueva temporada de las grandes ligas?
No es la intensa rivalidad entre Yanquis y Medias Rojas.
Tampoco lo es el asalto de Barry Bonds al récord de jonrones de todos los tiempos.
Mucho menos los nuevos equipos de Alex Rodríguez, Vladimir Guerrero e Iván Rodríguez.
Desde el primer día en Tokio hasta el último lanzamiento de la Serie Mundial, todas las miradas se fijarán en otro asunto ajeno a los cambios de jugadores, récords y nuevos estadios.
La temporada del 2004 de las Grandes Ligas abre su telón con muchos nubarrones debido al tema de los esteroides.
Algunas voces, como la de John Smoltz, el relevista estrella de los Bravos, se ha pronunciado a favor de hacer más severos los controles antidopaje que se empezarán a realizar esta temporada.
En vez de analizar el swing de Jason Giambi, Gary Sheffield y Bonds, la gente estará más atenta al físico de éstos. Justo o injusto, eso es de lo que se habla estos días.
“No creo que lo de los esteroides en el beisbol sea uno de los temas más apremiantes en el mundo como dice el presidente Bush”, declaró el lanzador de los Filis, Randy Wolf. “Vivimos bajo la amenaza del terrorismo”.
Claro está, todo esto puede cambiar una vez que Randy Johnson exhiba su recta, Carlos Delgado dispare un jonrón y los Marlins de la Florida salgan a defender su título de campeones.
El comisionado Bud Selig cruza los dedos para que eso sea así. El deporte ha sido sacudido por muchos problemas en los últimos años, y la mancha dejada por el escándalo de Pete Rose difícilmente se borrará pronto.
Además, hay mucho que admirar en el diamante, comenzando con el partido inaugural de la temporada el martes, cuando los Yanquis se midan con los Devil Rays en Japón. La serie de dos partidos promete ser un éxito total.
Los fanáticos en este hemisferio deberán madrugar para ver el debut oficial de Alex Rodríguez, con el uniforme de los Yanquis. El antesalista se llevó un susto esta semana cuando recibió un pelotazo en la mejilla en un partido de pretemporada.
“Me llevé un susto tremendo. Quedé viendo estrellitas. Tuve mucha suerte”, señaló.
Suerte es la que tuvo “A-Rod” al haberle dicho adiós a los colistas Rangers, sin importar que su destino habría sido Nueva York o Boston.
Tras librar una electrizante serie final por el banderín de la Liga Americana en octubre pasado, ambos equipos reforzaron sus respectivos arsenales.
EQUIPOS BIEN ARMADOS
Boston añadió a Curt Schilling, Keith Foulke y al nuevo manager Terry Francona, mientras que Nueva York adquirió a Kevin Brown, Javier Vásquez y Sheffield.
Pero los Yanquis obtuvieron el premio mayor con Rodríguez, a quien obtuvieron en un cambio por Alfonso Soriano con Texas. La ironía estuvo en que Boston había inicialmente buscado el cambio, pero se quedó corto en dinero.
Varios equipos abrieron la chequera durante el receso en busca de mejor suerte.
Los Orioles de Baltimore soltaron varios millones por Miguel Tejada, Javier López y Rafael Palmeiro. Los Serafines de Anaheim hicieron lo propio al quedarse con Guerrero, Bartolo Colón, Kelvim Escobar y José Guillén.
Iván Rodríguez protagonizó el cambio más llamativo. El receptor puertorriqueño dejó a los campeones Marlins y firmó con los devaluados Tigres de Detroit, que vienen de una campaña en la que sus 119 derrotas constituyeron un récord en la Liga Americana.
“El tenerlo, a Iván a bordo, nos da credibilidad al instante”, dijo el piloto de los Tigres Alan Trammell. “Es una luminaria, y cuando la gente diga ‘Tigres’, identificará a Iván”.
Los Astros de Houston, que nunca han ido a una Serie Mundial, se están cotizando bien tras haber fichado a Roger Clemens y Andy Pettitte para que jueguen en su ciudad natal, que será la sede del juego de estrellas en julio.
El retiro del “Rocket” sólo duró 78 días, al decidir que lo mejor era acompañar a su amigo tras su ciclo con los Yanquis.
Los dos nuevos ases de los Astros se verán exigidos de inmediato en la Liga Nacional: sus primeras aperturas serán contra Bonds y los Gigantes.
LA CACERÍA DE BONDS
Bonds comienza la temporada con 658 jonrones, dos menos que su padrino Willie Mays por el tercer lugar en la lista de todos los tiempos.
Con el ritmo que lleva Bonds bateando jonrones, los 714 de Babe Ruth estarían a su alcance este año. Si eso pasa, entonces vendrá la carrera por el récord de 755 de Hank Aaron.
“Creo que puedo hacerlo todo ... Ese es mi objetivo”, afirmó Bonds, quien va a cumplir los 40 años.
Greg Maddux, de vuelta con los Cachorros tras haber ayudado a Atlanta a ganar su duodécimo título de división consecutivo, también está cerca de una marca importante. Le faltan 11 victorias para llegar a las 300. Su ex compañero con los Bravos, Tom Glavine, cuenta con 251 tras un decepcionante primer año con los Mets.
LAS NUEVAS FIGURAS
En el Shea Stadium de Nueva York hay entusiasmo por el debut del torpedero Kaz Matsui. El japonés sobresale dentro de un grupo prometedor de novatos que incluye al receptor de Minnesota Joe Mauer, al torpedero de Oakland Bobby Crosby y al campacorto de San Diego Khalil Greene.
Greene exhibirá sus cualidades en el nuevo estadio de los Padres, el Petco Park. Billy Wagner, canjeado por Houston a los Filis, será el cerrador en el nuevo estadio de Filadelfia, el Citizens Bank Park.
En el Fenway Park, ahora con butacas en el techo del jardín derecho, y el Wrigley Field, es borrón y cuenta nueva en otro intento por ir a la Serie Mundial.
LO QUE VEREMOS
Lee Marzzilli (Baltimore) y Ozzie Guillén (Medias Blancas) debutarán como managers. Dave Miley se quedó con el puesto en Cincinnati tras hacerlo en forma interina durante la segunda mitad el año pasado.
A Fred McGriff, enviado a la Triple A esta semana por Tampa Bay, le faltan nueve jonrones para los 500. A Ken Griffey hijo, agobiado por lesiones tras incorporarse con los Rojos, le faltan 19 para alcanzar ese hito.
Paul Molitor, el nuevo coach de bateo de Seattle, y Dennis Eckersley serán exaltados al Salón de la Fama. Rickey Henderson, futuro miembro del templo de Cooperstown, se siente con ánimos para seguir jugando a los 45 años y está buscando equipo.

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