SáBADO 27 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23404 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




La Cuaresma es un tiempo de cambio y reflexión

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Ana María Ch. de Holmann

Desde comienzo del siglo pasado —más o menos— se ha venido perdiendo el verdadero sentido de la Cuaresma y en estos días sólo quedan algunas de las tradiciones de antaño,de los huertos, las procesiones, del ayuno, de la abstinencia, ya el carnaval no es una fiesta para despedirse del mundanal ruido para entrar en el período de los 40 días de reflexión y de cambio por medio de la oración, el sacrificio y limosna que son los tres pilares del período que prepara el sacrificio más grande de toda la historia: la muerte y resurrección de Cristo.

Ahora estos días de meditación más bien son un carnaval continuo inclusive en la Semana Mayor. Ahora sólo pensamos en prepararnos para ir al mar y por ayuno y abstinencia sólo pensamos en los platos que nos recuerdan de antaño esa época del año: la sopa de queso, el guiso de tortuga, la sopa de cangrejo, el pebre de iguana, la sardina Moctezuma picante, el gaspar ahumado, la sardina Portola en tomate, el arroz con pescado salado... todo el menú y los aliños para las vacaciones. En fin todo lo que nos ocupa la mente en banalidades y olvidamos lo importante, profundo y medular que es ese misterio de la entrega de Cristo para redimir a la humanidad.

La presentación de la película La pasión de Cristo en estos días nos ha ayudado mucho o quizás lo necesario para despertarnos como con un timbrazo. Nos ha ayudado por medio de nuestros sentidos a despertar nuestras mentes dormidas. Ojalá nos quedara grabado siempre en nuestras conciencias lo que Cristo sufrió por todos y tengamos presentes esas lágrimas que derramó el Padre que estamos seguros que no fueron por Su Hijo sino por todos nosotros en el transcurso de la historia del Universo.

La mente humana es muy frágil, de muy poca memoria y olvidamos con facilidad los mensajes que nos envía Yavé. En el Antiguo Testamento, 800 años antes de la venida de Cristo el profeta Isaías nos dice lo que le dicta Yavé: “No es esta clase de ayunos como los de hoy día, la que logrará que se escuchen sus voces allá arriba. No es así como debe ser el ayuno que me gusta, o el día en que el hombre se humilla. ¿Acaso se trata nada más que de doblar la cabeza como un junco o de acostarse sobre sacos y cenizas? ¿A eso llamas ayuno, y día agradable a Yavé? ¿No saben cuál es el ayuno que me agrada? Romper las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libres a los oprimidos, y romper toda clase de yugo. Compartirás tu pan con el hambriento, los pobres sin techo entrarán a tu casa, vestirás al que veas desnudo y no volverás la espalda a tu hermano”.

Éste es el verdadero ayuno que agrada al Señor: el del amor, el de la justicia; preguntando cuáles son las leyes justas, cuáles sus caminos, siguiendo las leyes de tu Dios, apartándose del maligno y del mal, buscando siempre la amistad de Dios y viendo en el prójimo Su rostro. Vemos dos ejemplos cercanos de nuestra época que practicaron este ayuno que le agrada a Dios: la Madre Teresa de Calcuta, quien nos enseña el amor y la caridad en su paso por el mundo, lo mismo que nuestra Beata Sor María Romero, de quien el Papa Juan Pablo II el día de su beatificación expresó que “sus obras benéficas son inagotables”. Tomemos esos ejemplos y ayudemos y abracemos al hermano que está en Él.

La autora es cristiana y vive su fe.
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