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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 27 DE MARZO DE 2004
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Entre Caruso y Pavarotti

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Luciano Pavarotti.

 

Joaquín Absalón Pastora*

El tiempo devora a las voces. Ni sombras quedan de los temblores líricos dejados por Enrico Caruso, la aguda voz masculina de los años veinte, etapa de culminación del predestinado de los solos y de los coros en el esplendor de la ópera italiana, napolitano él, expuesto al desnudo, indiferente a ser aupado por el pedestal electrónico del micrófono.

Antes era Caruso, ahora es Luciano Pavarotti. Son los mencionados (claro, hay otros) en el trayecto de dos épocas distintas en la concepción de los estilos y de las interpretaciones pero uniformados en cuanto al caso específico de los dos tenores en el respeto y la entronización del secreto de la escuela italiana, enseñada por Beniamino a Luciano, puesta en los timbres milagrosos de la voz desde inicios del siglo veinte a los cuales ambos se afiliaron con dulzura y dramaturgia.

Tanto Caruso como Pavarotti fueron líricos spintos en el Aída de Verdi donde el capitán erige en la interioridad su heroico himno de amor por Aída al recibir la sentencia que lo condena a muerte.

Ligeros los dos en el Ottavio de Giovanni de Mozart, ligeros en el cinismo y la fachendosidad ocasionados por el desplazamiento del vino y de las mujeres. A Pavarotti se le menciona como el mejor Rodolfo de la Bohemia de Puccini. El Rodolfo, poeta de la papalina y de la buhardilla, el blanco infeliz de la frustración y de los miserables resultados.

Eran los padres y los abuelos de la presente generación los que más lozana y fresca información daban de Caruso, biógrafos primarios desde la distancia. Mi padre, diletante de la ópera italiana sobredimensionaba a Enrico, lo veía como irrepetible en el siglo pasado. Poseedor de todas las valías requeridas por el tenor, icono en el fragmento melódico de los valores largos, rebasados de su tesitura y hasta improvisador y discursante en las estrategias del discanto.

Pavarotti tiene un año de estarse retirando. El artista (perdón excelsos del arte por compararlos con un lastre de la actualidad), es como el político: nunca se retira aunque haga el anuncio solemnemente. Caruso y Pavarotti figuran en el cuadro de honor de los grandes tenores de ayer y de hoy: Caruso, Till, Pavarotti, Bergonzi, Domingo. Luzca sus cualidades públicamente reconocidas en las páginas del arte.

*Crítico musical.  
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Entre Caruso y Pavarotti